La entidad catalana responsable del lamentable anuncio que denunciábamos ayer no tardó gaire en responder a nuestro correo con otro, que a fuer de justos transcribimos seguidamente:
«Buenas tardes,
Lamentamos la incorporación errónea del texto del que hace referencia en su correo.
Le informamos que (sic) la versión inicial es en catalán (lengua oficial vehicular y habitual en Catalunya (sic)). A partir de esa versión se hace una traducción automática, lo que al final da un resultado que a veces no se ajusta a la realidad conceptual. A partir de ahora rectificaremos la frase y revisaremos y comprobaremos con más esmero las traducciones automáticas.
Agradecemos sinceramente su aportación.
Cordialmente,
Telentrada.com»
Dejando caritativamente a un lado el incorrecto «informamos que», tan habitual a uno u otro lado del Ebro; el retintín de la puntualización entre paréntesis (para que nos enteremos si aún no lo sabíamos), así como el dislate que supone escribir «Catalunya» en un texto redactado en español, como metiéndose a mandar en lengua ajena (imaginemos qué sucedería si el resto de España presionara para que los catalanes renunciaran a escribir el nombre de este país nación estado —de esta entelequia borbónica, vamos— en la forma totalmente legítima en su lengua, que no es otra que Espanya), lo cierto es que, por lo menos, la entidad ha recogido velas, lo que siempre es de agradecer en tierra/s tan poco favorable/s a la autocrítica como ésta/s.
Si quisiéramos hilar más fino, diríamos a los responsables del magacín de Telentrada:
1º) que causa extrañeza que unos catalanes, y como tales bilingües, tengan que recurrir a la traducción automática para traducir al español las pocas decenas de palabras que constituyen su magacín;
2º) que si, como codiciado fruto de la ilustrada política lingüística vigente en Cataluña, a sus redactores se les hace ya cuesta arriba trasladar a una lengua exótica como el español, claramente minoritaria en el mundo entero, lo ideado y escrito en catalán, por lo que se ven obligados a recurrir a la traducción automática (l’altra costa una mica més!), se tomen por lo menos la molestia de revisar el producto de ésta, lo que no les llevará más de unos pocos minutos.
Por nuestra parte, damos por resuelta la cuestión y nos consideramos satisfechos en nuestra defensa del buen uso de nuestra —hasta ahora— «lengua oficial vehicular y habitual». Sólo nos queda una duda: el correo que nos han enviado, ¿ha sido fruto de traducción automática? O mejor dicho, ¿lo han ideado y redactado en catalán y vertido posteriormente al español? En este caso, ¿se habrá ajustado a la «realidad conceptual»? ¡Ves tú a saber!
Escrito en Cataluña, España, Lingüística