Un par de reflexiones sobre la vida a dos
Muy acertada Rosa Montero, en El País Semanal del pasado día 15 de enero, en su artículo sobre la vida en pareja de Raymond Chandler y Cissy. “No estuvieron comiendo perdices todo el tiempo. Seguro que se enfadaron, que discutieron, que se hirieron. Quizá incluso se enamoraron de otros, y probablemente hubo momentos en los que se odiaron [...]. La convivencia es así. Una larga travesía llena de accidentes. Tal vez sea precisamente esa travesía la que termine uniendo a las personas. Es la construcción de un pasado común, de una vida a dos. Es el recuerdo de los instantes dulces, pero también, y quizá sobre todo, la superación de los malos momentos [...]. Uno sigue amando si insiste en amar, si decide seguir queriendo al otro, si persevera en ello pese a todo…”.
Gran verdad, especialmente esta última reflexión, que ciñe y vincula algo aparentemente tan involuntario como el amor a la decisión, a la determinación: a la voluntad, en definitiva. Y esto no puede menos de traernos a la mente una analogía con la actitud que los grandes espíritus religiosos de todas las tradiciones, épocas y latitudes han llevado a la práctica y enseñado en relación con otra realidad también pretendidamente involuntaria y “etérea” como la fe. Enseñan ellos que querer creer ya es querer, y algo análogo debe suceder -aventuramos- con el amor.
Insistir en amar, decidir seguir amando, perseverar en el amor. ¡Es tanto lo que depende de nosotros! “Y esa vida a veces infernal, pero, cuando menos, vivida en compañía. Como lobos que entrecruzan su aliento en el cubil y que se calientan mutuamente en la helada soledad de un largo invierno”.






Octubre 24, 2006 a las 1:11 am
Interesantísimo lo que planteas Pablo; me da vueltas en la cabeza que “Uno sigue amando si insiste en amar, si decide seguir queriendo al otro, si persevera en ello pese a todo…”
Tendrás el artículo completo?
Octubre 24, 2006 a las 7:21 am
Lamentablemente no lo conservé. Pero trataré de buscarlo en la red. Me gustó lo que decía Rosa Montero porque casi desde siempre he creído que la voluntad es uno de los resortes más poderosos que tenemos los seres humanos. El gran psicólogo estaodunidense William James fue uno de esos “profetas” (científicos, eso sí) del papel de la voluntad en la vida de las personas. Y cada vez creo más, porque lo veo, que en cosas aparentemente tan involuntarias como el amor o la fe la voluntad y la determinación desempeñan una importantísima función. Bueno es dejarse de vez en cuando, y aun con frecuencia, por los buenos sentimientos; pero nunca es bueno, a mi modo de ver, vivir “desmadejados”, como peleles que se dejan perpetuamente llevar por las sensaciones, como hojas que arrastra el viento.
Te buscaré el artículo. Espero encontrarlo. Un saludo muy cordial.
Octubre 25, 2006 a las 10:35 am
Si lo encuentras, ¿podrías colgarlo o poner el enlace?
Gracias.
Octubre 25, 2006 a las 11:02 am
[...] Ante la demanda de algunos lectores (y sin embargo amigos) como @ y omanero que han leído nuestro artículo titulado Un par de reflexiones sobre la vida a dos y desean acceder al texto completo del artículo de Rosa Montero que en él extractábamos, publicado en “El País Semanal” del 15 de enero de este año, copiamos seguidamente el mismo, que en verdad, como suele decirse, no tiene desperdicio. Y de paso nos lo releeremos nosotros también, pues hoy nos sentimos particularmente necesitados de hacerlo: [...]
Octubre 25, 2006 a las 11:03 am
Queridos amigos: Acabo de introducir un nuevo artículo con el texto completo del de Rosa Montero. ¡Disfrutadlo! http://eldoctorhache.wordpress.com/2006/10/25/los-lobos-en-invierno/
Enero 14, 2007 a las 9:05 pm
Qué interesante este articulo, me ha servido de inspiración para escribir la columna de esta semana sobre el matrimonio, la publicaré en el blog
Enero 14, 2007 a las 11:43 pm
Pues será un placer leerla cuando aparezca. Maru.
Julio 15, 2008 a las 10:28 am
Estoy totalmente convencida de que la voluntad es el motor del amor y de la vida pero siempre tengo la duda de haber elegido a la persona correcta.
Hace unas décadas, esta forma de pensar me parecía la más adecuada para conseguir vivir en armonía. No obstante, hoy en día, por suerte o por desgracia, tenemos la opción de cambiar, de probar otras cosas ilimitadas veces con lo que el esfuerzo o la voluntad de amar a una persona por encima de casi todas las cosas (no acepto que haya que acatarlo todo) es ahora una decisión más difícil de tomar.
Por otro lado, si se toma por el mero hecho de no pasar solo el resto de nuestros días, en mi opinión, se convierte en el mayor acto de cobardía.
Julio 15, 2008 a las 5:03 pm
Interesante comentario el tuyo, Luciérnaga. Tal vez lo de preguntarse si la persona con la que se vive es la correcta tenga algo de perfeccionismo platónico, por así llamarlo. Descartando, como es lógico, los casos en que la convivencia es, por uno u otro motivo lo suficientemente fundado, imposible, lo cierto es que no podemos malgastar la vida buscando un alguien que posiblemente exista sólo en el hiperuranio (por seguir platónicos) de nuestra imaginación. Ello no significa ni entraña resignarse a, como bien dices, “acatarlo todo” y a dar por bueno todo. Pero —aventuro, y hablo sólo desde mi pequeña experiencia—, con todas las dificultades propias de una relación, pero también con todas las bellezas y satisfacciones que ésta entraña, llega un momento en la vida en que uno entiende (hablo de mí) que lo que tiene y lo tiene es razonablemente lo mejor: una perfección razonable.
Por último, concuerdo contigo en que vivir con alguien sólo por no estar solo es pura cobardía, comprensible quizá en algún caso, pero siempre negativa. Pero creo que ni Chandler ni Montero aludían a algo así.
Un saludo muy cordial, agradeciendo de nuevo tu aportación.
Julio 16, 2008 a las 3:04 am
Estoy de acuerdo contigo y envidio ese acto de fe pero bajo mi punto de vista, el problema es que es muy difícil determinar qué es razonablemente perfecto cuando el abanico de opciones es tan amplio que podrías pasarte toda la vida probándolas. Y, aún así, ¿se podría decir que es malgastar el tiempo?. Pues no lo puedo afirmar. Lo que está claro, es que es una forma diferente de vivir el amor que cada vez más se está implantando en nuestra sociedad.
Que, ¿quizás es culpa de esta sociedad que nos muestra a cada segundo que nada es inalcanzable y por eso nos estamos convirtiendo en perfeccionistas platónicos (como acertadamente me defines)?. Posiblemente. O, ¿es que la “libertad” con la que vivimos ahora nos permite comportamos como realmente somos?. En el mundo animal son escasas las especies que se aparean para toda la vida.
Pérdida de principios, deshumanización, idealismo extremo, egoismo, naturaleza, …
No sé. Yo soy de la generación de los 70. A mis años en la época de mis padres, el “pescao ya estaba vendío”, la mayoría ya tenían hijos y el compromiso de “hasta que la muerte nos separe”. Hoy todo esto no existe, por lo que tenemos que enfrentarnos a la vida sin ninguna referencia y en muchas ocasiones con la carga familiar de un matrimonio infeliz aunque eterno.
Aún así, sigo estando de acuerdo contigo y supongo que esto que escribo son mis excusas para no querer reconocer que es necesario el compromiso. Gracias por tus anteriores comentarios porque me han hecho pensar en otra dimensión.
Un saludo.
Julio 16, 2008 a las 10:44 am
Gracias a ti por provocar una reflexión tan apasionante y compleja como ésta.
Que el abanico de opciones de vida sea hoy más amplio que nunca es algo bueno en sí, qué duda cabe. Pero, en esto como en todo, el ser humano es también, a mi modo de ver, un ser de decisiones: la pluralidad de las opciones puede, desde luego, despistar y confundir, dejar dudas razonables, pero siempre llega el momento de optar, de hacer elecciones, todo lo provisionales que se quiera, sin duda, pero que no dejan de ser lo que son: opciones, decisiones, elecciones, compromisos… (hasta no optar es optar). Afortunadamente, y como bien dices, el abanico es hoy más amplio que nunca, y las posibilidades del compromiso mucho más abiertas que en un pasado aún muy reciente.
El hecho generacional que citas no es baladí, desde luego. Yo nací a finales de los cincuenta, por lo que pertenezco a esa generación “bisagra” que ha llegado a la madurez con un pie en un mundo aún —en nuestras latitudes— de corte clásico y otro en la modernidad. Por eso tal vez soy (¿somos?) un ser extraño, híbrido; por eso tal vez llegamos (¿llego?) a comprender y apreciar, o por lo menos a esforzarnos por ello, los presupuestos y las bellezas y virtudes propias de una u otra forma de vida.
Esto es lo que por el momento, y tras breve reflexión, me sugiere tu interesante intervención, por la que te doy muchas gracias.
Un saludo muy cordial.