Versos destrozados

Ya en una ocasión nos quejamos, en esta misma bitácora a la que confiamos de vez en cuando nuestros desahogos, del destrozo que sufre el verso propio de nuestro teatro clásico en boca de los actores actuales. Es problema no de ahora, sino de decenios, generado una vez desaparecidas del escenario teatral y vital las últimas generaciones de actores (y, ¿por qué no? de espectadores) que aún se habían educado, a finales del siglo XIX o a principios del XX, en el difícil y aquilatado arte de decir (y de escuchar y seguir) el verso. Se quiso, legítimamente en principio, rehuir de la Escila del verso declamado de manera enfática y pomposa que había caracterizado a ciertas figuras algo histriónicas de nuestra escena, sin caer por otro lado en la Caribdis del soniquete facilón y de carrerilla que primaba en el mundo escolar.

Y a directores y actores no se les ocurrió mejor vía media entre esas dos adulteraciones, ni mejor forma de perdonar a nuestros clásicos -que necesariamente debían representarse- la insufrible antigualla de haber escrito en verso, que recitar éste nada más ni nada menos que como si fuera prosa, cuidando exclusivamente la ligazón y continuidad prosástica de las frases y eliminando toda percepción poética de ritmo, de pausa, de rima: vamos, todo lo que constituye la estructura de la escritura poética de corte clásico.

Familiares, amigos y conocidos, sabedores de este nuestro rechazo casi fisiológico al verso destrozado y encabalgado, aceptan con paciencia que les honra la expresión de nuestros denuestos contra director y actores en las raras ocasiones en que nos dejamos arrastrar a asistir a una representación de teatro en verso. Por eso se nos perdonará la alegría de ver que, más allá de tan restringido círculo, voces harto más autorizadas e infinitamente más conocidas que la nuestra coinciden en esta quijotesca e inofensiva cruzada contra el maltrato al verso. Es lo que hace, en la sección de Madrid de “El País” de hoy, Ramón Irigoyen en un artículo titulado Echanove en Sanse, del que entresacamos las siguientes frases, cuya cursiva es nuestra:

“Hace ya unos meses, lo oí leer [se refiere a Echanove] -y, ay, en algunos momentos, creo, vulnerar algunos versos de Neruda en la sede del Círculo de Lectores de la calle de O’Donnell- por pasarse por el forro de Úbeda la imprescindible pausa versal que hay que hacer en la lectura de todos los versos de un poema y, en trance, pedí al cielo ayuda para llevarme aquel secreto a la tumba [...] ¿Hay algún actor en España -o algún ferretero o algún albañil- que sepa lo que es una pausa versal y la haga correctamente en el recitado de un poema?: sí, Patxi Andión, un madrileño de estirpe navarra, quien, por cierto, fue el primer actor de nuestra cinematografía que, en la onda sexual de Plataforma, se desnudó en una película española. Me encomiendo al magnífico Diccionario de métrica española, de José Domínguez Caparrós, que siempre lo llevo a todas partes, por si decae la conversación, y leo que la pausa es un elemento esencial del verso. Y, si no lo fuera, ¿iba a lanzar yo estos sermones que comprendo que al pueblo llano del barrio de Chamberí -para decirlo de un modo suave- se la sudan? Pajarillos del parque de la Fuente del Berro, cuando leáis en los árboles el Volverán las oscuras golondrinas, del genial Bécquer cuyo busto honra este maravilloso recinto al aire libérrimo, haced siempre la pausa versal: la pausa consiste en dejar de hablar un segundo eterno entre verso y verso: así se percibe su autonomía frente a la autonomía de los restantes versos del poema“.

Así se habla, maestro, y esta vez en clara prosa castellana.

~ por eldoctorhache en 21/10/2006.

3 comentarios to “Versos destrozados”

  1. Definitivamente contigo Pablo aprenderé un poco más acerca de todo lo que se mueve en tu mundo, versos destrozados yo soy un claro ejemplo soy malísima tratando de hacer uno; es raro que yo exponga, porque lo tengo claro me ¡expongo!

    Gracias por tus textos aprendo un poco más de ti y me retroalimento, poco pasa hoy en día en los blogs, pero el tuyo se disfruta.

    Saludos.

  2. La poesía creo que es la parte privilegiada de la Literatura. Para mí es realmente complicada de realizar así como de leer e interpretar, por lo que es digno de alegría ver que alguien lo hace bien y no de tristeza y pesadumbre ver que alguien lo hace mal.

    Lo que sí que voy a aprender visitando tu blog es vocabulario. Vaticino un aumento meteórico de mi léxico :)

    Hasta luego, H!!

  3. IxcheL: Como ves, hablo de quienes destrozan los versos hechos por otros; hacer versos es cosa muy digna de respeto, y por lo poco que te conozco, si te pusieras seriamente a ello te saldrían, como decimos en España, bordados. Por cierto, me acosa la curiosidad: ¿cómo se recita en el México de tus amores (y de los míos, si bien forzosamente distantes) el verso español clásico, el del teatro común que también Nueva España alimentó (¡y con qué calidad!) con las obras de Ruiz de Alarcón y de Sor Juana? Espero (y estoy casi seguro de ello) que allí se le tendrá mayor respeto. Tendré que consultar también a mi gran amigo y dramaturgo mexicano Hugo Salcedo, a ver qué me dice él, creador de “El viaje de los cantores” y de “Bárbara Gandiaga”, entre muchas otras obras geniales… Sepas que soy yo el que aprende mucho de tu blog, en el que aprendo diariamente muchas cosas que me ponen, a mí tan metido en el pasado, realmente al día en muchas cosas. Gracias por ello.
    Rubbens: En efecto, es grande la alegría de ver bien recitado el verso. Una sensación de plenitud, de perfección, de cumplimiento y realización. Una experiencia única, lo garantizo. Muchas gracias por tu aprecio (realmente inmerecido) y hasta pronto, Rubbens.

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