Los peligros de Internet
¡Para que luego minimicen algunos los mil peligros que acechan en Internet! Vean si no lo que dice “El País” de hoy en su página 48:

De confirmarse la existencia de tan terrible instrumento en nuestra pantalla, delegamos desde ahora todas nuestras relaciones con la Red en IxcheL, Jaruka y demás colegas del sexo inmune a tan tremenda amenaza.
Claro que no acaba ahí el chiste. Poco más abajo, nos informa el modesto R. G. G. redactor de la crónica que “entre 2001 y 2005 el número de lectores digitales de diarios se ha incrementado un 120%”. A parte de que habríamos preferido que se incrementara en un 120%, resulta curioso este tropo por el que ahora el sujeto lector toma el adjetivo del soporte del objeto leído. Será el diario digital, no el lector, opinamos nosotros. Porque, de seguir al ocurrente R. G. G. en tan gongorina aventura, encontraríamos que un joven o jóvena lozanos, al leer (es un suponer, ya sabemos que cuesta horrores imaginarlo hoy en día: ¡hagan un esfuerzo nuestros lectores si al llegar a esta línea aún no cantan como Farinelli!), al leer, decíamos, un pergamino del siglo XIII, quedarían automáticamente transformados en lectores apergaminados. Y en lectores pétreos, lapidarios o lapidados (ad libitum) si lo que leen son epitafios del Père-Lachaise. Ya puestos, proponemos extender el feliz tropo al género de las obras leídas: ya estamos viendo multitudes de lectores bíblicos sin ser patriarcas ni profetas, ejércitos de lectores guerreros o aguerridos sin haber jamás matado a una mosca y nubes de lectores misteriosos más simples que el asa de un cubo. Vamos, como ciertos escribidores.

Tranquilo Pablo no podrán con todos nosotros, además podríamos esgrimir una bonita frase “podrán caparnos pero no podrán callarnos…” (Me ha salido la vena revolucionaria)
Saludos y un abrazo
Ray
Así es, Ray. Que dure la vena revolucionaria ante la tontería que nos inunda. Un abrazo.
¡Menuda amenaza como siempre! Los redactores de los periódicos están en primera fila para procesarlos por atentados contra el idioma, junto a los políticos y funcionarios públicos. Pero en los medios electrónicos tampoco se quedan atrás. Si así es cuando escriben, deberías escuchar a los reporteros y demás fauna radiofónica o televisiva. Cuando oí que “el idioma de Cervantes está en expansión y más sano y fuerte que nunca” (no recuerdo de quien, pero de algún funcionario cultural fue tal perla, refiriéndose a la cantidad de hispanoablantes en el mundo) me da la impresión de que yo debo estar mal tratando de escribir y expresarme, ya no digamos “correctamente”, pero sí claramente para que se entiendan las ideas.
Saludos, voy “a por mi Nebrija”.
Pablo, permíteme:
Jo, jo, jo, jo, jo…
¡Será que se acerca las Navidades y hay falta de capones? Sería una buena forma de abastecerse. Lo de convertirse en toda lectores… no está mal. Cada día podemos ser una clase diferente de lectores, según nuestro estado de ánimo. Si leer prensa y opiniones a veces da pena. Saludos.
[...] En El Jardín Cerrado, la entrada titulada Los peligros de internet. Pablo Herrero ha cazado un artículo en El País de hoy. Leedlo, merece la pena. [...]
Normalizado » Pasen y lean (2) dijo esto en 18/11/2006 a 18:14
Cuauhtlácatl: Sí, en todos los congresos sobre la lengua española los académicos y demás figurones hacen hincapié en la enoooorme cantidad de hablantes, sin parar mientes en la calidad de lo que se habla y escribe. ¡Cuánto Nebrija haría falta!
Omanero: El regocijo está asegurado, desde luego. Hoy en día Muñoz Seca no estrenaría ni media astracanada: ¿para qué inventarlas si te las dan hechas y puestas en escena a diario periódicos, radios y televisiones? Y gracias por el enlace.
Sombraschinescas: De acuerdo contigo. A lo mejor es la inminencia de las fiestas por antonomasia. Se le cae a uno el alma a los pies leyendo ciertas cosas.
Un abrazo a todos, agradeciéndoles la participación.
Disculpa pero me pareció bastante risible lo que exponen. “Capar” jajaja me pude reír. A mi me da pena ajena en alguna ocasión fui editora de un una sección dentro de un periódico de la zona. Luchaba yo con el editor general y sus intereses partidarios; conclusión: termine por dejar el periódico y vivir menos estresada.
Es difícil luchar contra el sistema, pero se puede.
Saludos Pablo.
IxcheL: Todos los que escribimos en medios de comunicación estamos sujetos a la implacable errata. Pero a veces los “duendes de la imprenta” hacen verdaderas barrabasadas, como en este caso. Recuerdo un caso modélico, de hace muchos años, sucedido nada menos que en el Boletín Oficial del estado español. Se promulgó una ley en la que se hacía referencia al “Consejo General del Poder Judicial”, pero los duendecillos de la imprenta se encargaron de que saliera el “Conejo General del Poder Judicial”. Hallada la errata luego de publicarse el texto, se procedió a corregirlo al día siguiente. Y la corrección decía: “Fe de erratas [...] Donde se decía ‘Conejo General del Poder Judicial”, léase “Conejo General del Joder Judicial”. En los círculos judiciales aún se están riendo de ello.
Pues luchar contra el sistema es algo así. A veces es inevitable que se te cuele por los entresijos, pero ay de nosotros si no lo hiciéramos. ¿No te parece? Un saludo muy cordial y feliz tarde de sábado.
Ese boletin debe ser de coleccionista fijo. Feliz fin de semana también para ti. Besos
Más bien es, al ser el oficial, de obligada suscripción para todas las administraciones. Pero sí, perlas así bien merecen coleccionarlo. Gracias por tu comentario.
¿Cómo es posible lo del BOE? Permíteme que haga circular la anécdota.
La fuente que me la refirió es totalmente fidedigna: un abogado amigo y letrado de familia, hace ya unos quince o veinte años. Y en los famosos volúmenes de “El despiste nacional” publicados en los años sesenta o setenta por Evaristo de Acevedo había también jugosísimas erratas. Lástima que no los tenga ahora aquí.
Jaja, creía que no me podía reír más después de lo de los capadores y capados digitales, hasta que llegué al comentario del Conejo General, ay que me parto. Si hay que equivocarse, se equivoca uno en condiciones, sin andarse con chiquitas, hombre, faltaría más.
Tienes toda la razón. Hay que ser grandes hasta en los errores, ¿no? Nada de menudencias.