¡Es mucho Madrid!

Hermoso espectáculo el que Olga María Ramos nos brindó anoche en las Vistillas bajo este título, y en el que desgranó, espléndidamente acompañada al piano por el maestro Pablo Jiménez, cuplés, chotis, pasodobles y canciones de ayer y de siempre. La gracia pícara y sicalíptica de La pulga, La llave o La regadera alternó sabiamente con el tono nostálgico de La violetera o con el trágico de El relicario, estas dos últimas piezas en un apartado que la gran artista dedicó a la inmensa y admirada Raquel Meller. Y es que Olga María, amén de cantante ejerce, en conciertos, conferencias y libros, de cupletóloga: díganlo, si no, las documentadas entregas que sobre la historia del cuplé va publicando en la bitácora de otra buena amiga nuestra: La vieja Aswad.
La estrella de la inmortal Flor de te pareció alumbrar el gran escenario junto con las de Olga Ramos y El Cipri, que hija del arte por ambos costados es, a fin de cuentas, Olga María, quien también nos obsequió (¡con amable dedicatoria que desde aquí agradecemos!) con la magnífica habanera Evocación, compuesta por su padre y ambientada en la vecina Plaza de Oriente, y con una emocionante versión al alimón con su madre —la técnica al servicio de la belleza— de Quiéreme mucho. Quienes tuvimos el privilegiado placer de ver a madre e hija cantando y actuando en el desaparecido local de la calle de la Palma durante tantas Noches del Cuplé, sentimos ayer que por obra y gracia de Olga María la magia volvía a convertirse en evocadora cascada de notas, en soberbia secuencia de elegantes gestos sobre la riquísima paleta de colores de sus espléndidos mantones de Manila, que sabe ponerse y llevar, dicho sea de paso, como sólo su madre sabía.
Fue en una noche isidril, en una noche madrileña como la cantada en La chulapona: noche madrileña con olor a albahaca…

Cantar es mi terapia y hacerlo en una ambiente tan grato como el que me envolvió en las Vistillas hizo inolvidable la noche de San Isidro. Tú fuiste testigo de todo y ahora, generoso, lo plasmas en tu cuaderno de bitácora. ¡Gracias resalao!
Se ve que los disfrutaste de eso no hay duda alguna, se observa en el porte de la señora… señorona como bien la describes y como mujer jeje, no pude dejar de admirar como se llama eso que porta ¿qué nombre le dan allá? Me encanto, como para mi colección jeje.
Luego paso para mirar su nombre.
Un abrazo Pablo.
¡Enorme! aquí te dejo un comentario que halago.
Cupletóloga, o séase la artista en cuerpo y alma de la que va el asunto: ¡Gracias a ti por poner este preciado autógrafo en mi bitácora! Plasmar en unas pocas líneas la emoción que en todos los que asistimos despertó tu recital es tarea abocada al fracaso. Pero si trasmiten siquiera un jirón de las sensaciones que nos envolvieron -como un mantón-, no habrán sido del todo inútiles.
IxcheL querida: Gracias por tu comentario, amiga. Es el mantón de Manila, prenda típica y clásica de la mujer española y especialmente de la madrileña. Se confeccionaban en realidad en la China, pero como llegaban a España a través de las Filipinas, se llamaron así. Es lo bueno del folclore de Madrid, que es todo foráneo y mestizo, como su baile tradicional, el “chotis” (de “scottish”: vamos, ¡escocés!). En el siguiente vínculo, la propia Olga María habla del mantón:
http://laviejaaswad.blogspot.com/2007/05/el-visn-de-las-chulapas-olga-ramos-sola.html
Y el gran Pérez Galdós cuenta en algunos capítulos de “Fortunata y Jacinta” toda la génesis del mantón, sus característias y su comercio:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12937067559078288532624/p0000001.htm#I_6_
Gracias a ambas, amigas, por vuestros comentarios.