De experiencias cumbre

Gusta que, entre tanto interés por un inmediato que a menudo carece de él, algún periodista se ocupe, siquiera de vez en cuando, de materias más consistentes, profundas y, por supuesto, mucho más importantes. Es el caso de Rosa Montero en el suplemento dominical de «El País» del domingo pasado. En su artículo, tras reivindicar la importancia del sentido de lo sagrado para cuantos no profesan religión positiva alguna, concluye la escritora:

Todos, creyentes o no, ricos o pobres, intelectuales o analfabetos, tenemos esa capacidad para sentirnos rozados por el ala oscura de lo sagrado. Es decir, por la turbación y el embeleso del misterio esencial. Los japoneses lo llaman satori, los psicoanalistas hablan de momentos oceánicos. Puede suceder en un atardecer tranquilo y hermoso, o tal vez, como a mí me ha pasado alguna vez, contemplando los ojos aterradoramente humanos de un gorila. Sabes de lo que hablo: de ese instante en el que todo parece encajar y te sientes formar parte del mundo, del tiempo, del todo. Y la vida palpita dentro de ti, monumental y quieta.

Nosotros, fieles aunque humildes seguidores del genial Abraham Maslow, preferimos llamarlas «experiencias cumbre», aunque el nombre es lo que menos importa. «Embeleso», «turbación», irrupción tan dulce como inesperada («roce») de algo sublime, manifestación de una armonía total e inesperada en la que «todo parece encajar», identificación total con la realidad espacial, temporal, total… Éstas y otras muchas expresiones apenas dan un vislumbre de algunas de las vivencias que semejantes experiencias dejan —indeleblemente— en el ánimo de quien las vive. Y aunque la influencia que determinadas tradiciones religiosas han ejercido en la vida y la cultura de tantos pueblos podría llevarnos a pensar que sólo algunas conversiones religiosas o determinados trances de la vida mística y espiritual en el seno de las religiones respondan a tales características, nada más lejos —afortunadamente— de ello. Lo estético, lo moral, lo erótico, lo científico, lo artístico e innumerables otros factores o componentes de la vida humana se prestan a servir de cauce, puente o pretexto para que, en algunos momentos, sin decisión alguna por nuestra parte, podamos tocar, siquiera unos instantes, esa otra orilla.

El artículo completo de Rosa Montero: El valor de lo sagrado.

~ por eldoctorhache en 20/11/2007.

28 comentarios to “De experiencias cumbre”

  1. Como me ha gustado leer sobre este tema, seguramente porque expresa perfectamente algo que he tenido la suerte de experimentar sin haberle puesto palabras. Las más adecuadas para mi serían “armonía” e “identificación”. Con esas me conformo.
    Solo una vez en mi vida he sentido “estar donde quería, cuando quería, con quien quería, sin desear nada más” (esas eran mis pobres palabras para traducir el sentimiento de ese momento). Fué como un relámpago, brillante y demasiado breve.
    Y cuatro veces, que me parecen ya muchas y una gran suerte, de esa forma tan inesperada, he tenido esa plenitud compartida con la naturaleza, en el espacio y en el tiempo. Una vez me tuve que pellizcar para comprobar que no estaba soñando o ya en algún paraíso… Otra vez recuerdo que pensé “ahora mismo me podría morir y no me importaría nada”. Alguna otras veces en mi vida he rozado la felicidad, pero la muerte no era deseada porque la hubiese perdido. Sin embargo, en esa ocasión la felicidad era tan plácida y tan infinita que hubiese podido prolongarse trás la muerte. Sí, en esos momentos “todo encajaba”. Y nunca los olvidaré.
    Gracias por este bello artículo Pablo. Un beso.

  2. Me ha gustado la forma en que has “arropado” el fragmento del artículo de Rosa Montero, por tu buen gusto y por cuanto en la esencia de lo que dices, comparto.

    Puestos a ponerle un término, yo no le pondría ninguno… Esa sensación universal que señala Rosa (universal por lo trascendente y por estar disponible, como el aire, a cualquiera), es la que surge a veces durante la meditación. Cuando, de cuando en cuando, conseguimos abandonar cualquier intento de hacer y obtener, y sólo observamos lo que “pasa” por nuestro interior, surge a veces esa sensación: la misma que al ver la luna llena, o un amanecer, o la mirada de un ser querido.

    Son sólo ráfagas, relámpagos previos a la “caída” a nuestra cotidiana realidad. Sin embargo, en su mensaje sin palabras, a uno le hacen sentir algo así como una vocecita que te dijera: “¿Lo ves? Ten confianza; vas por tu camino”. El problema es cuando se intenta apropiar esa experiencia, poniéndole un término a su naturaleza. Definir esa experiencia como espiritual, emocional o existencial, por ejemplo, es irrelevante. Lo importante, creo, es valorarla tal y como se merece; pues al fin y al cabo, al hacerlo, valoramos nuestra naturaleza.

    He tenido un día de chasquidos y tensiones. Gracias por ese aire fresco, Pablo. Y también gracias a Rosa y a Blanca.

  3. Blanca: Me alegra mucho haber tocado este tema, algo que me interesa mucho desde mi primera experiencia en ese sentido, hace más de veinte años, y desde que unos años más tarde, al estudiar a Maslow, descubrí al igual que tú que lo que me había pasado tenía, por así decirlo, palabras. Palabras que, por supuesto, siempre se quedan cortas al intentar describirlo. Y, en efecto, las que tú eliges, “armonía” e “identificación”, bien predican algunas de las características de estas experiencias. Hallar, durante unos instantes, el propio lugar en el mundo. Identificación con el mundo que te rodea, en el que te “ves”, como en un relámpago de realidad, como esa parte integrante de lo real que en verdad eres: no alguien distinto, superior o inferior. Felicidad, como bien dices, que, diferentemente de las pequeñas de cada día, nos quita toda preocupación por la muerte. Placidez, infinitud que nunca se olvidan, y que ayudan a seguir caminando. La sensación de que, por una vez, todo (y yo como parte de ese todo, sin distinción alguna de él) encaja. Maslow tuvo el gran mérito, entre otros muchos, de recopilar experiencias como éstas que acabas de contarnos, tomadas tanto de escritos autobiográficos célebres (pienso ahora en Pascal y su famosa noche, en Koestler y su experiencia cumbre en la cárcel, etcétera) como, a través de un trabajo de campo, de las vivencias de personas corrientes como el que firma. Y gracias a esa labor pudo trazar una fenomenología de tales experiencias. Se trata de un tema que justamente me apasiona, y a buen seguro que volverá en esta bitácora. ¡Gracias por tu testimonio!

  4. Gracias por tu aprecio, Juan, que me honra mucho. Concuerdo contigo en la inadecuación de todo término a la hora de describir lo que no puede describirse. Sólo sirven, al igual que nuestros balbuceos sobre tales vivencias, para dar pequeñas pinceladas de significado que no pueden dar la inabarcable riqueza del conjunto. Océano, cumbre… fácil es ver cómo cada una de estas metáforas dice algo muy preciso sobre lo que percibimos en dichos momentos.
    Y es verdad que, en una actividad de meditación sabiamente planteada y practicada, a veces surge esa sensación. La diferencia que yo, humildemente, planteo es que en este segundo caso hay por parte nuestra una “preparación del terreno”, siquiera mínima; una creación por el sujeto de las mejores condiciones para que el “milagro”, la “ráfaga”, el “relámpago” (otra imagen que habéis utilizado tanto Blanca como tú, y que aúna valores y características como las de brevedad, claridad, sorpresa…) se produzcan.
    En cambio, las primeras son como la gracia “gratis data” de la teología católica: surgen a veces cuando menos dispuesto estarías en tu interior a recibir semejante “revelación”, y en muchos casos cuando tampoco “de puertas afuera” se dan condiciones de paz y relajación. Ésta es, creo, una característica fundamental de tales fenómenos.
    También a mí se me antoja irrelevante diseccionar en que campos se realiza esa experiencia. Son distinciones demasiado humanas, por lo que de clasificatorias tienen, que nada dicen de lo que realmente importa.
    Me alegra mucho que este articulillo, pergeñado en una mañana también bastante agitada, te llevara algo de aire fresco. A mí parece devolvérmelo en esta noche. Y ello gracias, por supuesto, también a Rosa y a Blanca (¿bonita casualidad, no?) y a ti, a quien va también mi agradecimiento por tu valiosa aportación.

  5. Juan: Vuestros comentarios de ayer me han hecho volver a leer algunos textos de Maslow sobre las experiencias cumbre.
    En ellos encuentro que ese tipo de experiencia tan similar en “contenido” (por hablar de manera comprensible) a las experiencias cumbres, pero en cierto modo inducida y “preparada” por el sujeto a través de una determinada práctica meditativa o contemplativa, encajaría en las que él denomina “experiencias meseta” (plateau-experiences). De estas últimas dice Maslow que “siempre poseen un elemento noético y cognitivo, cosa que no siempre se da en las experiencias cumbre, que pueden ser mera y exclusivamente emocionales” y que son “mucho más voluntarias” que éstas.
    También difieren en sus relaciones con la muerte, ese factor al que acertadamente ha recurrido Blanca al intentar explicarnos su vivencia. Dice Maslow que la EC (recurriré por mor de brevedad a esta convención) puede definirse, significativamente, una “pequeña muerte” y un “renacimiento en varios sentidos”. La EM, “menos intensa”, se experimenta con mayor frecuencia como “gozo y felicidad en estado puro”, sin ese carácter de clímax explosivo y repentino que suele caracterizar a las EC.
    Con una labor larga y ardua, es posible “alcanzar, aprender y conquistar” una EM, por lo que resulta completamente procedente aspirar a ella.

    Blanca: Respecto a la importancia de la realidad de la muerte en la vivencia de una EC (y en su posterior, parcial “racionalización” a través de la descripción), se trata, en efecto, de una de las características más recurrentes en este tipo de fenómenos. En su trabajo de campo, Maslow reproduce frases recurrentes en labios de sus entrevistados: “Sentía que no me habría importado en absoluto morir”, o “Nadie podrá convencerme ya de que la muerte sea algo malo”, etcétera. En efecto, las EC pueden “llegar hasta el punto de suscitar pensamientos de muerte de una forma muy peculiar” y resultar “análogas a la experiencia de una muerte ansiada y dichosa”, provocando “una especie de reconciliación con la muerte y aceptación de ésta” (curiosamente, llegando así por medios no necesariamente religiosos a lo que siempre se ha considerado propio de una actitud religiosa ante la muerte: “humildad o dignidad”, “voluntad de aceptación” e incluso “felicidad en ella”).
    Todos los textos que he citado, en rápida traducción apresurada de la
    que soy responsable, pertenecen a la siguiente obra de Abraham Maslow: “Religions, Values and Peak-Experiences” (Penguin Compass, Nueva York 1994).
    ¡Gracias por vuestra paciencia!

  6. Anonadada me has dejado ! He de confesar (por qué no debería hacerlo ?) que nunca he leído a Maslow, y leer mis palabras en boca de otro (sobre la muerte) ha sido muy sorprendente. Aunque eso me confirma algo de lo que ya estaba convencida : por muy raro que parezca lo que sentimos, pensamos, experimentamos, vemos, vivimos… siempre hay multitud de gente que ha pasado por lo mismo. De todas formas, la impresión que me ha causado ha sido bastante fuerte. Tambien confieso que es la primera vez que hablo de esto con alguien (pudor ? – contigo, aunque la página sea pública, lo he perdido) y ha sido muy gratificante y enriquecedor. Te doy las gracias por haberlo provocado. Y te aseguro que no he necesitado paciencia para leerte, más bien todo lo contrario, me ha sabido a poco. He leido despacio, palabra trás palabra, y vuelto a leer.
    Entiendo y comparto la diferencia entre EC y EM. Me hace gracia lo de “cumbre” ya que dos de las veces fueron en montaña (las otras dos en amaneceres), curioso… Y no es que “deseara” la muerte, sino que sentía que era el momento idóneo para ella sin añorar nada de mi vida, ni del pasado, ni del presente, ni del futuro. Por último te diré que, en mi primera intervención, separo la primera de las otras cuatro ya que esa “experiencia” fué muy distinta de las demás (yo diría que “orgásmica” en todos los sentidos) que a su vez fueron similares entre sí.
    Me gustaría hablar de esto contigo alguna vez para que me cuentes más sobre ti, si quieres. Un beso fuerte.

  7. Anonadado me quedé yo también cuando, años después de las dos EC que disfruté (algo me dice que las EC son reacias, como los gatos, a dejarse colgar el posesivo), leyendo y estudiando a Maslow me encontré un poco como Monsieur Jourdain… ¡Casi fue otra EC! Entonces (cuando las EC) yo vivía en otro marco de referencia, y recuerdo que escribí una especie de informe sobre lo que me había pasado (las EC acaecieron dos días seguidos, a la misma hora y en el mismo lugar), que sometí a persona de mi máxima confianza y de gran autoridad espiritual, la cual (que imagino nunca leyó a Maslow) halló sin embargo muchas coincidencias entre esas vivencias y las consignadas en obras autobiográficas de diferentes autores y épocas.
    Sobre la coincidencia de las EC en la montaña, no me extraña nada; tampoco lo del amanecer. Además de la belleza intrínseca que desde aquélla o ante éste se disfruta, una y otro son también poderosas metáforas que acompañan nuestra vida. Curiosamente, casi todas las revelaciones importantes de la Biblia acontecen siempre en alguna altura, concebida como punto de contacto entre el hombre y lo sagrado. Y fíjate cuando Jesús se transfigura en el Tabor lo que sugieren los apóstoles que lo acompañan: “Montemos tres tiendas y quedémonos aquí”: y es que, de hecho, uno quisiera “instalarse” en la EC, que no terminara. Y eso es, en el fondo, “muerte” como cese de todo cambio, de toda acción (el “quedeme y olvideme” del místico abulense). Pero también en la vertiente “laica” (¡que mal se aplican estas etiquetas al mundo del espíritu, tan más allá de ellas!), experiencias como la de Petrarca en la cumbre del Ventoux son paradigmáticas y pueden, desde luego, reconducirse a la tipología propia de las EC.
    Coincido contigo en el “pudor” con que, instintivamente, rodeamos esas experiencias, aunque me alegro doblemente de que ambos, en cierta medida, lo hayamos perdido. Ya seguiremos hablando, en privado, más sobre las nuestras, si quieres. Un beso muy grande.

  8. Hola. Desde siempre, una conversación gana en profundidad si es en la intimidad y a dos. Así que dejo este comentario y salgo de puntillas ;)
    La vía varía en cada persona; y eso es bueno. A algunos les gusta meditar; a otros practicar artes marciales; otros muchos, crear o disfrutar obras artísticas. Pero como bien comentas, esas experiencias son inducidas; buscamos o propiciamos ese estado de “gozo y felicidad puro”, en palabras de Abraham Maslow. (Te confieso que no sólo desconocía su obra, sino incluso su existencia.)
    Creo que fragmentarlas en “mesetas” o “cumbres” facilita la comprensión racional, pero es posible que enturbie -por la intromisión de la lógica mental- su naturaleza, incognoscible e inefable, la cual es imposible comunicarla reduciéndola a una explicación lineal. (Me permito comentarte esto por ese ánimo de compartir impresiones partiendo del respeto mutuo a la libertad individual.)
    Quizás esas experiencias cumbres sean una invitación a replantearnos los valores que consideramos más sólidos de nuestra existencia y de la vida en sí; o quizás, a experimentar cómo la muerte es sombra de la vida; pero eso: sombra, sin latir alguno. (En mi caso, la experiencia cumbre fue a ras de la superficie del mar, cuando tuve que elegir entre intentar por última vez agarrarme a una roca, o asumir mi muerte en ese instante. Curiosamente, dentro de la tensión de la situación, la decisión fue serena, profunda y “sin miedo”.)
    La meditación intenta acumular breves instantes de “gozo y felicidad en estado puro” (según las citas de Maslow) hasta que un día, como en el hermoso cuento zen de la monja chiyono, “Ya no más agua, ya no más la luna en el agua. Sólo el vacío en mi mano”. Restándola su belleza poética, es el mismo proceso “ascensional” e instantáneo que la ciencia está abordando con mayor interés a raíz de las posibilidades que ha abierto la física cuántica.
    Al margen de ideologías y credos, creo que la meta para todo aquel que medita, o busca, o siente y explora los límites de su mundo y de la existencia en sí, sea cual sea la vía que escoja, consiste en alcanzar un día la respuesta existencial -no filosófica – a la pregunta: qué/quién soy yo.
    Un abrazo, y gracias.

  9. Hola Juan, nada de”salir de puntillas” :-) que te leo con muchísimo interés, tanto tus pensamientos o impresiones, como tu experiencia en el mar. Si parece que he acaparado un poco este tema es porque me ha tocado una fibra que tenía tensa y oculta, ahora se me ha “destensado” gracias a nuestro amigo Pablo que nos trajo el artículo de Rosa Montero.
    Pablo, hablaremos…
    Un abrazo para ambos.
    PD. Se me olvidó decir en mi último comentario que me gustó mucho lo de “pequeña muerte”, poético y cierto (como lo del cuento zen que cita Juan).

  10. Juan: Me uno gustoso a la petición de Blanca. Nada de salir de puntillas. Las conversaciones íntimas de dos son compatibles con comentarios profundos y enriquecedores como los tuyos.
    Bien dices de las diferencias entre personas y de su bondad. La labor de Maslow, como la de todo científico, en el fondo, consistió en este campo específico en elaborar una teoría partiendo de los datos que ofrecían tanto el trabajo de campo como la recopilación de textos. De ahí que, como en toda fenomenología, se tracen distinciones y se definan características cuyo único fin -concuerdo por supuesto contigo- es la comprensión racional. Hecha esta aclaración, también comparto tu idea del valor de las EC, o mejor dicho de la consecuencia que éstas entrañan para nuestra vida, una de las cuales puede ser sin duda el replanteamiento de nuestros valores vitales. De alguna manera (y eso es lo que percibí en su día y me acompañará siempre) HABÍA algo más allá del pesado telón de la vida y de la lucha diaria. No sabría decir más sobre ese algo (y yo entonces lo interpreté, como era natural, de acuerdo con mis valores y parámetros de aquel momento), pero no podría ya, en modo alguno, negar su presencia, su “realidad”.
    Y vengo a tu experiencia, que además de cumbre podría muy bien adjetivarse como “límite”. Dices que, en trance tan extremo, la decisión fue “serena, profunda y “sin miedo”. Tal vez -me atrevo a interpretar, y pido disculpas por mi atrevimiento- como si no te afectara personalmente. Escribe Maslow que “normalmente, percibimos todas las cosas como relevantes para los asuntos humanos, y muy especialmente para nuestros asuntos propios y egoístas. En las EC nos volvemos más desprendidos, más objetivos, y nos volvemos más capaces de percibir el mundo como si éste fuera independiente no sólo del perceptor, sino de los propios seres humanos en general”. Abundando más en ello y como llevándolo a sus últimas consecuencias, apunta que la percepción en las EC puede llevar en ese momento, todo lo relativamente que se quiera, “a trascender el ego, a olvidarse de sí, a una actitud carente de motivaciones, impersonal, sin deseos, desprendida, sin necesidades ni anhelos. Es decir, algo que va centrándose más en el objeto que en el ego”. En cierto sentido -se me ocurre ahora- algo de eso hay quizá en la actitud taoísta de seguir deliberadamente la corriente que aparentemente te arrastra a la muerte y no luchar contra ella. Tal vez -apunto, algo poética o simbólicamente, pero sé que me entiendes- porque, de hombre que “eras” te “vuelves”, siquiera durante unos instantes, agua, ola, corriente…
    Análogamente, según Maslow, en las EC “se suelen perder, si bien transitoriamente, temor, ansiedad, inhibición, defensa y control, perplejidad, confusión… El miedo profundo a la desintegración, a la locura, a la muerte tiende a desaparecer momentáneamente, hasta el punto de poder decirse que todo temor se desvanece”.
    Lo del bonito cuento zen, que no conocía, tal vez tenga algo o mucho que ver con esa característica de todo camino espiritual, muy atestiguada en la vida y obras de los místicos de todas las tradiciones religiosas, según la cual de las primeras y gratas “consolaciones” (empleo términos de la tradición cristiana por ser más accesibles a nuestro contexto cultural) se va pasando a las terribles “desnudeces” en las que el espíritu humano no halla apoyo ni consuelo. Es la subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz, o el “túnel de la fe” en el que vivió sumida Teresa de Lisieux sus últimos días. Me interesa mucho, por cierto, dada mi absoluta ignorancia en la materia, la relación que estableces entre las conquistas de la física cuántica y el fenómeno “ascensional” al que nos referimos.
    En el fondo, amigo Juan, y cerrando por ahora esta ya larga intervención mía, volvemos, como tú al final de tu comentario, a reivindicar, como Rosa Montero, esa “respuesta existencial” a la pregunta fundamental sobre cada uno de nosotros, o, lo que es lo mismo, a reivindicar el mundo del espíritu (al igual que el de la ética) liberándolo de su secular y funesto monopolio religioso.
    Un abrazo.

  11. Blanca: Ya has visto que yo también le he pedido a Juan que no salga, ni de puntillas, ni de ninguna otra manera… Esta cadena de comentarios, verdadera tertulia a distancia, es, gracias a vosotros, sin duda alguna la más enriquecedora e interesante en los casi dos años de esta bitácora.
    Al hilo de tu comentario sobre la fibra “tensa y oculta” (hermosa imagen, por cierto) ahora destensada y patente, tampoco yo dejo de maravillarme de cómo en la vida, en determinadas ocasiones, unas cosas traen consigo otras como cerezas de un cesto, y asistes, atónito, a un desfile de cosas hermosas, resultado de la experiencia directa e indirecta de todos.
    Comparto tu gusto por la expresión de Maslow “pequeña muerte”; curiosamente, también se suele utilizar para definir el orgasmo: como ves, todo encaja, ¿no?
    ¿Sabéis? ¡No me importaría dejar de escribir más artículos por seguir este “hilo” tan rematadamente atractivo e interesante!
    Un abrazo a ambos… y un saludo cordial a todo el que nos lea.

  12. Hola contertulios :-) Precisamente, al abrir la página y ver 11 comentarios pensé “me atrevería a apostar que debe ser uno de los artículos con más comentarios y más largos de todos!”. No se si te lo habías imaginado el día que “colgaste” el primero. Y ahora incluso me extraña que no haya cogido el “hilo” más gente. Desde luego, a mi me ha “enganchado”, como se dice ahora. Y me alegro de que Juan lo haya enriquecido tanto. Desde aquí y con el permiso de Pablo, te digo, Juan, que ni se te ocurra dejarnos solos ! (siempre en función de tu tiempo y disposición, claro).
    Pablo, me bebo tus palabras a sorbitos, la forma en que, apoyándote en los escritos de Maslow y otros, traduces y explicas tan bien lo que nos ha ocurrido. Me refiero ahora concretamente a la experiencia de Juan en el mar. Es tan fácil entenderlo cuando te leo ! Bien cierto que todas las piezas encajan a la perfección… “Sin deseos, sin necesidades, el temor se desvanece”. Todo se integra con todo, palabras, sentimientos, sensaciones, hasta lo que parece el final cuando, sin darte cuenta, te hace volver al principio en un bucle perfecto.
    Un abrazo a ambos.

  13. Poco puedo ni debo añadir, Blanca, a lo que tan brillantemente expones. Tienes razón: cuando hace casi dos años colgué el primer artículo, ni por asomo podía imaginar algo así. A través de esta bitácora me he granjeado nuevos amigos (es el caso de Juan) y se ha hecho más profunda la relación con otros más “antiguos” (es tu caso). Eso es ya, para mí, el mejor de los éxitos.
    Respecto a toda esa dinámica del “bucle” a la que te refieres, sucede algo curioso, que he notado desde la adolescencia. Supongo que otras personas tendrán el admirable don de ir construyendo sistemas con el mero esfuerzo de su pensamiento. A mí, en cambio, sólo la palabra (y tal vez escrita aún mejor que hablada) me ayuda a hacer algo parecido. Me explico: es como si escribiendo, razonara. Una palabra, una frase, un pensamiento -tuyo, de tu interlocutor o ajeno- evoca otro; una imagen, un concepto, o viceversa. Y así, a impulsos de combinaciones, evocaciones, resonancias, acabas muchas veces “construyendo” (aunque mejor sería decir: “descubriendo”) cierta estructura teórica cuando menos verosímil, lo cual no es poco, a mi juicio.
    Gracias por tu nueva y alentadora intervención.

  14. Pues ya que no hace falta que salga de puntillas, con vuestro permiso me sirvo un chupito de Jägermeister y me uno a la tertulia ;)
    Es cierto que estos temas ganan con la intimidad: con el tono, con las miradas, con los gestos, con los silencios; y que posiblemente aquí pierdan sentir al convertirse en una serie de ristras de palabras. Pero lo importante, creo, es lo que motiva a Rosa, a Blanca, a ti y a mí a exponer públicamente un esbozo razonado de nuestras “vivencias” y “creencias” sobre la muerte y las “experiencias cumbres”. Ejemplos como los nuestros los han vivido casi todas las personas. El miedo a la muerte es el penúltimo peldaño que tenemos que afrontar, cada uno a su manera. Estas experiencias, como otras, nos ayudan e impulsan a ello.
    Tertulias como éstas, en su humilde trascendencia, pueden ayudar, aunque sea en lo más mínimo, a personas que se encuentren por “casualidad” con este hilo; si quiera, a saber que no son los únicos que han tenido esas vivencias. Sólo por eso -aparte de porque a todos nos gusta opinar y compartir- tiene valor y sentido este agradable encuentro.
    Gracias a ambos, y a Rosa Montero, que ha sido la que con su artículo ha dado la chispa al tuyo. (Sería interesante que ella conociera este hilo, y saber de su “boca” la “chispa” -que seguramente tuvo lugar- que dio origen a su artículo.) Supongo que continuaría con una interminable e insospechada cadena de “casuales” encuentros.

    La asociación de la física cuántica y lo “ascensional”… Aunque mis conocimientos sobre física cuántica son como mucho primarios, intentaré explicarme ;)
    Según la física cuántica, la realidad material y física, como tal, es tan real (o tan ilusoria) como lo pueda ser cualquiera de las realidades existentes. Si se observa la realidad desde el punto de vista microscópico, una molécula tiene el mismo patrón o matriz que el sistema solar.
    La física cuántica penetra -dentro de las posibilidades de conocimiento y técnica actuales-, hasta lo microscópico, trabajando en ese nivel con la mecánica ondulatoria que afecta y conforma la materia. Observando la realidad desde ese nivel ondulatorio, es posible que todas las probabilidades en tiempo y espacio sean viables; al menos, potencialmente… Se asemeja a la figura del holograma, en donde cada parte de la figura contiene el todo.
    Esta realidad, que para muchos suena a revolucionaria por novedosa, es la base de mensajes esotéricos anteriores a la aparición de los templarios, como “El hombre es un microcosmos dentro del macrocosmos” o “Como es arriba es abajo”. En ese sentido, lo que la física cuántica abre a la mente científica y racional, es la posibilidad de que el hombre no sea una mente encerrada en un cuerpo, sino que -yendo más allá de la aparente realidad dual de la materia- el ser humano sea, como inteligencia, un “punto” de Conciencia -del Ser, de Eso que rige y mantiene el Cosmos y la Vida en orden, gracias a cambios constantes sobre bases inmutables.
    El ser humano, más allá de las formas y sus propias identificaciones y creencias, sería un punto -un fragmento- que contendría en sí toda la Conciencia.
    De igual manera, restaría valor a la mente lógica y racional, pues ésta es incapaz de distinguir su realidad autocreada de pensamientos, imaginaciones y recuerdos, con la que interpreta como realidad “externa” a través de los mensajes que recibe de los sentidos.
    Lo que creo que abre la física cuántica -como explicación para mentes “serias” y “científicas”- es la puerta a la aceptación de que existe una realidad -más allá del patrón o matriz de la materia y las formas-, y que esa realidad sólo es “perceptible” “cognoscible” y “vívida” a través del sentir interior (por denominarlo de algún modo). Una realidad sin espacio, sin tiempo y sin forma.
    Quizás, el afán de la ciencia por descubrir la existencia o no del alma, sirva para que el ser humano -como individualidad- viva por fin su espiritualidad, ajeno por completo a cualquier jerarquía, norma o doctrina: sólo por medio de la pura y directa experiencia.
    Ojalá que así sea.
    Por cierto, que conste que, a pesar de lo que pueda parecer, aún no he tomado ningún chupito ;)
    Ahora soy yo el que os pido paciencia.
    Gracias Blanca, Pablo y a quien lo lea.

  15. Juan, si todo eso lo hubieses contado de viva voz te hubieses tenido que tomar un chupito o más ! Esta bromita es para decir que, para mi, esta “serie de ristra de palabras” me ha ayudado seguramente mucho más al ser escritas, tal y como apunta Pablo. Las puedo meditar, tanto las leídas como las escritas, y seguramente las entiendo y me explico mejor en el lenguaje escrito que en el hablado (generalmente más pobre).
    Vértigo me ha dado lo que expones ! Es como cuando, a veces, me da por pensar como sería si no existiese nada… y termino cayendo en un agujero negro que aún es algo, y lo elimino para imaginar esa Nada y me da vueltas la cabeza. Tela marinera lo que nos cuentas ! Y bonito deseo final, que otro gallo cantaría si llegaramos a ello.
    Pablo, y quien nos diría que aquella primera cita en la cafetería Ríofrio de Colón, con motivo de los libros (benditos sean !) nos llevaría tan lejos !
    Un abrazo para cada uno de vosotros.

  16. Juan: Concuerdo con tu valoración de una tertulia como ésta y con su utilidad para nosotros, y posiblemente para otros, pese a los importantes elementos físicos que forzosamente han de faltarle. Falta que, con todo, se ve en cierto sentido o incluso en gran medida compensada porque aquí el soporte nos permite meditar con más calma nuestras respuestas e intervenciones, un poco como en aquellas partidas de ajedrez por correspondencia de antaño. De hecho, leí vuestros comentarios anoche, tras un día agotador pese a ser sábado, y sólo esta mañana he encontrado el sosiego necesario para leerlos con el detenimiento que se merecen.

    Bonita sugerencia la de dar a conocer a Rosa Montero este humilde hilo “hijo” suyo. Hace tiempo, en esta misma bitácora escribí un artículo sobre el libro “Martina, la rosa número trece” de Ángeles López, y pasado algún tiempo tuve la alegría de recibir un comentario suyo al respecto, lo que me demostró que estos grandes de la escritura actual no son tan ajenos a estos humildes pagos. Podría ver si hubiera posibilidad de hacerlo a través de la página de “El País”. Me consta que es persona muy accesible…

    Tu interesante exposición de lo que la física cuántica supone o entraña desde un punto de vista -digámoslo así- “metafísico” (¡valiente paradoja!) me ha resultado tan clara como interesante. Y no hace más que confirmar, por decirlo de manera algo superficial pero lo suficientemente clara, que, respecto a lo que las diferentes religiones y filosofías dicen acerca de la realidad, los datos arrojados por la ciencia van confirmando cada vez más las lecturas e interpretaciones “orientales” (pienso particularmente en el budismo y en el taoísmo) frente a las de las “occidentales” (empezando por los tres grandes monoteísmos). Se trata de un tema (y antes aún de una vivencia, por supuesto) que me apasiona desde que me acerqué a esas filosofías. Ello me invita ahora a retomar, tal y como lo he hecho con Maslow a raíz del artículo de Rosa Montero y de vuestros comentarios, el libro de Mark Epstein titulado “Contra el yo. Una perspectiva budista”, que leí hace unos años y fue una especie de revelación de algo que ya barruntaba. De las implicaciones (a veces casi “trágicas”, pero no por eso menos necesarias, quirúrgicas) que esta nueva visión tiene para cuantos, en Occidente, nos hemos formado y forjado en la mejor tradición grecorromana y humanista, toda ella centrada en el valor del “yo”, tendremos seguramente ocasión de hablar más adelante. Me interesaba dejarlas tan sólo consignadas aquí.

    Baste lo dicho por ahora, y gracias por tus palabras.

  17. Blanca: Comparto tu misma sensación sobre la facilidad y felicidad de la expresión escrita respecto a la oral, que por supuesto tiene también sus valores, como bien ha puesto de relieve Juan. Lo cierto es que yo, como tú, formo en las filas de los que “se” prefieren escribiendo que hablando.

    Respecto a tu juicio de lo que Juan nos ha expuesto de forma tan comprensible y precisa, indudablemente ello abre unas perspectivas que pueden “marearnos” y hacernos “caer”; mejor dicho, lo que tambalean saludablemente es quizá nuestra autocomprensión del “yo” como valor absoluto y superior, concepción cultural debida a partes más o menos iguales a nuestras dos grandes manantiales ideológicos: el judeocristiano y el grecorromano. Pero es igualmente cierto que, un poco, si me permite Juan, como su experiencia cumbre y límite en el mar, si tenemos el valor suficiente para “dejarnos llevar” con toda la serenidad espiritual y existencial de que somos capaces, hallaremos (o iremos hallando) más fácil responder a desafíos como los de la soledad o la muerte…

    Concluyendo por ahora, el mejor fruto de mi rápido paso por la comunidad “bookcrossera” fue precisamente el de conocerte allí en Riofrío. Y yo tampoco podía imaginar que el rastro de los libros nos llevara tan lejos.

    Gracias a los dos, y a todo aquel que nos lea.

  18. Totalmente de acuerdo en el valor de la escritura frente al lenguaje hablado. De igual modo, tiene la ventaja de que uno puede pulir sus “prontos” y mimar más el mensaje… Como contrapartida, lo que uno dice se lo lleva el viento, pero lo que se escribe… ahí queda; además, en la vida real, creo que es más “sano” y “natural” tener facilidad para comunicar hablando, si bien las palabras usadas hayan de ser más directas y sencillas, sin las matizaciones (que en nuestro deseo de ser preciso puedan quedar a otros ojos como meras fruslerías) que nos permite la visión impresa de nuestro mensaje.
    Creo que aunque Rosa Montero tiene su reconocimiento más que acreditado y ganado por su calidad y esfuerzo, como persona le gustaría si quiera conocer este hilillo, aunque sólo fuera por pura curiosidad. Quizás, quién sabe, llegue a él por “casualidad”. En cualquier caso -y creo que puedo hacerlo extensible a los que por ahora hemos participado- vaya nuestro agradecimiento.
    ¿”Exposición de física cuántica”, dices? ¿Me habré tomado al final los chupitos? ;) Soy un cero patatero en física y química, d´toa la vida… Aquí, entre comentarios, me he sentido en confianza para picotear lo poco que conozco del tema; aunque me alegra que te haya parecido claro.
    Tomo nota del libro de Mark Epstein, “Contra el yo. Una perspectiva budista”. Desconozco a este autor, aunque el título promete. Me ha hecho recordar un comentario de Eckhart Tolle, en el que refiriéndose a la respuesta que dio un maestro budista cuando le pidieron que explicara el significado profundo del budismo, dijo: “Cuando el yo desaparece, desaparecen los problemas”.
    Animado por lo que ha supuesto nuestro encuentro, acabo de escribir una versión del cuento que os comenté de la monja Chiyono. No sé si esto será o no publicidad soterrada… pero si estáis aburridos:
    http://elviajederiddhi.wordpress.com/2007/11/26/chiyono-y-su-balde-con-agua-version-personal-de-un-cuento-zen/
    En su limitaciones, es un efecto de nuestros comentarios a raíz de tu escrito a raíz del escrito de Rosa Montero a raíz de…;)
    Acabo el comentario con una cita del mismo libro de Eckahrt Tolle, en la cual “define” esa realidad “cuántica”:sin tiempo, forma ni espacio, que es todo y nada (¡toma paradoja para nuestra mente racional! ) Dice así:
    “Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo.
    Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quién eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma”.
    Un abrazo,

  19. La Soledad como desafío al que responder gracias a la serenidad, como dice Pablo, y la Quietud, de Tolle citado por Juan, necesaria para encontrarse, se dan la mano, con tierno cariño, como dos amigas íntimas.
    He leído el cuento, Juan, con su música… Que hondo llegan algunos relatos cortos y aparentemente tan sencillos como éste…
    Y ahora, sintiéndolo mucho, voy a poner una nota discordante. Para Rosa M. si algún día, navegando, llega al final de todo esto : me gustas como escritora, me gustas como columnista, pero no puedo olvidar el día en que me dejaste con la palabra en la boca, dándome la espalda. Era un domingo por la mañana en El Pardo, tu paseabas con un periodista, amigo tuyo presumo, y yo con una amiga y mi perra. Intenté darte las gracias por haber estado en el jurado en los concursos de El Refugio en El Espinar (lo cual dice mucho a tu favor), pero tuve que cortar mi frase después de alzar la voz según te ibas alejando, con el periodista en tus talones. Tendrías prisa o un mal día, vaya vd. a saber. Que pena.
    Un abrazo para mis contertulios.

  20. Juan: Es posible que llegue, por “casualidad/causalidad”… ¡quién sabe! Supongo que le haría ilusión ver lo que había suscitado. Esta mañana leí entre las cartas del dominical para ver si había algún comentario sobre su artículo del otro domingo, pero no me ha parecido.

    Efectivamente, me pareció clarísima tu exposición, y si yo he logrado enterarme tan bien de un tema del que conozco tan poco, es señal de que está muy bien explicado.

    Respecto a Epstein, es psiquiatra en la Universidad de Nueva York. Yo tampoco lo conocía: fue el título (en su versión española; el origina inglés es muy distinto) lo que me llamó la atención, pues me hallaba al comprarlo empezando a profundizar en el budismo concebido como nihilismo, o si prefieres, en el componente nihilista del budismo. Ese “Contra el YO” me impresionó mucho en ese sentido, y los continuos subrayados y notas con las que “trabajé” mi ejemplar muestran elocuentemente hasta qué punto lo hallé interesante. Tal vez vuelva a explorarlo ahora, al hilo de este hilo, para ver qué contenidos pueden aportar algo interesante a nuestras inquietudes. Por ahora citaré sólo la máxima de Huang Po con que se abre el volumen:
    “Los seres humanos tienen miedo a perder su mente, temen caer en el Vacío sin que nadie frene su caída, pero ignoran que el Vacío no está, en realidad, vacío, sino que es el reino del verdadero Dharma”.

    Tu relato zen es sencillamente (en sus dos sentidos) perfecto. Nada le falta ni le sobra; llega directo al corazón y transmite varias verdades a un tiempo. Es tarde, y el sueño me cierra los ojos, por lo que me reservo volver más largo y tendido sobre él, pero apunto tan sólo, por ahora, el tema del esfuerzo ascético (¿EM, también? o de la noria de teresiana memoria) frente al de la gratuidad mística (¿EC, también? o de la lluvia etc…; no recuerdo ahora bien, por lo que tendré que releer también el pasaje teresiano en cuestión). Puede ser, si no me equivoco, una de las numerosas rutas de lectura (vislumbro más). Enhorabuena por ahora por tu versión del cuento.

    La cita de Tolle, por último, va desde luego de lleno en esa dirección hacia la que nos dirigimos.

    Un abrazo.

  21. Blanca: Al leer el inicio de tu comentario acerca de la soledad me ha venido a la memoria el hermoso juego de palabras latino: “O beata solitudo, o sola beatitudo” (“Feliz soledad, sola felicidad”). Y es que pocos conceptos como la quietud pueden definir mejor la felicidad auténtica: el placer (para quienes erróneamente identifican uno con otra) es precisamente lo contrario; no hay placer quieto, aun cuando haya placeres sosegados y serenos; pero siempre el placer irrumpe, trastoca y trastrueca cuando no fuera, siempre en los adentros… La felicidad, o la dicha, como me gusta llamarla, no; es como la brisa ligera que percibió el Profeta a la presencia de Yahveh. Así el anillo se cierra: soledad – quietud – dicha. Bueno, perdona si todo esto te parece gratuito (tal vez me lo parezca a mí mañana por la mañana).

    Y hablando de tu nota no tan discordante como crees, comprendo muy bien tu decepción ante semejante actitud. En fin, si todos nos juzgamos acreedores a segundas oportunidades, también habremos de dárselas a los demás , ¿no? De Fernando Fernán-Gómez, sobre todo después del famoso taco que le soltó a un ingenuo admirador, se han dicho pestes sobre su carácter. Sin embargo, leyendo algunas necrológicas escritas por personas que lo habían frecuentado mucho, encuentro que era un dechado de atención y de generosidad para quienes lo rodeaban. Por eso más valdrá, me digo a mí mismo, suspender el juicio aun cuando ciertas actitudes de algunos famosos con los que somos “pueblo llano” nos hieran. En ese sentido tengo unas gran suerte: soy un pésimo fisonomista, incapaz de reconocer ningún rostro famoso aunque lo tenga a dos dedos de distancia. Y además, con lo cortado que soy, no me atrevería jamás a dirigirles una palabra. Algún día escribiré algo al respecto… Ahí queda la amenaza.

    Un abrazo, contertulia.

  22. No me parece nada gratuito, Pablo. Por lo contrario, me parece que es enhebrar la aguja con otro hilo que podría dar mucho de sí …
    Y sí, todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, incluidos los que pegan un resbalón desde el pedestal en el que a veces se ponen ellos y otras les ponemos nosotros mismos. Un mal momento, sin consecuencias, no define para siempre a una persona. De todas formas y ya que hablas de Fernando Fernán-Gómez, aprovecho para decir que su pseudo-mal genio siempre me ha caído en gracia y que tengo un alto concepto de él. Que pena no poder oir más su voz.
    Tu amenaza queda en suspenso, pero no en el olvido !
    Un abrazo.

  23. Tras quedarme con la cruz al aire ;) visito algunos blogs amigos para coger algo de resuello…
    Gracias por vuestra valoración del cuento.
    “Soledad – Quietud – Dicha”. Bien enmarcadas, creo que estas tres palabras señalan la raíz de todo este hilo que entre los tres hemos compuesto.
    Salvo el artículo “El valor de lo sagrado”, no he leído nada de Rosa Montero. Tampoco he leído a Fernando Fernán-Gómez, si bien he visto algunas de sus películas. A mí me gustaba como actor; no sé, me caía simpático sin más. Como persona, he oído algo de él, pero realmente no he indagado en su vida. Que al final se hiciera un tanto huraño, quizás fue por la manera en que asumió -o no pudo o supo asumir- su paso por la vejez. Eso, me parece que sólo él lo sabe.
    Por cierto… ojalá germine la semilla del hilo poético al que su capilla”ardiente” dio origen… Así es la vida ;) : Siempre sigue.
    Un abrazo a ambos,

  24. Blanca: Si el hilo ha resistido la prueba de la luz del día, y sobre todo tu confirmación, algo de verdad habrá en él.
    Y respecto a ciertos cascarrabias, a mí también me suelen caer bien (tal vez porque así me justifico un poco).
    La amenaza en suspenso… con tu memoria, no tengo escapatoria, me temo. Ya llegará…

    Juan: Me alegra tu refrendo de ese trinomio tan “bien relacionado”.

    De Rosa Montero, un buen amigo puso en mis manos algunas de sus novelas (yo sólo la conocía por algún que otro artículo), y tengo que decir que, no frecuentando yo prácticamente en absoluto la novela contemporánea española, me gustaron. Vi en ellas mucho oficio y gran cultura (lo que no es poco en estos tiempos), y (detalle aún más importante, a mi juicio) ambos sabiamente ocultos, por lo que no resultan exhibidos o invadentes como los de otros que yo me sé…

    Concuerdo también en el aprecio de Fernán-Gómez en su faceta actoral. “El último caballo” y “Vida en sombras” me parecen redondas al respecto (¡y no sólo porque en la última lo acompañara mi espléndida e idolatrada María Dolores Pradera!), y en su vertiente cómica, su versión de “Morena clara” con Lola Flores, por hablar sólo de algunas…

    Respecto a la semilla del hilo poético, temo haberte decepcionado. Tuve que hacer de Átropo, sacrificando algún jaiku de los que tanto me gustan. Aunque, como dices, y pese a ello, la vida sigue.

    Un abrazo a los dos, amigos.

  25. Buenos días, vivo en Colombia. No se bien si este es el conducto para mi solicitud, pero tengo mucho interés en conocer mas sobre la escritora Rosa Moreno. POdrían ponerme en contacto con ella por favor? gracias, Clara Chica

  26. Estimada doña Clara: Supongo se refiera a Rosa Montero. Creo que, al ser colaboradora del diario “El País”, puede usted encontrar en la página web de éste (www.elpais.com) una dirección de correo electrónico de contacto en la que puedan complacerla.
    Esperando haber respondido cumplidamente a su amable solicitud, la saludo atentamente.

    Pablo Herrero

  27. Hola

    Me ha parecido muy interesante vuestro post, gracias por compartirlo, pero en vuestro planteamiento se hecha de menos comentarios relativos a su relación con el aspecto religioso, a su relación y conexión con Dios?
    El planteamiento de Maslow relativos a la realización y a la felicidad, representado graficamente con un triángulo o pirámide, no podría también tener ésta connotación?Siempre que se habla de escalones y gradaciones se llega a lo absoluto, a la perfeccion, … creo que tendrían que ver estas experiencias con ello.

    Un saludo

  28. Estimado… Anónimo:
    Gracias por su aprecio de este artículo y de la larga y enriquecedora discusión a la que da lugar.
    No era nuestro intento, ni creemos que tampoco del artículo de Rosa Montero que glosábamos, explorar todas y cada una de las facetas de la vida humana que pueden ser cauce o vehículo de experiencias cumbre. La religiosa es, por supuesto, una de ellas (decimos la religiosa aunque no necesariamente la teísta, como parece Vd. apuntar al poner en el mismo plano el “aspecto religioso” y la “relación con Dios”: hay religiones sin Dios, e incluso sin dioses).
    Si desea Vd. profundizar en la relación entre experiencias cumbre y el fenómeno religioso, no podemos sino recomendarle el valioso librito de Maslow cuyo original inglés citábamos arriba (“Religiones, valores y experiencias cumbre”), y del que seguramente exista edición en español.
    Sería bonito que nos mantuviera informados de sus descubrimientos y vivencias al respecto.
    Un saludo muy cordial.

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