Amar al pueblo judío

Cardenal Martini Siempre hemos admirado y querido al cardenal Martini, una de las figuras más lúcidas del catolicismo contemporáneo, gran biblista, jesuita extraordinariamente abierto a todo lo humano y magnífico arzobispo de Milán durante veintidós años. A todos esos motivos se añade para nosotros, ya en lo personal, el hecho de haber estudiado durante ocho años en el mismo instituto de jesuitas que él frecuentó, el Istituto Sociale de Turín; pequeña coincidencia biográfica que ha contribuido a hacernos más familiar y afín su figura.

Retirado ya por motivos de edad de responsabilidades pastorales directas, pero dedicado en cuerpo y alma al estudio de la Biblia y a la promoción humana mediante esa pluma y esa palabra que tan sabiamente maneja, acaba Martini de publicar en uno de los últimos números de «La Civiltà Cattolica» un artículo sobre el próximo Sínodo de los Obispos en el que desliza la siguiente afirmación (en traducción propia):

Menorá en antigua sinagoga jud�a de Córdoba

He reiterado en varias ocasiones que no basta con evitar todo sentimiento antisemita. Hay que llegar a amar al pueblo judío en todas las expresiones de su vida y cultura: su literatura, su arte, su folclore, su religiosidad.

 

No hay voz sensata y auténticamente humana que no clame contra el antisemitismo. Pero a pocas, o quizá a ninguna, habíamos oído hasta ahora exigir ese algo más: amar al pueblo judío.

Una nueva lección magistral de un verdadero príncipe de la Iglesia.

14 comentarios para “Amar al pueblo judío”

  1. inthesity Dice:

    ufffff, que cuesta arriba me lo pones, yo amarles, amarles como a cualquier otro, vamos que sí, pero su cultura, su arte, su lado ultraortodoxo (vale sólo de algunos) etc, mira a veces si y a veces no, el ultrao nunca. Dejandonos de chorradas, por una vez la iglesia tiene razón, que ya es difícil que yo esté de acuerdo con ellos, con casi ninguno de ellos, porque al que dice algo sensato lo acaban excomulgando…

  2. eldoctorhache Dice:

    ¿A que sí? Estoy de acuerdo con que amar a un pueblo es algo distinto de amar a cada uno de sus integrantes (lo cual sería manifiestamente imposible). Es algo, como resulta evidente, completamente distinto. Comparto contigo la misma dificultad a la hora de estar de acuerdo con la mencionada institución en algo, pero ya ves, de vez en cuando (por desgracia, muy de tarde en tarde… ;) se obra el milagro…
    Gracias por tu comentario, Inthe. Un honor y un placer empezar la semana leyéndote.

  3. juanarmas Dice:

    Creo que hay que amar, o quizás baste con respetar, la libertad de creencias y contrastes que nos hacen distintos como razas, aunque iguales como humanos, en nuestra naturaleza. Quizás, aparte de ese respeto, sea también necesario olvidar los prejuicios y la versión sesgada de la historia, y perdonar, como primer paso del olvido. Pero no sólo al pueblo judío, sino a todos lo que -con sus etapas de luces y sombras- pueblan hoy en día este, también, único planeta.

    Interesante artículo,

    Juan

  4. eldoctorhache Dice:

    No sé a qué pudo deberse que tu comentario no apareciera en cuanto lo publicaste. No modero los comentarios, y sé que WordPress suele poner en cuarentena los que traen enlaces en el cuerpo del texto hasta que el administrador los autorice, pero éste no es el caso.

    Respecto al contenido de tu comentario, estoy de acuerdo con lo que dices. El hacer hincapié en el pueblo judío no excluye, por supuesto, practicar lo mismo con todos. Lo que pasa es que, por su particular y sufrida historia, quizá necesite más que otros no ya tan sólo clamar contra la animadversión destructiva de la que ha sido víctima desde hace dos mil años (”pars destruens”, por decirlo con Bacon), sino, sobre todo, un especial “amor” que en alguna medida compense el gran odio del que ha sido objeto (”pars construens”). El símil de una familia que, amando por igual a todos los hijos, rodea de especiales muestras de cariño al que, de ellos, es más necesitado por una determinada condición, tal vez no esté fuera de lugar.
    Por último, diré -eso sí- que si hay un pueblo al que como tal nada le tenemos que perdonar, sino muy al contrario, ése es el judío.
    Gracias por tu aprecio e interés, Juan. Un saludo muy cordial.

  5. juanarmas Dice:

    Estimado Pablo. Como bien sabes por tu oficio, a veces las palabras dan a entender un posicionamiento -por antagonismo a lo expresado- que suele ser erróneo; de ahí parten muchos de los prejuicios y las incomprensiones que crea el lenguaje. Releyendo lo escrito, comprendo que alguien pueda pensar que discrepo del deseo que da titulo a tu artículo.

    A lo que me refería era al hecho de que ha de llegar un día en que todos los pueblos o etnias puedan verse y respetarse sin cargas de pasado alguno; sólo así será posible la fraternidad entre todos los pueblos de la Tierra. Sé que esto es hoy en día una utopía, pero si sigue habiendo odio y resentimiento, el camino hacia la paz nunca tendrá salida.

    El pueblo judío es tan digno como cualquiera de los grandes grupos étnicos que han poblado y pueblan este planeta. Al margen de creencias, ahí están sus gestas, sus personajes y su importancia en el curso “reciente” de la historia. Sin embargo, respetuosamente, y con la confianza que –creo- nos hemos ganado, he de decirte que no comparto tu última afirmación: hoy en día, no hay pueblo al que no haya de perdonársele alguna clase de tropelía; bien, por motivaciones ideológicas o económicas, o bien por meras razones políticas. Cierto es que se les ha considerado –injustamente, como sería con cualquier otro pueblo del planeta- un pueblo “maldito”.

    Gracias y un cordial saludo,

    juan

  6. eldoctorhache Dice:

    Estimado Juan: Suponía que antes o después se iba a realizar el deslizamiento semántico que me temía, y al que desde luego no creo haber dado lugar en mi comentario (ni Martini en sus palabras): la identificación entre el pueblo judío y el gobierno del estado de Israel.
    Quien me conoce (y una persona en especial, muy filojudía, por cierto) sabe muy bien cómo me escandalizo cada vez que, ante un artículo de algún columnista en el que se critica una determinada acción bélica y/o política del gobierno de turno del estado de Israel, el fogoso embajador de éste en España se cree en el deber de escribir la correspondiente carta al diario en cuestión, tildando en el mejor de los casos de antisemita al columnista que se ha atrevido a criticar la política del estado de Israel. La pobre Maruja Torres ya ha experimentado semejante anatema en más de una ocasión…
    Por eso me importa detallar mi pensamiento: amar al pueblo judío, un pueblo presente desde la diáspora en las sociedades del mundo entero, no implica de modo alguno asentir o dar un cheque en blanco a toda opción política del estado de Israel. Por eso me atrevo a negar la mayor: nada se le ha de perdonar (sino más bien lo contrario) al pueblo judío como tal, pues se trata de una entidad bastante más amplia, conceptualmente hablando, que el estado concreto de Israel. Los despropósitos que éste pueda cometer (admitiendo que sean tales, lo que habría que dilucidar caso por caso) como estado de derecho no son, a mi juicio, achacables ni imputables al pueblo judío como tal, sino, todo lo más, a los gobernantes de ese país o incluso, en sentido lato, a los ciudadanos que los eligen.
    Estas confusiones son la consecuencia lógica de la construcción de estados que aspiran a ser identitarios en uno u otro sentido. Ayer Israel, hoy Kosovo… Pero ésa es otra historia, creo yo.
    Gracias por tu comentario, Juan, que entre otras cosas me ha dado modo de hacer esta aclaración.

  7. juan Dice:

    Pues si el comentario ha propiciado que hagas esta necesaria aclaración, me alegra haberlo realizado.
    Gracias por ello.

  8. eldoctorhache Dice:

    Releyendo mi comentario y el tuyo en el que me basé, creo necesaria, estimado Juan, y te debo una explicación. En ningún momento has hablado tú del estado de Israel: sólo fue conclusión lógica que saqué de tu afirmación de que “no hay pueblo al que no haya de perdonársele alguna clase de tropelía”. Como, repasando someramente la historia del pueblo judío no encuentro -pues la historia no me los proporciona- motivos que sufraguen la existencia de esa tropelía, saqué la consecuencia de que con ello te referías al estado de Israel, al que sí se pueden achacar, en mi opinión, aun con todas las reservas del caso.
    Si estimas que la conclusión que saqué fuerza tu razonamiento, haciéndole decir cosas que no estaban en tu intención, gustosamente te pido desde ahora disculpas por mi precipitación.
    Gracias de nuevo y un saludo muy cordial.

  9. juanarmas Dice:

    La vida seguirá su curso al margen de nuestras “disquisiciones”, amigo Pablo. “Hablamos” desde el respeto y la camaradería. Esa misma afinidad nos permite (y así lo espero y deseo) expresarnos con cálida ligereza, sin que “temamos” que nuestros comentarios sean tomados -al menos, entre nosotros- “ad pedem literae” :) Después, al ser públicos, que quien lo lea extraiga lo que le venga a cuenta… Es ley de vida.

    Que tengas buen día,

    Juan

  10. sombraschinescas Dice:

    Si mal no recuerdo un tal evangelista llamado Juan dijo en una de sus cartas: “Si alguno dice “AMA a Dios” y aborrece a su hermano es un mentiroso; pues quien no AMA a su hermano, a quien ve, no puede AMAR a Dios a quien no ve.” Estas palabras no llevan a una clara conclusión, para AMAR es necesario algo: CONOCER. Y en la sociedad, actual y presente, nos dejamos llevar siempre, bueno maticemos casi, a opinar y creer saber más que nadie de todo y sobre todo, incluso muchas veces más que aquellos que son o pertenecen al objeto en discusión. La HISTORIA con mayúsculas muestra que el pueblo judío ha sido objeto desde largo tiempo, tanto como quizá la historia de la humanidad objeto de odio e inquina por parte del resto de las naciones - Egipto con su faraon- Asiria- Babilionia- Nabucodonor 1ª destrucción de Jerusalen en 607 a E.C., Persia, Roma -con Tito la 2ª y definitiva destrucción de Jerusalén bajo el General Tito en 70 E.C. ya antes Cestio Galo había intentado llevarlo a cabo pero sin conseguirlo. Después la historia nos muestra como tanto Francia, Inglaterra y nuestra querida España tuvieron un trato de suma delicadeza con el pueblo judío. Quien lo iba a decir cuando aparentemente eran y son objeto de discriminación por la mayoría de la gente- Yo de pequeñito cuando quería ofender a alguien le llamaba “judío” -¿Suena? Actualmente suenan los mismos prejuicios sobre ellos y bajo la dictadura de Videla en Argentina los que eran sometidos a las peores torturas eran precisamente los judíos -claro tanto nazi oculto en ese país-. Nuestra amada Maruja Torres hace bien en mostrar su posición pero como se dice en su tierra ” se l’hi veu el llautó”, vamos que se ve de que pie cojea, ni más ni menos que como a mí. Por que no hace nunca mención a los niños judíos que son asesinados en los atentados llevados a cabo por su “defendidos” palestinos? ¿O acaso no hay? Los prejuicios sigen vigentes, por falta de conocimiento. Todos los pueblos y todas las personas son susceptibles de ser catalogadas como buenas y malas, pero lo cierto es que la mayoría nunca es totalmente buena ni totalmente mala, SOMOS.
    Y si nos molestáramos en derribar prejuicios e ideas preconcebidas, sobre judíos y gitanos, árabes y rumanos, etc y etc. con todas seguridad el mundo, nuestro mundo y sociedad sería mucho mejor y más agradable de vivir, estoy seguro. Y sobre todo después de leer ese espléndido y magnifico libro que Ud. me regaló “Los Hundidos”
    Es simplemente una opinión, válida como todas, pero la mía.
    Un fuerte abrazo.

  11. eldoctorhache Dice:

    Antes de contestar a Juan y a Sombras, transcribo el comentario que el propietario de la bitácora El Ángel de Olavide (vínculo en “Bitácoras frecuentadas”, de la columna derecha) ha intentado infructuosamente dejar aquí (misterios de la tecnología):

    “Desde no hace muchos años es frecuente encontrarse por las calles de Eloy Gonzalo, Álvarez de Castro, Iglesia y Olavide a gentes con la preceptiva kipa judía. A rabinos de negro con su sombrero flexible. Entrar en comercios y carnicerías kosher. Y dar con establecimientos donde luce la estrella de David, discreta o ostentosamente. No es extraño encontrándose la sinagoga en las proximidades. A veces niños y niñas judías con sus coloridas y largas faldas y sus pieles claras y pálidas alegran la vista del parque infantil de Olavide. Puedes, incluso, pasarte por el restaurante La Escudilla de la calle Santisima Trinidad- que paradoja tratándose de un restaurante judío- y pedir unos excelentes pinchos y keftas kosher con aroma y recuerdos a Tetuán al tiempo que charlas con la dueña de todo lo divino y lo humano.

    Ese paisaje humano tan abigarrado formado por judíos asquenazíes procedentes de Israel, por rabinos neoyorquinos, por judíos argentinos, te hace viajar con la imaginación a las juderías medievales españolas del siglo XIII y XIV. Para alguien de mi generación ignorante durante tantos años de ese mundo nos parece que vivimos escenas perdidas en la memoria o solo encontradas en las películas de Woody Allen.

    Puede que para algunos la convivencia con los judíos fuese algo mas normal. Por ejemplo para los españoles de Tetuán o Tánger. O para aquellos mas cosmopolitas que tuvieron la ocasión de vivir en países como Holanda, Francia o Italia como tu, Pablo. Pero para nosotros los niños de los 50 o los 60 era imposible que tuviésemos, ya no un contacto directo, físico, con vecinos judíos, siquiera un contacto cultural o histórico con el pueblo de Abraham. Todavía la misma palabra, judío, suena en nuestro interior como algo agresivo, extraño y hasta sucio. No fue casual. Judíos, masones y comunistas personificaban el mal en su enésima potencia. Los judíos eran solo aquellos que mataron a Jesucristo. Así de crudo y así de cruel. Pero por que engañarse. Existió la leyenda de que Franco ayudo a los judíos. Hay documentos que acreditan que hubo diplomáticos españoles, en Hungría, Dinamarca y otros sitios que procuraron visados a los judíos que deseaban huir de la Europa en guerra vía Lisboa o Gibraltar. También existe la leyenda negra que habla de personajes como Cesar González Ruano que se aprovecharon abjectamente de judíos franceses. No soy un estudioso de ese tema pero me imagino que habrá tesis para todos los gustos. Alguien me dice que en España mas que el odio a los judíos proyectado por el régimen de Franco lo que existió en la posguerra fue mas bien un gran desconocimiento.

    Es ya en nuestra madurez que empezamos a tener un contacto con la historia judía. No fue fácil. El conflicto árabe-israelí se cruzó en nuestra historia de una manera maligna. Y la visión del Holocausto no nos pudo llegar a nosotros mas que por historias contadas por terceros. No teníamos puntos de referencia propios que nos ayudasen a entender todo esto. Fue al principio, la literatura. Primo Levi, especialmente. Nuestra historia literaria. Nuestra historia contada por primera vez desde la independencia y el rigor. Castro. Vicens Vives, Caro Baroja.

    Pero sobre todo fue nuestro contacto físico con los primeros judíos que pudimos conocer lo que nos permitió entender esa historia no escrita en los libros. Los argentinos que llegaron a mediados y finales de los 70. Bien que muchos de ellos plenamente desafectos al plano religioso judío pero orgullosamente fieles a su procedencia étnica y racial. Ya se nos hace familiar alternar con personas como Mimo Mawas o conocer en nuestras actividades políticas a gentes como Moisés Cohen y otros muchos. Viajar a Marruecos y conocer a maravillosas mujeres judías, a amigos como Martín Prado Foenkinos. Y aprender de ellos y con ellos como es posible mantener la doble identidad de españoles y judíos.

    Luego he conocido a otros muchos. Algunos hasta forman parte de mi familia. Religiosos, ateos. De izquierdas, de derechas. Ricos y pobres. Artistas y trabajadores. Ninguno me ha defraudado. Ninguno me ha obligado a dejar de pensar a favor de los palestinos. Ninguno me ha pasado lecciones sobre el Holocausto como asignatura obligada.

    Escribo después de visitar la exposición de Modigliani, en la Casa de las Alhajas. Hijo de judíos sefarditas. Compañero en el Paris de 1910 y 1920 de gentes como Max Jacobs, Chagall y tantos otros judíos europeos y americanos. No se entiende la alta cultura y ciencia europea del siglo XIX y XX sin ellos. Sin Einstein, sin Chaplin, sin Mahler, sin Kafka, sin Wilder. Como tampoco se entiende nuestra propia historia sin Maimonides.

    Pero bueno, yo no he venido a la página de mi amigo Pablo a hablar de historia. Venía a comentar su entrada sobre el cardenal Martini. Dice Martini que tenemos que querer a los judíos. Estoy totalmente de acuerdo. Mucho mas aquellos que como nosotros no nos fue dada la ocasión de compartir nuestra infancia con ellos. Los que tuvimos que superar tantos años de ignorancia y de manipulación. Lo único que si que me gustaría decir es que tambien me encantaría que la Iglesia Católica se sintiese aludida por el mensaje de Martini. Que la iglesia de Cristo reconociese a Cristo como judío y se olvidadase de aquellos que le sacrificaron. Que revisase toda la estética de la Pasión. No creo que sea mucho pedir, aunque a veces…uno duda sobre la salud mental de tanto obispo y tanto meapilas que dirijen el curso de la iglesia española……”.

  12. eldoctorhache Dice:

    No resulta fácil contestar a tan buenas y documentadas intervenciones como las 3 últimas, pero me esforzaré en hacerlo con mucha sencillez y brevedad (eso espero, por lo menos).

    JUAN: Desde luego, con ese espíritu que tan bien defines escribimos y comentamos. Lo demás, efectivamente, ya no depende de nosotros.

    SOMBRASCHINESCAS: Desde luego su “excursus” histórico de la persecución a los judíos, con ser detallado, se ha quedado corto: bastaría con hablar de los “progroms” de tantos actuales países de Europa en la Edad Media y posteriores, o de la absurda expulsión decretada por los Reyes Católicos, y aún faltaría… Y coincido en que no sólo a Maruja Torres, sino a todos se nos ve más o menos “el llautó”. Eefectivamente, no recuerdo ninguna columna suya lamentando los atentados contra la población israelí, con niños incluidos entre las víctimas. También concuerdo en que la falta de conocimiento contribuye a la fijación y permanencia de estereotipos y perjuicios. Ojalá fuera sólo ello, ya que, de ser así, bastaría con educarse y educar (con el “conocer” que tan bien glosa Ud. en su aspecto biblico), con “viajar” (no sólo o no tanto en lo físico, sino en lo humano, y aun en lo libresco, que leer es viajar), para que se fueran derribando en cada uno, cual castillo de cartas, esas ideas preconcebidas. Nosotros, por lo menos, estamos en ello, ¿no?

    ÁNGEL: Lo de la Santísima Trinidad tuvo doble paradoja: por un lado por ubicarse en ella, como bien indicas, la Sinagoga de Madrid, y por otro por ser, en tiempos de la no menos santa Transición, sede del Partido Comunista… Nada raro, por demás: ¡en Turín la sinagoga (un espléndido edificio de estilo orientalizante, algo mazacote pero monumental) se encuentra en la calle dedicada al papa San Pío V! Hablas de la convivencia con judíos en la España de nuestra infancia (y de la de Sombraschinescas) y en efecto, era dificílisimo dar con alguno (dicho con humor negro muy judío: España se quitó con varios siglos de antelación el “problema” judío de encima, de ahí que no hubiera quedado ni uno…). Yo en cambio, no sólo y no tanto por vivir en el extranjero, sino más bien porque mis padres trabajaban en la OIT de Turín, en un ambiente cosmolopolita a más no poder, pude conocer a muchos judíos de toda lengua, nación y condición (las Naciones Unidas, por lo menos en los años 60/70 contaban con muchos funcionarios y altos cargos de esa procedencia). Algún día (lo digo siempre) hablaré de éstas y otras cosas, al hilo de este “hilo”. Respecto a la actitud de la Iglesia, hubo un buen gesto en tiempos de Juan XXIII, cuando, al reformar el ritual de Semana Santa, se quitó, por voluntad expresa del “Papa buono” la referencia a los “perfidi Iudaei”. No es mucho, desde luego. De ahí que sean de agradecer palabras tan sensatas y justas como las de Martini.

    Gracias a los tres por vuestros comentarios. Shalom!

  13. Mado Dice:

    No me es posible amar a todo un pueblo: estos amores en bloque me resultan inviables.

    Me interesan enormemente ciertos aspectos culturales de los judíos, y estudio con gusto, como parte de mi especialidad, los avatares de algunas familias conversas en Madrid durante el siglo XVII. Últimamente he seguido de cerca una persecución inquisitorial contra los conversos portugueses pobres que vivían en lo que entonces se llamaban “barrios altos”, y que se corresponde con la zona actual de la Corredera de San Pablo y aledaños.

    Los judíos fueron expulsados en 1492, pero buena parte de su cultura permaneció entre nosotros durante siglos.

    Un saludo

  14. eldoctorhache Dice:

    Todo está, en efecto, en ponerse de acuerdo sobre la acepción del verbo “amar” en este caso concreto. Por supuesto no se ama a un pueblo como se ama a una persona. En el primer caso, parece evidente que la acción de amar implica y describe una simpatía o empatía hacia los valores, costumbres o vivencias encarnadas por un pueblo.

    En otro orden de cosas, y como madirleño enamorado de la historia de su ciudad, me resulta muy interesante el tema de tus investigaciones. Que hubiera en aquella zona de la Corredera, la Puebla y Ballesta, una colonia portuguesa lo prueba precisamente uno de los dos títulos que tiene, por lo menos en el habla popular, la magnífica iglesia de San Antonio, también “de los Portugueses”. Pero desconocía lo de esa persecución inquisitorial. ¿Nos tendrás al corriente de los frutos de tu investigación? Por mi parte, te quedo muy agradecido de antemano.

    Un saludo muy cordial, agradeciendo tu comentario.

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