Los machitos

En España están en todas partes, como una plaga. De toda extracción social, profesión y procedencia. Desde el gañán manchego reconvertido en «paleta» hasta el ejecutivo de Chamartín con título del ICADE. Solos no valen nada; sólo viven en manada, y hasta para copular han de ir en tropel al pretencioso meublé o al esperpéntico burdel de carretera.

Los reconoceréis por sus vozarrones, por sus tacos e interjecciones, por sus tripas cerveceras. Por sus motos arrolladoras, sus todoterrenos invasores, sus casas de mal gusto, sus negocios sucios y sus desventuradas mujeres, objetos todos (y estas últimas más objeto aún que los anteriores) que el machito exhíbe como ideal prolongación de su miembro, siempre desmesurado en sus también ideales ponderaciones. Sólo saben hablar, o mejor dicho berrear, de hazañas de fútbol, de cilindradas de motores y de atributos de mujeres (que para ellos vienen a ser como la cilindrada de éstas).

Vomitan insultos contra los inmigrantes, los mismos que tienen que aguantar sus impertinencias detrás de las barras de los bares, cuando no reírles las gracias. Pero, llegado el caso (¡el de machito es un cargo que entraña no pocas obligaciones!), no le hacen ascos a la rumana del puticlub o a la negrita de la calle de la Ballesta.

Sólo se alimentan de carne: la metafórica del honor de los que no forman parte de su tribu (divididos, según sexo, en putas y maricones) y la literal del chuletón de buey. Diríase que la sangre tiene para ellos un atractivo especial. Ni podría hacérseles mejor regalo que una de esas denigrantes matanzas, ampliamente publicitadas, donde el rito ancestral del sacrificio de un cerdo se transforma en motivo de espectáculo y jolgorio para machitos urbanos en busca de emociones nuevas. Doquiera que en España se maltrate y torture a un pobre animal, allí veréis una nube de machitos. Abandonando perros, alanceando toros, decapitando gallos, ahorcando galgos y haciendo cacerías de inofensivos gatos son auténticos maestros. Y luego nos sorprende que de semejantes semilleros salgan los especímenes que matan a su pareja.

Otra característica tiene el machito de estas tierras: bajo su elegante traje de Armani o su vaquero y camiseta de Alcampo, a poco que rebusquéis, siempre sacará el machito, como el pavo real su cola, un admíniculo racial: la pulserita con los colores patrios, el llavero con el busto de su Caudillo o el celular con el insufrible soniquete de la Marcha Real.

Por eso, entre otras cosas, a muchos nos da vergüenza este país y pertenecer a él.

9 comentarios para “Los machitos”

  1. Angel de Olavide Dice:

    Extraordinaria descripción. No hacen falta mas comentarios.

  2. Enrique Dice:

    Sinceramente, has dado en el clavo, pero has sido benévolo. El machito (también llamado “sietemachos”), escupe las palabras, alardea de su condición y se jacta públicamente en vocinglera ostentación. Como bien dices, da un poquito de asco tanta miseria humana. Hay demasiada palurdez en nustro terruño. A ver que nos depara este mes de Marzo.
    Saludos.

  3. eldoctorhache Dice:

    Queridos amigos: Perdonad por el retraso en acusar recibo de vuestros siempre gratos comentarios. He pasado, junto con mi familia, un fin de semana alejado de ordenadores y de Internet, y sólo ahora los he podido leer.
    Gracias por tu apreciación, Ángel, tan rotunda.
    Y gracias a ti, Enrique, por tu añadido: en verdad no se acabaría nunca, al trazar una “fenomenología” de casos humanos como éste.
    ¿Sabéis? Hacía mucho que quería “explayarme” un poco a este respecto. En mis familias materna y paterna, de diferente extracción social y nivel cultural, jamás he encontrado ese espécimen (bueno, ahora que lo pienso, uno sí, si bien muy lejano). Me crié y crecí en el extranjero, donde no encontré esos rasgos, por lo menos tan evidentes y generalizados. Y al volver a España, hace ya más de 20 años, a una España que me supuse cambiada, ahí seguían, bajo nuevas formas, pero tan bárbaros como siempre. Y me veo envejecer (en el cuerpo, que no en el espíritu) y sigo rodeado, en el bar, por la calle, en el metro, de esa lacra humana. Les tenía ganas. Y la terrible foto del otro día (que querría no haber visto, pero me la encontré ahí, fatal, al girar la página del periódico) del “machito” toledano chorreando sangre (que ojalá fuera suya) y exhibiendo su triunfal presa de indefensos e inofensivos gatos, me convenció. Ahora, gracias a vuestros comentarios, veo que hice bien, y no es poca satisfacción.
    Un saludo muy cordial a ambos.

  4. peregrino Dice:

    Dos caras estimado Dr. H, de acuerdo con tu descripción de los cretinos esos, en todos lados hay, con algunos razgos locales por decirlos así, pero el tipo, es decir, el animal en estudio es en el fondo el mismo.

    Pero con lo que no estoy de acuerdo es con que te averguences de tu país, que él no tiene la culpa que esos mamarrachos florezcan en tu tierra, la culpa es de quienes toleran y promueven esas hierbas malas. Mi país, pobre y tercermundista, tiene muchas complicaciones pero no creo que jamás me averguenze de vivir acá, me averguenzo de algunas de sus gentes, pero esa es otra cosa.

    Nos leemos.

  5. eldoctorhache Dice:

    Peregrino: De acuerdo en que, con pequeñas modificaciones locales, se trata de una especie muy repartida por el globo terráqueo. Yo, como es natural, describí la variedad que tengo más (muy a mi pesar) observada.
    Respecto a lo otro observación, es la tuya, Peregrino, una objeción muy buena. ¿Hasta qué punto cabe identificar al país con un grupo, más o menos grande, de sus naturales? O, dicho de otra forma, ¿hay país fuera y por encima de sus habitantes?
    No tengo, por ahora, respuesta a tan interesantes preguntas, que han dejado en mí una siempre saludable y fértil duda.
    Por eso, por ahora, muchísimas gracias, Peregrino.

  6. Anacleto Dice:

    O la camiseta del Che, el pañuelo palestino, la bandera republicana…

    Los hay a ambos lados.

  7. eldoctorhache Dice:

    Que personas con actitud machista puedan coexistir con cualquier opción política, no seré yo quien lo niegue. Hasta en los colectivos que son objetivo directo de los ataques machistas hay personas que lo son: los hay entre los homosexuales o entre las mismas mujeres, por poner dos casos.
    Pero poco o nada tiene que ver eso con el tipo de persona y conducta que he querido estigmatizar en mi artículo. Los “machitos” en cuestión son, en su grandísima mayoría cuando no práctica totalidad, de inclinación y talante derechista, por lo menos en Madrid y en la zona centro de España, única de la que puedo hablar, por desgracia, con competencia: a la experiencia de todos y de cualquiera al que no le ciegue el partidismo me remito. O vengan, si no, camareros a decirnos cuántas celebraciones de empresa de “machitos” (subgénero encorbatado) han acabado al compás de la “Marcha de Riego” o de “La Internacional” en vez de con el “entrañable” y racial “Cara al sol…”.

  8. Landahlauts Dice:

    De estos indeseables hay por todos lados…
    Los has bordado!!!

  9. eldoctorhache Dice:

    Querido Landahlauts: Agradezco mucho tu halagador comentario, aunque, bien mirado, mejor sería no tener ni idea de semejantes especímenes por no haber tenido que sufrir su presencia, ¿no? Pero, en fin, si los he bordado o aun sólo zurcido, espero haberlo hecho, por lo menos, con hilo negro…
    Gracias de nuevo y un saludo muy cordial.

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