Mi querida hija Hildegart
El drama del asesinato de Hildegart Rodríguez por mano de su madre siempre ha estado presente en la memoria de nuestra familia materna, toda vez que nuestro abuelo, el periodista, traductor y escritor Luis Hernández Alfonso conoció y trató muy de cerca a tan precoz publicista y se movió en el mismo círculo de sus actividades e intereses. Coincidieron, además, en la Editorial Morata, donde publicarían varias obras: una de las de Hernández Alfonso, Eugenesia y derecho a vivir (Madrid, 1933), entra de lleno en una de las temáticas preferidas de Hildegart, si bien discute y rebate muchas de sus tesis. Hace algo más de treinta años, cuando Fernando Fernán-Gómez preparaba su película Mi hija Hildegart, nuestro abuelo, que moriría poco después, en 1979, aportó datos y detalles a los guionistas: no en vano había sido una de las últimas personas en ver viva a la jovencísima activista. De ahí que, desde muy pequeños, el delirio de doña Aurora Rodríguez Carballeira y la trágica figura de su hija nos hayan resultado familiares.
En agosto de 2007, la escritora barcelonesa Carmen Domingo nos escribía para recabar información sobre Luis Hernández Alfonso para el libro que sobre Hildegart estaba preparando para la editorial Destino, y que acaba ahora de publicarse con el título de Mi querida hija Hildegart en la colección «Imago Mundi». Respondimos gustosos a su amable requerimiento y proporcionamos a la autora la información de que disponíamos, diciéndonos dispuestos también, si lo juzgaba necesario, a facilitarle el texto de la obra de Hernández Alfonso sobre temas eugenésicos, así como un entrevista de éste a Hildegart, aparecida el 20 de marzo de 1932 en la revista «Nuestro Tiempo» bajo el título Una charla con Hildegart Rodríguez, de inminente publicación en nuestra bitácora Los Hernández. Ahí acabó todo, en el sentido de que nuestra comunicante no volvió a contestarnos, dejándonos, como suele decirse, con la palabra en la boca.
Estos antecedentes explicarán bien el por qué una persona muy próxima, sabedora de los mismos, nos obsequiara con el libro de Carmen Domingo recién salido al mercado, así como la gran curiosidad con que nos pusimos a leerlo: curiosidad que fue dejando paso a la decepción y a la indignación a medida que nuestra lectura avanzaba. Digamos ante todo que si un mérito tiene Mi querida hija Hildegart es que su autora ha consultado las hemerotecas y reproducido documentos originales, si no propiamente inéditos sí de difícil localización. Ha dado mayor relieve a la figura y al punto de vista de la paranoica doña Aurora y con ello nos ha brindado acceso a los entresijos del espeluznante dúo y de la morbosa simbiosis que formaban madre e hija. Pero mucho mayor habría sido el mérito de la autora, y bastante más apreciable su labor y estimable su esfuerzo, si una larga serie de errores y descuidos no jalonara su obra, que acusa por un lado graves carencias en el rigor metodológico (incomprensibles en una escritora que cuenta con una nutrida serie de ensayos históricos de corte y tema feminista) y, de consuno, gran dejadez en la revisión y corrección del texto por parte de la editorial. Veamos seguidamente una serie de botones de muestra de ambos defectos.
Hildegart, nacida el 9 de diciembre de 1914 y asesinada por su madre el 9 de junio de 1933, tenía al fallecer exactamente 18 años y medio. Basta con hacer una sencillísima resta para concluirlo. Pues no: a lo largo del libro, según se le antoje a la autora, ora tendrá dieciocho (pág. 27), ora diecinueve: «Cuando se publicó el libro, en el año 1933, Hildegart Rodríguez Carballeira tan sólo tenía 19 años y le quedaban apenas unos meses de vida» (pág. 103).
Si la dimensión temporal descoloca tanto a la autora, no hablemos de la espacial: en la página 50 nos enteramos de que, en 1914, ya embarazada, Aurora se instala en Madrid, «en un hotel ubicado en el barrio de la Prosperidad, en la calle Juanelo 3». Pues no: o es en el barrio de la Prosperidad o en la calle Juanelo, que está desde siempre pegada al Rastro y en la que no ha habido nunca hoteles. Que Carmen Domingo sea barcelonesa, lejos de eximirla de ello, más bien la obliga a documentarse en un mapa de Madrid antes de incurrir en semejante dislate. Con los sucesivos domicilios madrileños del singular y pedantesco tándem tampoco se maneja bien la autora, que en la siguiente página declara: «… ya en el año 1922, las dos mujeres [otro dislate: serían más bien la mujer y la niña] se alojaron en la calle Galileo 45, de la que no se movieron». Pues otro no rotundo: no es así. Y para darse cuenta de la contradicción basta con seguir leyendo: en la página 53 se afirma que entre 1924 y 1928 vivían en «Fernández de los Ríos 42». En la página 91 se transcribe una nota de Hildegart a un periodista en la que le cita «a ésta su casa, calle Galileo, 54, piso 5º». Y en la página 107 se habla de un nuevo domicilio en «Galileo, 51, 4º derecha», en el que se establecería la sede de la Liga Española para la Reforma Sexual. Para colmo de incongruencia, en una tarjeta de visita de Hildegart que se reproduce en las láminas que ilustran la obra, figura como dirección Galileo, 57. La contradicción interna entre la primera afirmación y los datos que el propio libro aporta es, pues, flagrante. Por cierto que, sobre el complejo tema de los sucesivos domicilios madrileños de las Rodríguez Carballeira, pueden consultarse con provecho los dos artículos que bajo el título Hildegart en Madrid ha publicado nuestro amigo y colega Enrique en su bitácora Urban Idade, de lectura obligada para todo amante de la historia arquitectónica y callejera de Madrid.
Habrá que recordar a Carmen Domingo (¡supuestamente «licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona», según consta en la solapa!), y a los contumaces y presuntos correctores de Destino, que en español debe utilizarse la conjunción copulativa e también ante palabras que empiezan por hi, como es el caso de Hildegart. Por eso es craso error el «Y Hildegart» de la página 66, que creemos haber visto también en alguna otra página del texto. Varias son, además, las impropiedades de términos en que incurre la autora: llama traducciones simultáneas a las realizadas por la misma persona que al escribir cita textos en otras lenguas (pág. 63); habla de la edición de una obra con dedicatoria a la Biblioteca Nacional, cuando se trata evidentemente de un ejemplar de la misma (pág. 68); escribe un pintoresco prevención del enfermo, en vez de la normal prevención de la enfermedad (pág. 80)…
Tampoco en historia internacional se muestra muy informada nuestra escribidora, si abre un capítulo diciendo: «La crisis económica mundial que siguió a la depresión de 1929 había tenido consecuencias preocupantes (el ascenso del fascismo en Italia o Alemania)..» (pág. 69). Nos permitimos recordarle que la Marcha sobre Roma con la que Mussolini tomó el poder en Italia tuvo lugar en 1922, siete años antes de lo que según Carmen Domingo sería su causa. Aunque tampoco es, como se suele decir, un hacha en historia nacional, lo que demuestra al declamar, con acento melodramático, que Hildegart «fue asesinada en Madrid, en aquel Madrid republicano en el que había nacido… » (pág. 103). Así que hubo una república en España (o por lo menos en Madrid) en el año 1914… ¡y Alfonso XIII sin enterarse!
Tiene también la filóloga rasgos de una obviedad tan cándida y perogrullesca que despierta ternura. Hablando de la Logia de Adopción Amor de Madrid, nos informa: «Sabemos que sus trabajos se desarrollaron en la capital entre 1931 y 1936 año [sic, sin la preceptiva coma] en que dejó de funcionar, casi con toda seguridad como consecuencia del estallido de la guerra» (pág. 105). Y otros rasgos de escritura que, haciéndola descender de sus alturas académicas, la identifican con el habla del pueblo llano del Rastro o de la Boquería, como cuando nos relata que «el padre de Aurora también estuvo metido en la masonería» (pág, 107). ¡Qué propiedad de términos en la pluma de una historiadora!
Abundan en la obra erratas cómicas, como la del nombre de un teólogo perteneciente a la Liga para la Reforma Sexual que parece sacado de una astracanada contemporánea de Muñoz Seca: Torubinao Ripio (pág. 108), que tras mucho reír y no menos cavilar hemos identificado con Jaime Torrubiano Ripoll. Y erratas perseverantes: en todos los casos en que se cita al autor famoso test de las manchas (ése que en Italia nos metía tanto miedo cuando a él nos sometían en el bachillerato, pues todo lo que nos recordaba era claramente sexual y había que buscar rápidamente respuestas alternativas) se escribe erróneamente Roschach en vez de Rorscharch. Y erratas estúpidas que una revisión somera habría podido evitar, como que el abogado defensor de Aurora demostraba «un gran estado del asunto» en vez del evidente estudio (pág. 188), o «vertiente probada» en vez de privada (pág. 194). Esa misma falta de revisión hace que se repita en dos páginas consecutivas, prácticamente sin cambios, un mismo largo párrafo (págs. 187-188). En la bibliografía, al reseñar los artículos sobre Hildegart en la prensa de la época (entre los que falta, entre otros, precisamente el de Hernández Alfonso que señalamos en su día a la autora), no aparece el nombre de sus autores. En las notas hay citas en las que no se consigna la fuente (véase, por ejemplo, la nota 12 de la página 212, sobre Pepito Arriola). Y en el apartado de monografías y artículos se cita la obra eugenésica de Hernández Alfonso, o mejor dicho de «Hernández Alonso» (pág. 329). Con resultados así, se le pasa a uno la gana de documentar a los demás…
Y permítanos el benévolo y esforzado lector que hasta aquí nos haya seguido que le ahorremos la indicación de otros dislates parejos a los reseñados que atestan las páginas de Mi querida hija Hildegart para dejarle un buen sabor de boca con la siguiente conclusión con que la autora remata (con perdón del término, tan alusivo aquí), en la página 136, la parte de su obra dedicada a la vida de Hildegart con una afirmación que pretende ser solemne, existencial, dramática y abismal, y que se queda en humorada:
Según todos los testimonios, hasta ese 9 de junio de 1933, la vida de madre e hija no se había separado ni un instante. Sin embargo, la mañana del 9 de junio, Aurora le disparó cuatro tiros a Hildegart. A partir de ese momento se separarán para siempre.
¡Toma, pues claro!






Abril 12, 2008 a las 11:58 am
El caso Hildegart,entre otros muchos sucesos inexplicales de la época,representa un punto y aparte dentro de la historia criminalística de Madrid.En su adaptación cinematográfica resultaría interesante resaltar la magistral interpretación que hiciera Amparo Soler Leal,en el personaje de Aurora Rodríguez Carballeira.
Sobre los que nos comenta a propósito de la no investigación fidedigna - por parte de la escritora barcelonesa - ,¿Qué cabe decir?.La malograda historia de Madrid lleva soportando,durante decenios,las tropelías y demás licencias literarias que,sobre ella han ido vertiendo los ciento un mil “escritores” foráneos,asentados o no,en este terrirorio,con la connnivencia del poder estatal y,cómo no,del vergonzoso negocio de las editoriales.Conozco el patio.Hace años tuve entre manos un ambicioso proyecto de investigación local,que quedaría en agua de borrajas.Poco después y,en forma de goteo contínuo he visto publicados numerosos refritos,plagios y un sin fin de incongruencias escritas acerca del tema.¡Para qué contar más!.Yo,decidí pasar página cuando admití que ésto,en palabras del añorado Luis Cigés :”Es la descojonación”.
Afectuosos saludos de su amiga,
Carlota.
Abril 12, 2008 a las 9:42 pm
Muy estimada Carlota:
No tengo la suerte de conocer la película, que espero poder ver antes o después. Y creo con usted, en efecto, que hubo un antes y un después de aquel famoso proceso madrileño, sólo comparable tal vez, de entre los anteriores, al del cura que asesinó a Martínez Izquierdo en las mismísimas gradas de San Isidro un domingo de Ramos. También hay hubo gran división de opiniones entre el “respetable” y en el mundo de la medicina y de la jurisprudencia, como en el caso Hildegart, sobre la responsabilidad del imputado.
Respecto a lo que apunta sobre la investigación acerca de Madrid, no puedo sino estar de acuerdo con su acertado diagnóstico. Hace unos días, en estas mismas páginas, citaba, por ejemplo, los dislates que llenan el catálogo de la reciente exposición sobre Madrid en el cine. Los refritos están a la orden del día: los plumíferos se copian descaradamente unos a otros, y lo malo es que, al hacerlo, suelen copiar también los errores, que de esa forma, respaldados por un sinfín de supuestas autoridades (¡hay que ver la reverencia que aún se le guarda a la letra escrita!), se convierten en verdades inamovibles. Y en relación con su amargo trance en el campo de la investigación, no niego que la posibilidad de que algún día decidiera usted volver a esas lides y contar tal vez con la colaboración de un seguro servidor suyo, me resulta muy tentadora… ¡Quién sabe! Que por mí no quede…
Un afectuoso saludo de este su amigo.
Pablo
Abril 12, 2008 a las 11:14 pm
Menudo trabajo que te has tomado Pablo. Todo para que quedue acreditado lo que perfectamente sabemos sobre la calidad- la mala calidad- de tantos trabajos académicos “alimenticios”.
Toda la historia de estas dos mujeres es terrible. Yo si vi la película pero hace años pero no tengo la sensación de que fuese una buena historia. Algo fallaba. Seguramente la historia está todavía pendiente de contarse.
Abril 12, 2008 a las 11:30 pm
Querido Ángel: A raíz de otros artículos en los que he expuesto los fallos que he detectado en algún texto, he precisado, y lo reitero ahora, que nada está más lejano de mi intención que ir leyendo obras a la caza de gazapos y dislates. Flaco favor me haría, y demasiado honor a los autores. Muy al contrario, son esos gazapos y dislates los que me asaltan a mí, atacándome alevosamente desde las trincheras y troneras de las líneas, al leer algo cuyo argumento en principio me interesa. Así ha sido también en este caso.
Y sí, la historia de esas dos mujeres fue terrible. Y tal vez la película no la contara bien, pese al buen trabajo de Amparo Soler, y pese a un guión sin duda contrastado y verídico. Pero es que hay cosas que no son para contadas, o para narradas en una película. Esa simbiosis debió de ser, como creo haber dicho, espeluznante; sencillamente espeluznante.
Muchísimas gracias por tu interesante comentario, Ángel, y un saludo muy cordial.
Abril 13, 2008 a las 3:31 pm
Ay Dr.H!!!!!
Abril 14, 2008 a las 12:15 pm
Le agradezco infinito su oferta de colaboración.Lo cierto es que,hace ya algún tiempo dí por perdido ése,entre otros trabajos literarios.Parece ser que dentro de las instituciones regionales no había lugar para albergar a ninguno de mis proyectos.Sin duda,algo tuvo que ver mi apellido en el penoso trace.Soporté entonces un verdadero peregrinar,créame; que sin duda,me dejaría verdadero mal sabor de boca.Después de tocar todos los palos posibles,fuí incapaz de publicar,a pesar de contar con un archivo nada desdeñable,y que otros, -con nombre menos incómodo- ,para sí quisieran.No me movía el interés económico,pues cualquiera,por muy lerdo que sea,sabe que si fuera así, jamás me hubiera dedicado a estos menesteres.Claro está que nunca hubiera compensado con dinero el “curro” que llevaba el tema tras de sí y,que al final ha quedado como contenido de un cajón.
A propósito de todo ello,y siempre que usted lo tenga a bien,me gustaría que llegáramos a charlar.por supuesto de forma mucho menos encriptada.Si alguna vez lo desea,aunque sólo sea para cambiar impresiones,puede ponerse en contacto conmigo a través de mi correo.En caso contrario,seguiremos coincidiendo en estos lugares.
Un abrazo,
Carlota.
Abril 14, 2008 a las 4:17 pm
Sombraschinescas: En ese escueto “ay” con su secuela de puntos de exclamación se encierra todo un larguísimo y sabroso comentario. Y es que no en vano (y espero que para bien) usted nos conoce harto bien…
¡Gracias!
Abril 14, 2008 a las 4:20 pm
Estimada Carlota: Coincido con su lamentación de lo que supone investigar en este santo país. Algo sé yo también de ello, y no puedo sino refrendar todo lo que usted sabiamente afirma. Igualmente comparto la verdad de que no hay dinero que pague ni compense la noble tarea de investigar.
Respecto a la segunda parte de su amable comentario, que me honra muchísimo, me tomo la libertad de contestarle en privado, no sin antes darle las gracias aquí por tan amable ofrecimiento.
Un abrazo.
Pablo
Abril 14, 2008 a las 8:56 pm
Ay! de nuevo Dr.H. usted me pincha y no sé resistirme a dolor… ¿Quien cuando se ve una película en VOSE dice: “no han dicho esto sino lo otro”? y ¿Quién ….? Posiblemente los errores no los busque, estoy totalmente seguro, pero en el mundo en que vivimos no todos se toman la molestia de hacer las cosas bien como otros lo intentamos. Por eso, yo en mi caso, aplico cierta indulgencia y benevolencia a esas pequeñas cositas, salvo cuando me confunden a mi amado Palacio Nacional de Montjuïch con mis entrañables “Vistillas” eso como usted bien denunció y le aplaudo el hecho. Para que vea que le conozco bien, no en vano compartir ya cinco años hace que dos personas se conozcan, para bien y para mal.
Muchos besotes y póngase el salacof y siga buscando esos errores que no nosotros no vemos pero no gusta tanto leer en su blog - y en la oreja en privado- Ti voglio bene tu lo sai è in questo momento io sono con te. Bacioni
Abril 15, 2008 a las 12:10 am
Demoledor, Dr. H. (Precisamente el sábado me encontré este libro en una librería… )
Abril 15, 2008 a las 11:29 am
Hola, Pablo. Buen repaso le has dado Carmen Domingo. Desde luego, las inexactitudes que apuntas acerca del libro, son merecedoras de una “collejita” -desde el cariño- por tan poco cuidado en su elaboración. Habrán sido loas prisas…
El asunto de “las Rodríguez” -madre e hija-, puede resultar apasionante. Dos mujeres con una inteligencia poco habitual que en su excepcionalidad rayan o tocan la locura. En Aurora, al menos, así fue. Hildegart no tuvo tiempo. Llama la atención como Ferrol, ciudad pueblerina o pueblo urbano, de ortogonal diseño militar, arrinconada en su esquina y con una ría hermosa pero moribunda por el desdén con el que se la trata, cuya permanente presencia constituye el único mar visible desde la urbe -cercada por las murallas militares-, haya dado tanto personaje interesante: Pablo Iglesias, Concepción Arenal, Torrente Ballester, Aurora Rodríguez, Pepito Arriola que, aunque nació en Betanzosera ferrolano; y alguno más.
Gracias por la mención a URBANCIDADES. Supongo que algo aporta al discurso.
Un saludo a todos.-
Abril 15, 2008 a las 5:08 pm
Sombraschinescas: ¿Qué decir? Me ha dejado sin palabras ¡a mí! Agradezco muchísimo lo que dice en el plano más personal, y desde luego es “para bien” lo de los cinco años, faltaría más… Y, aunque espero que se me lea no sólo para encontrar errores ajenos, seguiré, como donosamente dice, con el salakoff puesto. ¡Ya es mi sino! Un bacione anche a te.
Pseudopodo: Es un honor recibirle aquí. La que en este caso es demoledora, en el fondo, es la labor conjunta de autora y editorial: se han cargado, a nuestro modo de ver, la obra que pretendían publicar. Éste es el país de la chapuza en todos los campos y a todos los niveles, ¿no le parece?
Gracias por su amable comentario.
Enrique: Perdona que, por una vez, discrepe de ti, si no en el fondo, en la forma. ¿Una collejita? ¿Las prisas? Vamos a ver: yo soy traductor. Trabajo casi siempre con prisas, especialmente en el campo de la traducción de documentos, que es siempre para ayer o anteayer… Pero sé muy bien que las prisas no son ni pueden ser una coartada para entregar (y cobrar) un trabajo mal hecho. Si no dispongo del tiempo suficiente para documentarme debidamente, debo rechazar el trabajo que se me propone; si lo asumo, no puedo invocar las prisas para explicar eventuales errores. Creo que lo mismo debería haber hecho Carmen Domingo. Es una cuestión sencillamente ética. ¿Por qué exigimos precisión en cualquier otra área de actividad y pasamos por alto libros como éste, que son auténticas antologías de despropósitos (o el catálogo del cine de hace algunas semanas) y auténticos fraudes, por lo tanto, para el bolsillo del lector confiado, que los paga y bien creyendo comprar un producto en buenas condiciones y no estropeado? Piensa precisamente en el paralelo con cualquier otro producto que adquirimos a lo largo del día, y no verás razón para juzgar de otra manera los libros. Es más: deberían poder devolverse, libros así, por supuesto con mención de todos los errores encontrados.
Concuerdo, en cambio, con tu valoración de “las Rodríguez”. Y es acertada la reflexión que haces sobre Ferrol, con inclusión de ese piadoso “alguno más”, realmente genial. Algo habrá, en efecto. Curiosamente, también el partido fundado por mi bisabuelo contaba en Ferrol con una célula o sección muy combativa, algunos de cuyos miembros militarían después en el anarquismo y caerían entre las primeras víctimas del alzamiento en aquella ciudad.
Gracias a ti por el interesante artículo en tu bitácora sobre las casas habitadas por Hildegart y su madre.
Un saludo muy cordial y agradecido.
Abril 16, 2008 a las 12:47 am
No te acalores, Pablo. Por supuesto que Carmen Domingo se merece un rapapolvo y una buena “reprimenda” por su falta de honestidad al publicar el trabajo. Es evidente que no caben las prisas si se quiere ser riguroso y exacto, pero también es preciso relativizar. Y no me malinterpretes. No me refiero a restar importancia al asunto, pero sí a no darle más de la que tiene. Y en ese sentido, creo que la crítica y el análisis de la obra, empezando por el tuyo, pondrán los puntos sobre las ies y situarán el libro donde le corresponde: fuera de los anaqueles de las librerías y, seguramente de las bibliotecas. Aunque, a veces, las falsificaciones se cuelan con sigilo sin que nos demos cuenta. En forma de regalo, por ejemplo.
Peor fue lo de Ana Rosa Quintana, y ahí la tienes, cada día más joven… Aunque no sé si se atreverá a “escribir” otro libro.-
Un saludo.
Abril 16, 2008 a las 6:43 pm
No me acaloro, te lo aseguro, Enrique. Estoy de acuerdo contigo en que no hay que dar al asunto más importancia de la que tiene y merece. Pero no abrigo tanto optimismo respecto a tu segunda afirmación de que la crítica y el análisis pondrán las cosas en su sitio. He leído demasiadas críticas laudatorias de libros horriblemente escritos como para albergar bastante escepticismo al respecto. En gran parte el mundillo que suele definirse “cultural” está formado por individuos y entidades que practican aquello de los “bombos mutuos”… ¡y cómo se oyen! Sé también algo de cómo se escriben ciertos prólogos como para tener serias dudas acerca de que la renombrada prologuista de éste haya leído efectivamente la obra en cuestión o sólo una síntesis de ella. Lo malo es que, en efecto, libros como el de Carmen Domingo pasaran a engrosar un catálogo de autoridades en la materia. Sería lamentable.
Muchas gracias por tu nuevo comentario y un saludo muy cordial.
Abril 18, 2008 a las 9:46 am
Invitación:
Por la presente, no es grato comunicar al webmaster de El jardín cerrado, que su página ha sido galardonada con el Premio Dardo. Le informamos que puede recoger su galardón por medio del link que aparece a continuación:
http://elviajederiddhi.wordpress.com/
Se ruega puntualidad, y a ser posible, la asistencia al evento con uniforme de gala.
Agradecido por su labor,
Premios Dardo
Abril 18, 2008 a las 10:02 am
Reitero desde esta página mi gratitud, Juan, como ya he hecho en tu bitácora.
Un saludo muy cordial y agradecido.
Pablo