La música vuelve a su palacio

Por una vez, y sin que sirva de precedente, nos llega una buena noticia relacionada con el patrimonio artístico y cultural de este sufrido Madrid. Conjurando temores harto justificados de una venta de la actual sala cinematográfica a unos grandes almacenes, temores de los que nos hicimos eco en su día en estas mismas páginas, la Fundación Cajamadrid ha comprado, según noticia de estos días, el hermoso edificio de Zuazo para que vuelva a cumplir su misión original de sala de conciertos.
Ahora hará falta una gestión inteligente, junto con una programación atractiva, para que los madrileños volvamos a acudir a la Gran Vía a escuchar buena música, servida por los mejores directores y solistas, como fue habitual hasta bien entrados los años cincuenta. La Fundación compradora, cuya labor cultural la hace benemérita, posee en principio todos los recursos económicos y humanos necesarios para que se haga realidad esta vuelta del emblemático edificio situado en el ecuador de la Gran Vía a su función original.
El primer paso ya está dado. Y los gatos enamorados de la buena música y de la buena arquitectura estamos de enhorabuena. ¡Ahí es nada, volver a escuchar a Brahms, a Falla o a Chaikovsky en plena Gran Vía, cuando ya pensábamos que la única música que podríamos escuchar en la antaño prestigiosa arteria, hoy reducida en gran parte de su recorrido a hábitat de pícaros y hampones, era la enlatada de ñoños musicales de tres al cuarto!








Congratulations a todos los gatos, la verdad es que odio un poco a CajaMadrid, por su politica bancaria y por su presi, pero culturalmente es la mejor, incluso mucho mejor que la Caixa, que se gasta un pastizabal en cultura ¿porqué? porque CMadrid tiene un par y lo ha demostrado con la Casa Encendida, te gusatará o no, pero es la única que invierte en algo un poco arriesgado, joven, desconocido, radical, diferente y con un amplio espectro, no es perfecto tienen su aquel pero yo les reconozco el mérito. Así que si lo hacen la mitad de bien que allí, albricias, aunque sólo salvar un edificio histórico de las garras de Zara y VIPS ya se merece parabienes eternos. Así sea.
Amén, Inthe, amén (y conste que a mí también me gusta lo que hace la Casa Encendida y reconozco su mérito). Me daba escalofríos pensar en esa preciosa sala del Palacio de la Música dividida en pisos y llena de escaleras mecánicas y mostradores.
Gracias por tu comentario y un abrazo.
¡Y dále con la manía de comparar! ¿Acaso no es mejor que TODOS los organismos y entidades se dediquen a poner al alcance del amplio abanico de ciudadanos, presciendiendo de su edad y gustos? Como si asistir a un espectáculo “arriesgado” -como la representación del ESC de Chikilicuatre, que mira que es arriesgada- estuviera reñido con la exposición de las joyas de los Ufizzi u otras previstas. Y conste que un servidor asiste con regularidad a los “eventos” de la mencionda “Casa”.
Pero lo bueno es saber que cuando deje de hacer buen tiempo, y tengamos que abandonar las sillas del Kiosko del Retiro, donde la mágnifica Banda nos deleita cada domingo con su arte y saber, tendremos un refugio donde seguir oyendo música, aunque no la de Idan Raichel-Project.
Un besote.
En efecto, Sombras, para gustos se hicieron colores, y aunque los míos (los gustos, no los colores) se decanten siempre irremediablemente por lo clásico, entiendo que para todos tiene que haber. Y si sigue este tiempo, me parece que las sillas del templete del Retiro las vamos a tener que abandonar antes del otoño… Aunque ahora sale el sol, y es de esperar que el concierto de mañana salga tan rotundo como el del domingo pasado (¡ese pasodoble de “La del manojo de rosas”! ¡ese celebérrimo chotis de propina!).
Un besote, y aun muchos.
Hola Pablo, ya veo que regresas. Bienvenido seas.
Es grato conocer noticias de este tipo. Aunque no son muchas las arquitecturas que se preservan del salvaje poder que sobre cualquier iniciativa ejerce el poderoso caballero por todos conocido. Fundación Cajamadrid, siendo una fundación cultural-bancaria, que es la cara bonita en la que se suelen esconder de sus malas obres estos emporios de la usura, toda prevención es poca. Pero veamos el lado positivo. Lo cierto es que, que el Palacio de la Música se convierta en aquello para lo que fue ideado es como un final feliz de cuento. Esperemos que sea para mucho tiempo y que nosotros lo disfrutemos.
Un saludo Pablo, y deseo que ya estés casi repuesto por lo últimamente acontecido.
Enrique.
Gracias por tu bienvenida, Enrique.
Concuerdo con tu valoración del doble aspecto de entidades como la que ha comprado el Palacio de la Música, y habrá que esperar a vez qué hacen con el edificio antes de echar las campanas al vuelo. Uno, en su ingenuidad, piensa que no debe de acarrear muchas obras ni mucho tiempo volver a adaptar esa espléndida sala a la función para la que se creó, máxime cuando su uso como cinematógrafo no había alterado prácticamente nada de su estructura original y el local ha estado abierto hasta estos mismos días. Y uno supone, además, que si el motivo porque se descartaron las hipótesis (esas sí horribles) de conversión en grandes almacenes fue precisamente la preservación de la sala, “a fortiori” deberá ahora respetar ésta la entidad que pretende reconducir el Palacio a su función primigenia.
Pero, me adelanto antes de que lo digas tú, son quizá demasiadas suposiciones y harta, como siempre, mi ingenuidad.
Tocaremos madera, como siempre en estos casos…
Un saludo muy cordial, Enrique.
Enhorabuena por poder conservar algún cine de los que poblaron la Gran Vía Madrileña, aquí en Valencia, la última batalla perdida ha sido el cine Capitol, joya del racionalismo, obra cuidadísima de Joaquín Rieta Sister tanto en el interior como en el exterior, aunque con desafortunadas intervenciones en la decada de los 60 del siglo anterior, ahora después de años de abandono está siendo remodelado para convertirlo en oficinas, era nuestro último gran cine, por no hablar de los teatros de esta ciudad, en fin, por lo menos hacemos buenos libros sobre el patrimonio desaparecido y como siga la racha tendremos otra Espasa.
Saludos, Tono
Comparto totalmente el acíbar de tu lamentación. Como muchas otras actividades en nuestro suelo, la de amar y defender el patrimonio arquitectónico en especial y artístico en general equivale a llorar. Por lo menos mientras algunos románticos impenitentes denunciemos los desafueros y reconstruyamos idealmente, con textos e imágenes, lo destruido o irremediablemente deformado, algún consuelo nos quedará, aunque el catálogo de atentados nos dé, como bien dices, para llenar otro Espasa.
Un saludo muy cordial.
Pablo
[...] otro artículo posterior sobre el mismo asunto en esta bitácora: La música vuelve a su palacio [...]
Adiós al Palacio de la Música « El jardín cerrado dijo esto en 29/05/2008 a 7:22
Aunque a mí me queda un poco lejos… siempre es bueno saber que se recupera una obra de arte para el arte. Ojalá que finalmente sea éste su fin.
Un placer verte de nuevo en tu jardin.
Saludos,
Juan
Efectivamente es una buena noticia que ese edificio recupere la finalidad para la que fue concebido.
Un placer es para mí verte rondando por aquí.
Gracias y un saludo muy cordial.
Pablo
Ahora hace falta que se dote a este centro de un presupuesto decente que haga posible una programación decente y a precios razonables. Me da pena decir que Madrid es casi tercer mundo en cuanto a programación cultural y accesibilidad a espectáculos clásicos de calidad (la Banda Municipal y la Orquesta Sinfónica de la CAM tienen unos presupuestos ridículos). Y no es por falta de talento local, es por falta de recursos económicos. En Londres, por ejemplo, un estudiante puede elegir ir en un mismo día a oir a la Philharmonia en el RFH, a la London Symphony en el Barbican, a la opera en el Covent Garden o ir a uno de las decenas de espectaculos clasicos que hay en la ciudad por entre 5 y 18 libras. Y los mismo pasa en otras grandes capitales como Amsterdam, Berlín o París. Por suerte esta nueva sala de conciertos nos acercará un poco más a esas ciudades. El que sea en la Gran Vía es motivo de alegría, porque mejorará el nivel de la zona, que está ocupada por vendedores ambulantes, trileros, prostitutas y carteristas.
Por cierto: el Auditorio Nacional, que es como sabeis la principal sala de Madrid, está en una zona poco representativa y apartada de cualquier otro centro cultural. Es una isla en mitad de ninguna parte, no integrada en el entorno y aislada de la comunidad local.
Saludos
Roberto
Difícil, por no decir imposible, no darte razón en todo lo que dices en tu comentario. Esperemos que, efectivamente, ir al Palacio de la Música a escuchar buenos conciertos sea pronto algo tan popular (en su doble acepción de extendido y de al alcance de todos) como lo era en los años mozos de mi madre, a finales de los 40 y principios de los 50. Ello repercutirá además positivamente, ¡qué duda cabe!, en un entorno tan degradado como el de la Gran Vía actual.
Respecto al Auditorio, y aunque personalmente su ubicación me beneficie (está a un cuarto de hora de paseo de mi domicilio), no puedo dejar de coincidir contigo: es una verdadera “catedral en el desierto”.
Gracias por tu oportuno e interesante comentario. Un saludo muy cordial.
Segun ultimas noticias la rehabilitacion del Palacio de la Musica comienza en Enero del 2010. Parece que la rehabilitacion correra a cargo de Luis Cercos, un arquitecto tecnico vinculado a otras rehabilitaciones como el Monasterio de Yuste.
Estimado Américo: Muchísimas gracias por su valiosa información, que desconocíamos. Suponemos que la elección de un técnico con ese hito en su historial será, a buen seguro, una garantía de conservación de la espléndida sala de conciertos con sus dependencias. Y será todo un lujo, como apuntábamos, poder volver a escuchar música clásica en plena Gran Vía.
Gracias de nuevo por su aportación y un saludo muy cordial.