La abstención del pueblo
El 27 de febrero de 1931, y en las páginas de la revista barcelonesa de inspiración republicana «La Calle», apareció un artículo de nuestro abuelo materno, Luis Hernández Alfonso, en el que, bajo amplia alegoría teatral, trataba el autor del carácter abúlico —que no servil— del pueblo español y de las nuevas circunstancias que, en vísperas ya de la proclamación de la República, motivaban ese cambio esperanzado de actitud que se palpaba en la calle. Como curiosidad histórica, el artículo presenta cercenados por la censura dos de sus párrafos, reemplazados, para no dejar claros en la página, por pequeñas inserciones publicitarias. Su contenido puede leerse en el siguiente vínculo: La abstención del pueblo
~ por eldoctorhache en 16/07/2008.
Escrito en Barcelona, España, Familiares, Historia, Periodismo, Política, Republicanismo, Revistas, Sociedad








En mi opinión ,el artículo que hoy nos ofrece no puede albergar mayor contenido lucidario,ni poseer mayor vigencia en la actualidad.Enemiga visceral de usar el caprichoso”Don”,delante del nombre de pila de un cualquiera;no tengo por menos de apuntar,en esta ocasión, que Don Luis Hernández Alfonso no parece manco en sus apreciaciones.¡Anda que el señor andaba descalzo en materia sociológica!…Pero,también resulta triste o,más bien indignante,pensar que tales aseveraciones – efectuadas allá por 1931- engloben en su centro neurálgico idéntica mala laña y bahorrina social en nuestros días.Acerca de la censura,de su momento y del dirigismo vergonzante que ahora hemos de sufrir,¿Qué puede decirse?.
Un abrazo,
Carlota.
Estimada amiga: Lo mismito que usted pensaba yo al copiar ayer los párrafos escritos por mi abuelo hace casi ochenta años: menuda lucidez y, por desgracia, menuda vigencia la de las actitudes que indica al principio de su artículo. Que personas como usted concuerden con ello me hace pensar que no todo mi aprecio será achacable a amor de nieto. Por desgracia, y como usted bien apunta, los problemas “eternos” de España y de los españoles siguen ahí. Por eso concluyo como usted: ¿qué puede decirse?
Reciba, amiga Carlota, el más cordial de los abrazos.
Pablo
Hola Pablo,
Es curioso que haya un punto en que todos y cada uno de los grupos políticos estén de acuerdos: abstenerse es “malo”, es “insociable”, no da derecho a quejarse luego… y demás fruslerías que repiten como loros quienes, cándidos, así sinceramente lo creen.
Coincido con tu abuelo, como coincidiría si hubiera tenido la suerte de escucharle en persona, en silencio, intentando a/prender de su lucidez.
El problema, quizás, es que ya este teatro no lo componen “pícaros” o “hipócritas” (como definición más que como insulto), con dotes para la interpretación y para animar al “respetable vulgo” con sus ocurrencias y chascarrillos (especialmente en el toma y daca de los debates). Los actores de hoy no son artístas sino técnicos de administración, o de normas y frías leyes: no vibran como artistas, no contagian con sus mentiras esperanzadas, no son capaces de mover masas.
La política está corrompiéndose, “mediocrizándose”, mostrando los desechos en forma de políticos fríos, planos y predecibles. Como decía el Coronel Kurtz en “Apocalypse Now” son meros recaderos que vienen a cobrar la factura del tendero (en este caso, banqueros) para vivir luego de su paso por la política viajando en primera, hospedándose en cinco estrellas y dando alguna que otra conferencia, tipo cuentacuentos…
El miedo, más que la fe, es lo que mueve a muchas personas al voto. Por lo demás, volviendo al principio… los políticos actuales brillan tanto como los “famosos” que pululan por los medios hoy en día: meros reflejos de poses, palabras y actitudes aprendidas. Campanas sin badajo.
Gracias a la globalización de información que permite internet, uno se pregunta (yo al menos) ¿Lo que tan atinadamente describe tu abuelo sobre la mentalidad española, no es aplicable hoy en día a casi todos los pueblos “desarrollados” del planeta…y a sus políticos?
Esa creo es la gran crísis: La pérdida de visión, no moral, sino humana (por no poner sagrada).
Ha sido un placer leer el texto de Don Luis Hernández Afonso y respirar el aire fresco de tu jardín.
Un saludo,
Juan
¡Qué gran verdad tu diagnóstico sobre los políticos actuales, grises y fríos y al dictado de quienes manejan la caja, quienes les recompensarán, tras verse por ellos recompensados, en forma de consejeros de administración! “Campanas sin badajo”: no encuentro mejor expresión ni definición que la tuya.
Respecto a si lo que mi abuelo condena de la mentalidad española es hoy predicable del mundo en general, mucho me temo que sí, amigo Juan; por lo menos ésa es también mi impresión.
Gracias por saber apreciar esas palabras escritas hace casi ochenta años y por compartir tus conclusiones.
Un saludo muy cordial.
Pablo
Durísimas las palabras utilizadas por D. Luis para describir la actitud del pueblo (con las que yo, muy a mi pesar mio en algunos aspectos, me identifico). No obstante, creo que el motivo es que nos han educado para comportarnos como tal. Todavía se aplaude al pícaro. A muy pocos se les remueve la conciencia por robar, estafar, engañar, conseguir las cosas con el mínimo esfuerzo cuando les toca en sus carnes. Así pues, ¿cómo se lo vamos a reprochar a cualquier otro?. Por el momento, la hipocresía nos educa y nos gobierna.
Para mí, lo triste es ver que el artículo de D. Luis es tan real en nuestro tiempo pero también sé que no es de general aplicación a todos los ciudadanos, como lo fue en sus 30 y lo será en los nuestros, aunque sí seguirá siendo una cosa de minorías. Existen modelos europeos que podrían servir como base. Quiero ser optimista y pensar que algún día nuestro inglés nos permitirá aproximarnos a ellos para conocerlo.
Un saludo,
Arantza
Suscribo todo lo que dice, Luciérnaga, en su preciso comentario. El vulgo, cada vez más amplio, por cierto, admira incondicionalmente y envidia a quienes se lucran de forma deshonesta. Hay una falta de ética extendida. Y yo también creo que el contacto con otros modelos, señaladamente los nórdicos, nos vendría muy bien.
Un saludo muy cordial, amiga Arantza.
Pablo