Los triunfos de un escritor joven
Hace algún tiempo nos topamos, en el viejo maletero de la casa familiar, con una foto de esas que podríamos definir históricas, aun se trate de una historia familiar y minúscula… Pegada a una cartulina gruesa cuya parte inferior presenta un borde en relieve que recuerda el de las clásicas bandejas de pastelería, representa a nuestro abuelo el escritor y periodista Luis Hernández Alfonso en 1930 recibiendo un homenaje en «La Huerta», uno de esos restaurantes-merenderos que poblaban las afueras de Madrid, éste más concretamente ubicado en Tetuán de las Victorias, a no mucha distancia de la castiza glorieta de los Cuatro Caminos. La propia mano de nuestro abuelo, con su inconfundible grafía, trazó, o más bien repasó, muchos años después —la mano ya insegura así lo prueba— en el borde inferior la inscripción con el lugar y la fecha del acontecimiento: «Banquete en “La Huerta”. Madrid, 30 de junio de 1930».
Con la natural excepción de nuestro abuelo —que ocupa el centro de la mesa presidencial y que responde fehacientemente a la atinada descripción que de él dio Manuel de Heredia, quien había de ser su condiscípulo, amigo y compañero en lides políticas y literarias, en sus imprescindibles memorias tituladas Monarquía, República y Guerra (Ediciones Rodas – Madrid 1976): «Un hombre joven, muy pausado, de pequeña estatura, cabeza inteligente, gafas profesorales y hablar comedido» (pág. 80)—, no conocíamos a ninguno de los 36 personajes restantes que posan para la foto, empezando por la misteriosa señora sentada a la derecha del homenajeado.
Suponíamos se trataría, en su mayoría, de miembros y simpatizantes del Partido Republicano Presidencialista de España, pequeña pero intelectualmente aguerrida formación política fundada por nuestro bisabuelo el jurista Luis Hernández Rico en 1919 y cuyas juventudes capitaneaba a la sazón su hijo y abuelo nuestro. En efecto, llama la atención el elemento joven, que compone prácticamente la totalidad de quienes forman de pie tras la mesa presidencial.
Sabíamos que 1929 y 1930 fueron años particularmente fecundos en la labor periodística y literaria de Hernández Alfonso: entre otros, había recibido, de manos del propio Alfonso XIII, el Premio Cervantes (¡que no es, contrariamente a lo que muchos creen, invención de la Transición!) por su obra de investigación Virreinato del Perú, premio y obra de los que esperamos poder escribir con la debida extensión en alguna otra circunstancia; y el prestigioso Premio Zozaya de crónicas periodísticas, otorgado por el diario madrileño «la Libertad». Y fue precisamente en las páginas de este periódico de izquierdas donde encontramos, hace tan sólo unos días, un artículo que nos ha permitido situar en su contexto el acto y poner nombre a alguno de los participantes, que se han revelado ilustres personajes del mundo intelectual y político de la época.
Bajo el título Los triunfos de un joven escritor. Homenaje a Luis Hernández Alfonso, «La Libertad» del 28 de junio de 1930 da cuenta del homenaje otorgado la noche anterior al reciente ganador del Premio Zozaya con el fin de «festejar los recientes triunfos conseguidos por el joven escritor». Ello nos ha permitido, en primer lugar, corregir la fecha del homenaje, del 30 al 27 de junio de 1930, así como identificar en la mesa presidencial, de izquierda a derecha, a las siguientes personalidades: Antonio Zozaya, el insigne periodista y escritor en cuyo honor se instituyó el premio; la señora Luisi, intelectual uruguaya de quien esperamos obtener más noticias; Luis Hernández Alfonso; le seguiría, según el periódico, el poeta festivo y futuro diputado republicano Luis de Tapia, aunque, a la vista de algún retrato que de él hemos visto, no sabríamos decir si se trata del celebrado autor de las Coplas del día o de Joaquín Aznar, el director de «la Libertad»; siguen el ministro uruguayo Benjamín Fernández Medina, gran figura intelectual del mundo hispanoamericano, estudioso y correspondiente en su juventud del gran Jacinto Verdaguer; el insigne novelista cubano Alfonso Hernández Catá y esa noble figura de político e intelectual que fue Eduardo Ortega y Gasset. Según el artículo, también debieron ocupar la mesa presidencial el director de «La Libertad» y el editor Javier Morata, con cuya editorial colaboraría Hernández Alfonso con publicaciones propias y traducciones desde los años 30 hasta su muerte en 1979; a este último nos parece reconocerlo, por lo menos con algo de aproximación, en el personaje que con elegante traje cruzado claro y pañuelo en el bolsillo está de pie inmediatamente detrás del homenajeado.
Al no poder participar en el ágape, enviaron sus adhesiones, entre otras, personalidades como Armando Palacio Valdés, Álvaro de Albornoz, Benjamín Jarnés, Pedro de Répide y el veterano maestro de periodistas Darío Pérez. Cabe apuntar que, como informa otro artículo de «La Libertad» publicado unos días antes, el Jurado que concedió el Premio Zozaya de 1930 lo constituían precisamente Palacio Valdés, Répide, Hernández Catá, Fernández Medina y Benjamín Jarnés.
Confiamos en que traer a la luz de Internet este fragmento de una vivencia familiar, tan incrustada en uno de los momentos más históricos de la trayectoria política española, sirva también para identificar a más participantes en aquel banquete.
Al pasar por la foto la mirada, nosotros no podemos menos de sentir un escalofrío al pensar en lo que, de ahí a seis años, sería de aquellas vidas, ya tocadas unas con timbre de gloria intelectual, otras —la mayoría— mostrando ya, aún en agraz, sus primeros frutos en el periodismo, en la política, en la cultura. La cárcel, tal vez la muerte en el frente o ante un paredón, el exilio exterior y el no menos terrible —cuando no más— destierro interior esperaban sin duda a gran parte de todos esos fervientes republicanos que nos miran con alegría y solemnidad a un tiempo desde esa imagen tomada en una noche madrileña de hace más de 78 años.
El texto completo del artículo puede leerse aquí: Homenaje a Luis Hernández Alfonso.










Hola Pablo
Desde Ribadeo leo la estupenda entrada tuya sobre el homenaje a tu abuelo. Como veo que la crónica esta llena de personajes uruguayos y como disfruto de la amistad de un viejo colega montevideano procedo a mandarle copia.
Me contesta haciendo gala de su enorme erudición con este texto en el que, en resumen, viene a decirnos que Fernandez Medina, por cierto con el mismo apellido que mi amigo y al que se atreve, en un rasgo de humor oriental, de la república oriental del Uruguay en este caso, llamar pariente, no ha quedado memoria visible en la actualidad. No así sobre la dama que acompaña a tu abuelo por la derecha de la que piensa que se trata de Paulina Luisi.
Un abrazo desde mi retiro norteño.
Aqui te dejo el texto de Sergio:
“Me ha parecido muy interesante la crónica. De mi pariente, la verdad es que
acabo de enterarme que formó parte de la vanguardia de la literatura
criolla, como el ribadeano Alonso y Trelles y otros, pero por lo visto se
lo ha fagocitado el olvido, pues te consta que soy un ratón de biblioteca y
a éste no lo había oído nombrar nunca. Ni siquiera recuerdo haberlo visto
entre los libros de literatura gauchesca de mi abuelo (la mayoría de los
cuales tuve que tirar a la basura pues se trataban de ediciones baratas que
por estar arrumbados en una habitación abandonada de la casa de mis tías,
estaban comidas por los ratones, llenos de peces de plata y otras lindezas
por el estilo).
En cuanto a la misteriosa señora Luigi, me atrevo a decir que debe ser
Paulina Luisi, cuyos datos te copio aquí debajo.
Saludos desde una tóxica Doha, con 42 grados y 98 por ciento de humedad (la
semana pasada tuvimos 3 días de más de 50 pero con menos humedad; también
alternamos con alguna que otra tormenta de polvo con vientos resecos, o
noches con 36 grados y 100% de humedad).
Sigue disfrutando del primer mundo!!!
Un abrazo,
Sergio
Paulina Luisi
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Paulina Luisi Janicki (Colón, provincia de Entre Ríos, Argentina, 1875 -
Montevideo, Uruguay, 1949) , médica y activista femenina uruguaya.
El padre, Ángel Luisi Pisano, italiano, trajo a América sus ideas masónicas
de libertad, la madre, María Teresa Josefina Janicki hija de polacos
exiliados en Francia, recién casados, llegan en 1872 a Entre Ríos,
Argentina y en 1878 a Paysandú, Uruguay. En 1887 se instalaron en
Montevideo.
Los Luisi – Janicki fueron una familia de trabajadores y educadores que se
desarrolló en un ambiente de resistencia y rebeldía, de pensamiento muy
liberal para la época. Todas sus hijas estudiaron magisterio y algunas de
ellas siguieron carreras universitarias siendo de las primeras mujeres
profesionales.
Paulina fue la primera mujer uruguaya en recibirse de Doctora en medicina;
fue además ginecóloga, docente, promotora y luchadora incansable de los
valores de la mujer, entre ellos el voto femenino. Sus ideas y su trabajo
se ha propagado como valores universales por los derechos de la mujer en el
mundo entero.
Actuó en política, siendo miembro fundadora del Partido Socialista del
Uruguay.
Observo que nos ha dejado aquí una nueva “joyita”.Sorprendida gratamente por la comparencia al sitio del escritor Antonio Zozaya,de quien intento recopilar desde hace tiempo parte de su producción literaria.No sabía que se hubiera instaurado un premio periodístico que llevara su nombre.Me encantó conocer el dato.
Un abrazo afectuoso,
Carlota.
Querido Ángel: Como ves, se ha podido superar el inconveniente. No sé por qué, el sistema había considerado “spam” tu utilísimo comentario… Cosas de la tecnología. Gracias a ti y a tu amigo Sergio, a quien te encargo le des las gracias en mi nombre, podemos despejar la incógnita de la señora que, merced a la errata, podía haber quedado sin identificar de por vida. ¡Lo que hace una letra! Yo ya me había vuelto tarumba, como se suele decir, anteayer y ayer, buscando referencias de una señora Luigi entre publicaciones sobre feminismo uruguayo, sin éxito alguno. Ahora ya tenemos nombre y un motivo de interés para seguir investigando, por lo que os estoy agradecidísimo. Por cierto, que el ministro del Uruguay y “pariente” de tu amigo fue, por lo visto, uno de los principales artífices y protagonistas del diálogo hispánico entre ambos lados del charco en las tres primeras décadas del siglo XX, y fue una de las primeras personalidades en recibir el doctorado “honoris causa” por la Universidad de Salamanca. Luego está su intercambio epistolar con esa cumbre de la poesía catalana —y por ende española— que fue el gran Verdaguer. En fin, que sólo hemos abierto una puerta, gracias en gran parte a vosotros dos…
Querida amiga Carlota: Gracias por su aprecio. No me extraña que pretenda recopilar parte de la obra de Zozaya, escritor por el que mi abuelo —el homenajeado de la “joyita”— me inculcó desde mi más tierna infancia fervorosa veneración. Ya seguiremos hablando de él, si le parece. A mí me gusta en particular esa preocupación social que caracteriza a todos sus escritos, así como sus acendrados ideales políticos. Por lo que sé, en 1928, en «La Libertad», donde colaboraba, se otorgó por vez primera el Premio Zozaya a la mejor crónica periodística. Ganó la primera edición Félix de la Torre, y la segunda, en 1929, Eduardo Haro, el padre del recientemente fallecido periodista homónimo, y que acabaría sus días fusilado por los franquistas. La tercera, en 1930, le correspondió a mi abuelo. Cuento con publicar aquí, en cuanto pueda, más información que acabo de encontrar sobre ese galardón, que constituyó siempre uno de los timbres de gloria de los que más se ufanaba por la devoción que abrigaba hacia el titular: ese madrileño de perfil fino, barbudo y un punto escéptico cual filósofo romano que vemos en la foto y que respondió al nombre —antaño justamente venerado— de Antonio Zozaya.
Un abrazo muy cariñoso a usted también, amiga Carlota.
Pablo
[...] «La Huerta» la noche del 27 de enero de 1930, y del que hemos dado referencia en nuestro último artículo. Los traviesos duendes de la imprenta —en este caso los del diario madrileño «La Libertad»— [...]
Una feminista uruguaya en Tetuán « El jardín cerrado dijo esto en 05/08/2008 a 17:39
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La obra y el hombre « El jardín cerrado dijo esto en 07/08/2008 a 20:24