Julio de 2008

Julio 1, 2008

El r�o Eresma

El río Eresma, a su paso por tierras pinariegas. Foto y calendario cortesía, como ya es tradición aquí, de Blanca Gallego. ¡Gracias!


De fabulaciones vividas

Junio 20, 2008

No es precisamente Javier Marías santo de nuestra devoción como novelista (¡en realidad pocos escritores vivos, españoles o extranjeros, pueden aspirar a altar con culto en nuestro particular templo literario y codearse allí con los suntuosos retablos que tenemos erigidos, amén de a Cervantes, a Pérez Galdós o a Balzac: el único que acude ahora a nuestra maltrecha memoria es, si acaso, el francés Eric-Emmanuel Schmitt…). Hace años, un buen amigo (¿qué es de ti, Dandy?) puso en nuestras manos dos o tal vez tres novelas de Marías y nos parecieron pretenciosas y pedantes, como si cada detalle o digresión estuvieran concebidos para pregonar a los cuatro vientos lo cultísimo que es y se cree su autor. Creemos que el escritor culto no debe, por supuesto, prescindir de su conocimiento, pero sí procurar que se le perdone, como la caridad a quien la practica.

Sin embargo, sí seguimos con interés sus semanales apariciones en el suplemento dominical de «El País», en las que se limita a decir lo que piensa de esto y de aquéllo —particularmente de males que afligen al «solar patrio»— y que obtienen casi siempre nuestra decidida adhesión por la lucidez y razón con la que, a nuestro juicio, arroja sus venablos.

Ayer aparecía en el mismo diario un reportaje de Jesús Ruiz Mantilla sobre la intervención de Marías en el ciclo Lecciones y maestros de Santillana del Mar. Y hablando de fabulaciones sobre lo real al hilo de una curiosa y terrible anécdota de su familia («La maldición del pordiosero»), dijo algunas cosas que consideramos absolutamente ciertas.

De la citada anécdota, vivida (o mejor dicho protagonizada, pues el pobre señor murió de ella) por un bisabuelo suyo, asegura que, en el mecanismo de transmisión generacional y familiar, «pasó a ser mucho más que una anécdota intrascendente. Por mucho que ocurriera en realidad fue sólo en aquel momento cuando mereció ser contada, esto es: cuando de pronto pareció ficción». Y añade: «Cuando uno cuenta o introduce la ficción en algo que ha ocurrido, la única forma de hacerlo aceptable y verosímil consiste en pasarlo por la imaginación, en ser capaz de contarlo como si en realidad no hubiera pasado».

«Contarlo como si en realidad no hubiera pasado»… En estos últimos meses, en nuestra pequeña esfera y humilde nivel, hemos empezado a relatar en estas páginas, junto con vivencias directas nuestras, algunas anécdotas o meros detalles de la vida familiar que sólo nos son conocidos por haberlos escuchado, en algunos casos, de labios de sus protagonistas o testigos, o bien por sucesivos receptores convertidos a su vez en transmisores. Mejor dicho deberíamos decir receptoras y transmisoras, y aquí viene al pelo otra verdad como un templo dicha por el famoso escritor acerca del papel de las mujeres, y siempre las mujeres, como «transmisoras de lo sucedido y lo inventado». Damos fe también de esta última afirmación: nuestra abuela materna y nuestra madre fueron verdaderos depósitos de memoria familiar, gracias a los cuales disponemos hoy de un pequeño pero tal vez jugoso acervo de vivencias fabuladas (y acaso de alguna que otra fábula vivida) que acaso nosotros también, si los dioses del Tiempo y del Ingenio nos sonríen propicios, traigamos a estos lares.

El artículo completo que nos ha servido de inspiración puede leerse aquí: Javier Marías, fabulación al poder.


Junio de 2008

Junio 1, 2008

Castillo de la Mota - Medina del Campo

Dejando por un momento su interés por la naturaleza de su hermosa tierra castellana, Blanca Gallego nos propone para este mes de junio recién estrenado una mirada a uno de los monumentos más representativos de la misma: el célebre castillo de la Mota en Medina del Campo.

Que su belleza nos acompañe durante todo este mes.


A la sombra del Hospicio

Mayo 27, 2008

Un reciente artículo de nuestro colega y amigo Enrique Fidel acerca de la historia del antiguo Hospicio madrileño de San Fernando y una característica foto de su celebérrima portada, colgada también recientemente en la galería de Flickr Lyceo Hispánico, y que por gentileza de su administrador Enrique Viola encabeza este artículo, nos han impulsado a escribir algo de lo mucho que significó para nuestra familia tan destacado edificio, uno de los que la mayoría de los turistas se suele «perder» debido a su ubicación algo distante del centro más monumental.

La familia de nuestra abuela materna, perteneciente a la burguesía acomodada, había vivido siempre, desde finales del siglo XIX, en los aledaños de los bulevares (plaza de Santa Bárbara, Caracas, Españoleto) cuando no en los mismos (Sagasta), en casa propia y con gran desahogo. La muerte de mi bisabuelo a los 45 años, acaecida en 1909, dejando a una mujer diez años más joven con cuatro hijas de entre 11 y 4 años y un hijo de días, supuso el principio, si no de la ruina, sí por lo menos de la decadencia. Y ésta se marcó con la mudanza de la familia, a los dos o tres años del óbito del padre, a un piso en alquiler en la calle del Espíritu Santo, al otro lado de esa línea de los bulevares que separaba, en cierta forma, el mundo de la alta burguesía con pufos aristocráticos de calles como Almagro y sus aledañas, de la pequeña burguesía y menestralía que poblaban las simpáticas y coloridas calles que se extienden al sur de Carranza, entre San Bernardo y Fuencarral. Esa casa de Espíritu Santo sería ya, durante todo el siglo XX, la residencia familiar.

También la familia de nuestro abuelo materno se mudó, suponemos que hacia los años veinte, de la plaza de Carlos Cambronero a un bonito piso de la calle Divino Pastor, por lo que unos y otros vivieron siempre, por así decirlo, a la sombra de la impresionante portada churrigueresca que tanto peligro corrió en tiempos de la Ilustración, cuando espíritus por otra parte dignos de toda consideración y aprecio, como el bueno de Antonio Ponz, declararon en nombre del neoclasicismo guerra sin cuartel a los promontorios pétreos o lígneos en los que se había explayado el barroco más desaforado en forma de retablos o de portadas como la del Hospicio, salvándose la nuestra de una destrucción en la que perecieron, por desgracia, muchas otras. Como bien dice Enrique Fidel en su artículo, sobrevivió más tarde la parte que conocemos del edificio gracias a su declaración como monumento nacional en 1919. Y —hecho no por menos conocido menos trascendente— volvió a salvarse en los primeros meses de la República gracias a la intervención de nuestro abuelo materno, el periodista y escritor republicano Luis Hernández Alfonso.

Como es sabido, durante los primeros días del nuevo régimen, grupos de incontrolados cometieron en Madrid toda clase de atentados contra el patrimonio artístico e histórico bajo el pretexto de borrar toda huella simbólica dejada por la no injustamente odiada Monarquía. Se derribaron estatuas como la de Felipe III en la Plaza Mayor, y el propio Miguel Maura narra en sus memorias cómo logró salvar, al pasar con su coche oficial por Alcalá para doblar por Velázquez, la soberbia efigie ecuestre de Espartero, a la que unos cuantos bárbaros, desconocedores por supuesto del talante liberal del que fue regente de España, tenían ya amarrada con cables y se disponían a derribar.

La casa de nuestro bisabuelo, el jurista levantino Luis Hernández Rico, en Divino Pastor, 9 duplicado (11 actual) era también la sede de la formación política por él fundada, el Partido Republicano Presidencialista de España y la redacción del órgano de las Juventudes de éste, El Presidencialista, dirigido precisamente por su hijo, Hernández Alfonso. La mayor parte de los afiliados de la modesta pero emprendedora formación eran estudiantes de la Universidad Central y abogados, periodistas y escritores, en su gran mayoría muy jóvenes.

En uno de esos días convulsos, estando nuestro abuelo en la redacción del períodico, llegó noticia que algunos grupos de fanáticos se estaban congregando alrededor del Hospicio y de la cercana parroquia de los Santos Justo y Pástor, antigua iglesia del convento de las Maravillas, con la intención de prender fuego a ambos edificios. Junto con los correligionarios que estaban en ese momento en la redacción y sede del Partido, y mandando recado a otros que vivían en los aledaños, acudió rápido nuestro abuelo a uno y otro sitio, haciendo valer su probada ejecutoria republicana (no en vano había dado con sus huesos en la cárcel en varias ocasiones bajo la Dictadura, y la última sólo unos meses antes en la Modelo a raíz del intento de Jaca) para que los supuestos compañeros de ideales políticos depusieran su actitud. Parece ser que la elocuencia de Hernández Alfonso y el número de jóvenes presidencialistas dispuestos a defender los dos edificios amenazados acabaron por hacer mella en el ánimo exaltado de aquellos incendiarios, salvando así dos joyas de la arquitectura madrileña (además del San Diego de Zurbarán que aún hoy conserva la recoleta iglesia de la calle de la Palma).

Nos contaba nuestro abuelo un detalle del salvamento del Hospicio por parte de los presidencialistas. El que parecía ser el jefe de filas de los iconoclastas, para motivar su purificadora labor, le señaló los escudos, timbrados por real corona, que adornan cada uno de los balcones de la planta superior del Hospicio. Cuando Luis Hernández le hizo ver que se trataba (y así es, en efecto) de los escudos de las diferentes tierras y regiones que integran España, y comenzó a decirles a qué reino pertenecía cada uno, cundió el desánimo entre la turba incendiaria —rompeolas como Madrid de todas las Españas—, pues ¿cómo iba a tolerar cada uno que se quemara el escudo de su respectiva tierra?

Y así se salvó, una vez más, el Hospicio, y con él su primorosa y sorprendente portada, joya del barroco madrileño.


Mayo de 2008

Mayo 24, 2008

Mayo de 2008

Nuestros lectores, y entre ellos, ante todo, Blanca Gallego, a cuyo talento fotográfico y a cuya amabilidad debemos este regalo mensual, nos perdonarán si este mes, por razones graves que los más allegados conocen, nos hemos retrasado involuntariamente en nuestra entrega, cuando ya el mes de mayo, por lo menos en estas latitudes del centro de la Península, aún no ha llegado climáticamente hablando, aun cuando cronológicamente ya haya entrado en su fase final.

Colores se subtitula, acertadamente, la foto escogida por Blanca para ilustrar este mes, en justa continuidad de díptico con la que encabezó el pasado mes de abril. ¡Gracias una vez más, amiga!


Abril

Abril 3, 2008

Colores (Abril 2008)

Titulada Colores, la foto con la que nuestra amiga Blanca Gallego ha querido distinguir este esplendoroso mes de abril, republicano y primaveral por estas latitudes, nos ha traído a la memoria, por una asociación sonoro-visual, la antigua canción de excursión: «De colores, de colores se visten los campos en la primavera…».

¡Gracias también por este recuerdo, Blanca!


Marzo

Marzo 7, 2008

Marzo de 2008

Lo bello, como todo lo bueno, nunca llega tarde. Debido a acumulación de trabajo, sólo hoy, cuando ya han pasado siete días del mes de marzo, arriba a nuestra página, gracias a la amabilidad de nuestra buena amiga Blanca Gallego, la impresionante mole del castillo de Íscar, poderoso vigía que, como el cercano de Coca, se antoja imponente atalaya de piedra entre los pinares que tapizan esas hermosas tierras castellanas.


Por los ojos de Raquel Meller

Febrero 10, 2008

Raquel MellerEn la madrileña sala Tribueñe sigue cosechando un merecido éxito la fantasía musical Por los ojos de Raquel Meller, con la que el autor teatral y director Hugo Pérez rinde homenaje a la que fue una auténtica leyenda del cuplé y de la canción española.

Con un reparto de seis actores-cantantes, encabezado genialmente por la completísima Maribel Per, que logra sin aparente esfuerzo no ya «bordar» el personaje, sino hacerlo revivir en la voz, en la actitud y hasta en el físico, vemos pasar ante nuestros ojos, jalonada por sus más emblemáticas creaciones, la parábola vital de la gran cancionista aragonesa. Que nadie espere, ahora bien, una obra dramática propiamente dicha: Hugo Pérez ha soslayado intencionadamente (¿tal vez en demasía?) algunas encrucijadas biográficas de carácter dramático como la de la nunca aclarada responsabilidad del marido de la cupletista, el escritor y periodista Gómez Carrillo, en la entrega de la infeliz Mata-Hari a las autoridades francesas. Hechos históricos tan importantes como el advenimiento de la Segunda República o la Guerra Civil reciben un trato elegantemente simbólico, incluso alegórico. Pero los ojos de Raquel y sus canciones parecen atravesar indemnes por todos esos avatares: y es que no a humo de pajas ha definido la obra su autor y director como fantasía musical, un rótulo que parece tomado (y no es casualidad en un enamorado del acervo musical español como Hugo Pérez) de aquellas geniales obras del género chico madrileño de finales de siglo, apodadas con pareja imaginación por sus castizos autores como pasillos veraniegos, fantasías cómico-lírico-bailables, y así sucesivamente.

Los seis actores, eficazmente dirigidos en lo musical y acompañados al piano por el maestro Mikhail Studyonov, hacen verdaderos prodigios al secundar la apretadísima sucesión de cuadros de canto, de baile o de actuación teatral con sus correspondientes y rapidísimas transiciones y cambios de escena y de vestuario, en un buen hacer y con un lujo que ya quisieran para sí compañías y teatros de mayor proyección y presupuesto. Destacan especialmente en sus sucesivos cometidos y papeles la simpática y brillante Belén González y el único actor masculino, Iván Oriola, un auténtico prodigio de versatilidad. Muy cuidada, también, la luminotecnia, a cargo de Juan Ramón Sánchez.

Dos momentos nos parecieron especialmente felices y nos emocionaron profundamente: en la primera parte, el canto del entrañable villancico catalán El noi de la mare, y, ya en la segunda, el brillante vals romántico de Doña Mariquita: Barcelona y Madrid, a fin de cuentas, un poco como la propia peripecia biográfica de Raquel Meller, que en Madrid cosechó triunfos meritísimos y que Barcelona considera, en buena justicia y con perdón de su natal Tarazona, como artista propia (¡dígalo, si no, su galana figura ante el Arnau de sus amores!).

Algún pequeño lunar en lo canoro (¿por qué correr tanto, piano y solista, en la bellísima y melancólica Flor de Te?) y en el rigor histórico (¡la quema de iglesias de la Semana Trágica no se perpetró al compás de Els segadors!) no empañan el balance de un espectáculo al que sin lugar a dudas le aguardan todavía, en Madrid y en toda España, muchísimas noches de éxito.

(La antigua postal de Raquel Meller que adorna estas líneas es gentileza de la amable propietaria de la galería de Flickr Vintage Times, a quien va todo nuestro agradecimiento). 


Febrero

Febrero 2, 2008

Febrero 2008 (El Pinar). Foto y calendario cortes�a de Blanca Gallego Luquero.

Viene febrero (con un poco de retraso, debido a la ingente mole de trabajo que nos ha regalado su antecesor y que aún colea), como siempre de la mano de Blanca Gallego, que nos muestra su pinar habitado por la niebla.


Efervescencia social

Enero 3, 2008

Nos llega noticia de una interesante exposición sobre la efervescencia social de los años 20 en la ciudad de Barcelona, organizada por el Ateneu Enciclopèdic Popular y el Centro Cívico El Sortidor del barrio del Poble Sec. Acompañan a la exposición, que estará abierta desde 7 hasta el 19 de enero en la sede del citado centro cívico, una conferencia debate a cargo de Manel Aisa, la presentación de un libro de José Luis Oyón sobre el anarquismo en la Barcelona de entreguerras y la proyección de la película La verdad sobre el caso Savolta, de Antonio Drover.

El programa completo puede descargarse aquí.