Julio 24, 2008
Resulta que «El País» de hoy trae en su última página un desayuno con la escritora de novelas policiacas Anne Perry, de paso por la XXI Semana Negra de Gijón para promocionar, como suele decirse con horrísono vocablo, la traducción española de dos de sus obras.
Resulta que, como era de esperar, una vez «hablado de su libro», como Umbral dixit, al entrevistador Abel Grau no le queda más remedio que preguntarle por el asesinato que la afamada escritora cometió a sus 15 años, junto con una amiga, en la persona de la madre de ésta.
Resulta que, escandalizada por la previsible pregunta, la nueva sucesora de Agatha Christie exclama: «Todos tenemos cosas que nos gustaría que nunca hubieran sucedido».
Toma, claro. Menuda perogrullada. Pero no todos, señora, hemos matado —y a golpes— a la madre de nuestra mejor amiga. La equiparación ofende.
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Junio 20, 2008
No es precisamente Javier Marías santo de nuestra devoción como novelista (¡en realidad pocos escritores vivos, españoles o extranjeros, pueden aspirar a altar con culto en nuestro particular templo literario y codearse allí con los suntuosos retablos que tenemos erigidos, amén de a Cervantes, a Pérez Galdós o a Balzac: el único que acude ahora a nuestra maltrecha memoria es, si acaso, el francés Eric-Emmanuel Schmitt…). Hace años, un buen amigo (¿qué es de ti, Dandy?) puso en nuestras manos dos o tal vez tres novelas de Marías y nos parecieron pretenciosas y pedantes, como si cada detalle o digresión estuvieran concebidos para pregonar a los cuatro vientos lo cultísimo que es y se cree su autor. Creemos que el escritor culto no debe, por supuesto, prescindir de su conocimiento, pero sí procurar que se le perdone, como la caridad a quien la practica.
Sin embargo, sí seguimos con interés sus semanales apariciones en el suplemento dominical de «El País», en las que se limita a decir lo que piensa de esto y de aquéllo —particularmente de males que afligen al «solar patrio»— y que obtienen casi siempre nuestra decidida adhesión por la lucidez y razón con la que, a nuestro juicio, arroja sus venablos.
Ayer aparecía en el mismo diario un reportaje de Jesús Ruiz Mantilla sobre la intervención de Marías en el ciclo Lecciones y maestros de Santillana del Mar. Y hablando de fabulaciones sobre lo real al hilo de una curiosa y terrible anécdota de su familia («La maldición del pordiosero»), dijo algunas cosas que consideramos absolutamente ciertas.
De la citada anécdota, vivida (o mejor dicho protagonizada, pues el pobre señor murió de ella) por un bisabuelo suyo, asegura que, en el mecanismo de transmisión generacional y familiar, «pasó a ser mucho más que una anécdota intrascendente. Por mucho que ocurriera en realidad fue sólo en aquel momento cuando mereció ser contada, esto es: cuando de pronto pareció ficción». Y añade: «Cuando uno cuenta o introduce la ficción en algo que ha ocurrido, la única forma de hacerlo aceptable y verosímil consiste en pasarlo por la imaginación, en ser capaz de contarlo como si en realidad no hubiera pasado».
«Contarlo como si en realidad no hubiera pasado»… En estos últimos meses, en nuestra pequeña esfera y humilde nivel, hemos empezado a relatar en estas páginas, junto con vivencias directas nuestras, algunas anécdotas o meros detalles de la vida familiar que sólo nos son conocidos por haberlos escuchado, en algunos casos, de labios de sus protagonistas o testigos, o bien por sucesivos receptores convertidos a su vez en transmisores. Mejor dicho deberíamos decir receptoras y transmisoras, y aquí viene al pelo otra verdad como un templo dicha por el famoso escritor acerca del papel de las mujeres, y siempre las mujeres, como «transmisoras de lo sucedido y lo inventado». Damos fe también de esta última afirmación: nuestra abuela materna y nuestra madre fueron verdaderos depósitos de memoria familiar, gracias a los cuales disponemos hoy de un pequeño pero tal vez jugoso acervo de vivencias fabuladas (y acaso de alguna que otra fábula vivida) que acaso nosotros también, si los dioses del Tiempo y del Ingenio nos sonríen propicios, traigamos a estos lares.
El artículo completo que nos ha servido de inspiración puede leerse aquí: Javier Marías, fabulación al poder.
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Febrero 29, 2008
En España están en todas partes, como una plaga. De toda extracción social, profesión y procedencia. Desde el gañán manchego reconvertido en «paleta» hasta el ejecutivo de Chamartín con título del ICADE. Solos no valen nada; sólo viven en manada, y hasta para copular han de ir en tropel al pretencioso meublé o al esperpéntico burdel de carretera.
Los reconoceréis por sus vozarrones, por sus tacos e interjecciones, por sus tripas cerveceras. Por sus motos arrolladoras, sus todoterrenos invasores, sus casas de mal gusto, sus negocios sucios y sus desventuradas mujeres, objetos todos (y estas últimas más objeto aún que los anteriores) que el machito exhíbe como ideal prolongación de su miembro, siempre desmesurado en sus también ideales ponderaciones. Sólo saben hablar, o mejor dicho berrear, de hazañas de fútbol, de cilindradas de motores y de atributos de mujeres (que para ellos vienen a ser como la cilindrada de éstas).
Vomitan insultos contra los inmigrantes, los mismos que tienen que aguantar sus impertinencias detrás de las barras de los bares, cuando no reírles las gracias. Pero, llegado el caso (¡el de machito es un cargo que entraña no pocas obligaciones!), no le hacen ascos a la rumana del puticlub o a la negrita de la calle de la Ballesta.
Sólo se alimentan de carne: la metafórica del honor de los que no forman parte de su tribu (divididos, según sexo, en putas y maricones) y la literal del chuletón de buey. Diríase que la sangre tiene para ellos un atractivo especial. Ni podría hacérseles mejor regalo que una de esas denigrantes matanzas, ampliamente publicitadas, donde el rito ancestral del sacrificio de un cerdo se transforma en motivo de espectáculo y jolgorio para machitos urbanos en busca de emociones nuevas. Doquiera que en España se maltrate y torture a un pobre animal, allí veréis una nube de machitos. Abandonando perros, alanceando toros, decapitando gallos, ahorcando galgos y haciendo cacerías de inofensivos gatos son auténticos maestros. Y luego nos sorprende que de semejantes semilleros salgan los especímenes que matan a su pareja.
Otra característica tiene el machito de estas tierras: bajo su elegante traje de Armani o su vaquero y camiseta de Alcampo, a poco que rebusquéis, siempre sacará el machito, como el pavo real su cola, un admíniculo racial: la pulserita con los colores patrios, el llavero con el busto de su Caudillo o el celular con el insufrible soniquete de la Marcha Real.
Por eso, entre otras cosas, a muchos nos da vergüenza este país y pertenecer a él.
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Febrero 27, 2008
Ya hemos tenido ocasión de citar en esta bitácora la prestigiosa revista valenciana «Estudios», de inspiración anarquista y naturista, a propósito de los tres artículos que en ella publicara en 1936 nuestro abuelo materno, el periodista, escritor y traductor Luis Hernández Alfonso.
La editorial Faximil ha tenido la espléndida iniciativa de poner al alcance de todos, en soporte digital, la colección completa de tan benemérita publicación entre los años 1928 y 1937, que puede adquirirse en la Librería de El Sueño Igualitario. Espléndidamente decorada por Renau (artista actualmente objeto, por cierto, de una completa exposición en el madrileño Cuartel del Conde-Duque) y Monleón, en sus páginas colaboró lo más granado y moderno del pensamiento higienista y humanista de la época alrededor de figuras como Abad de Santillán, Roberto Remartínez, Félix Martí o el médico rural Isaac Puente, inteligente e incansable divulgador de los preceptos sanitarios más avanzados, fusilado por los sublevados a poco de iniciarse la Guerra.
Excusado decir el interés con que estamos ojeando sus páginas y encontrando en cada número varios motivos de interés. En una de sus amenas Gacetillas, que llevan la firma de «Julio Barco» (el granadino Antonio García Birlán), correspondiente al número 67 (marzo de 1929), hemos encontrado, por ejemplo, una cita de Fray Luis de León que no conocíamos y que nos ha sorprendido gratamente:
Consiste la perfección de las cosas en que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para que por esta manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y teniendo yo su ser de todos ellos y todos y cada uno de ellos el ser mío, se abrace y eslabone toda aquesta máquina del universo y se reduzca a unidad la muchedumbre de sus diferencias, y quedando no mezcladas se mezclen, y permaneciendo muchas no lo sean; y para que extendiéndose y como desplegándose delante los ojos la variedad y diversidad, venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo.
Habrá que pensar que, incluso fuera de la mística contemporánea propiamente dicha, unitiva por definición y necesidad, había en aquella Castilla, en el corazón y en la mente de maestros preclaros como Fray Luis, un barrunto siquiera de la realidad que doctrinas orientales como el budismo y el taoísmo ponen en el centro de su sistema de creencias.
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Enero 15, 2008
En interesante reportaje que publica en el último dominical de «El País» Boris Izaguirre sobre el escritor Juan José Millás, dice este último acerca de la infancia:
La columna vertebral de toda existencia es la infancia. Allí se gestan todos los elementos del resto de tu vida. Es aterrador revisarla, o aceptar que ella vuelva a ti el día más inesperado. Lo hace, tenlo por seguro, vuelve, te enfrenta, te machaca. Y se va para volver otra vez.
Lo último, por cierto —y el apunte es nuestro—, diferencia radicalmente la infancia de la juventud. La reflexión de Millás transmitida por Izaguirre nos ha impresionado doblemente al encontrarnos leyendo en estos prolegómenos del año un acertadísimo regalo de una persona muy allegada: el primer volumen de las memorias de Carlos Castilla del Pino, titulado Pasado imperfecto, en el que el ilustre médico y humanista revisita su infancia y adolescencia en su San Roque natal, ya en vísperas de la Guerra Civil. A estas alturas de la vida, nosotros también nos sentimos llamados por fin a enfrentarnos (pues de enfrentamiento se trata: no lo dudamos) a nuestra infancia. Y tal vez algún fruto de esa cruenta revisitación se cuele por entre las flores y las hojas de este jardín no tan cerrado…
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Diciembre 10, 2007
No todas las semanas comienzan permitiéndole a uno leer pensamientos como el siguiente, leído esta mañana durante el desayuno:
He llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad.
Sólo la negrita es nuestra. La frase, del catedrático de Ética José Antonio Marina, en entrevista que publica hoy «El País».
Una conclusión para empezar con buen pie el día, la semana… y toda una vida.
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Noviembre 20, 2007
Gusta que, entre tanto interés por un inmediato que a menudo carece de él, algún periodista se ocupe, siquiera de vez en cuando, de materias más consistentes, profundas y, por supuesto, mucho más importantes. Es el caso de Rosa Montero en el suplemento dominical de «El País» del domingo pasado. En su artículo, tras reivindicar la importancia del sentido de lo sagrado para cuantos no profesan religión positiva alguna, concluye la escritora:
Todos, creyentes o no, ricos o pobres, intelectuales o analfabetos, tenemos esa capacidad para sentirnos rozados por el ala oscura de lo sagrado. Es decir, por la turbación y el embeleso del misterio esencial. Los japoneses lo llaman satori, los psicoanalistas hablan de momentos oceánicos. Puede suceder en un atardecer tranquilo y hermoso, o tal vez, como a mí me ha pasado alguna vez, contemplando los ojos aterradoramente humanos de un gorila. Sabes de lo que hablo: de ese instante en el que todo parece encajar y te sientes formar parte del mundo, del tiempo, del todo. Y la vida palpita dentro de ti, monumental y quieta.
Nosotros, fieles aunque humildes seguidores del genial Abraham Maslow, preferimos llamarlas «experiencias cumbre», aunque el nombre es lo que menos importa. «Embeleso», «turbación», irrupción tan dulce como inesperada («roce») de algo sublime, manifestación de una armonía total e inesperada en la que «todo parece encajar», identificación total con la realidad espacial, temporal, total… Éstas y otras muchas expresiones apenas dan un vislumbre de algunas de las vivencias que semejantes experiencias dejan —indeleblemente— en el ánimo de quien las vive. Y aunque la influencia que determinadas tradiciones religiosas han ejercido en la vida y la cultura de tantos pueblos podría llevarnos a pensar que sólo algunas conversiones religiosas o determinados trances de la vida mística y espiritual en el seno de las religiones respondan a tales características, nada más lejos —afortunadamente— de ello. Lo estético, lo moral, lo erótico, lo científico, lo artístico e innumerables otros factores o componentes de la vida humana se prestan a servir de cauce, puente o pretexto para que, en algunos momentos, sin decisión alguna por nuestra parte, podamos tocar, siquiera unos instantes, esa otra orilla.
El artículo completo de Rosa Montero: El valor de lo sagrado.
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Noviembre 16, 2007
La librera y editora libertaria María Fuentetaja ha muerto. En una emocionada necrológica que publicada ayer el diario «El País» con las firmas de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría, se dicen de ella algunas cosas que, como suele decirse, nos han llegado al alma:
«Como todos los libertarios amaba sobre todo la vida, y consideraba que para andar con dignidad por el camino de la existencia no se necesitan revelaciones divinas encarnadas en textos sagrados, sino compartir las cosas con los demás a la luz de los saberes contenidos en libros escritos por hombres y mujeres de todo el orbe, y de todas las razas y culturas, con tal de que amasen la libertad, e hiciesen de ella una razón para vivir».
«Al igual que a Fourier, también a María le gustaban las flores y los gatos, pero sobre todo su pasión eran los libros de viejo, y allí [en el Escorial], acompañada por unas buenas vecinas, y con el permanente cariño de su hijo Bernardo, guardaba los pequeños grandes tesoros de su biblioteca que enseñaba a sus amigos cuando la íbamos a ver».
Gatos y libros: compañeros de tantas vidas, incluida la nuestra. No tuvimos la dicha de conocer a María Fuentetaja; sí su fantástica librería de la calle San Bernardo, en la que hemos pasado ratos inolvidables. Pero basta esa compañía buscada de gatos y de libros de lance, por no hablar de su razón de vida, para hacérnosla compañera y amiga.
El artículo completo, aquí: María Fuentetaja, editora libertaria.
En la foto, nuestra gata más pequeña, la sevillana Monpansié, haciéndose su miajiya de cultura.
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Noviembre 12, 2007
Más de una vez hemos recordado en nuestra bitácora la figura y la obra de ese gran amigo de la Humanidad que fue Arturo Soria y Mata. En esta ocasión, en lugar de glosar su labor de urbanista llevada a la práctica en la Ciudad Lineal de Madrid, deseamos dar cuenta de su libro póstumo titulado Filosofía barata. Apuntes sociológico-científicos, publicado en 1926 por la Imprenta de la Ciudad Lineal y prologado por su «hermano y amigo» el famoso estudioso y publicista Mario Roso de Luna.
La obra en cuestión consiste en una colección de artículos publicados en su día por Soria y Mata en la revista «La Ciudad Lineal», con excepción del que abre la colección, titulado Los solitarios, que había quedado inédito a su muerte, acaecida en 1920.
Tan amplia como variada es la temática de los distintos artículos que componen esta satura lanx, y cuya amenidad nos recuerda en pequeño a la de los inmortales Ensayos de Montaigne: La Liga Antiduelista, Los cuadrados mágicos, Caciques y ladrones, Los Cristos, Los coprolitos, El matriotismo… son sólo algunos de sus títulos, cuya sencilla mención puede dar una idea de los numerosos y heterogéneos intereses que, a la manera renacentista, ocupaban la mente y movían el corazón del filántropo madrileño.
En estos artículos, tan pronto denuncia el autor el caciquismo instaurado por el marqués de Ibarra en el pueblo de Canillas (La guerra al caciquismo) como nos confiesa los calambres, mareos y demás males que le produce oír la palabreja «encuesta» por ser traducción servil del francés enquête (Caciques y ladrones); ora nos deleita desarrollando su interesante (y aún por explorar) teoría sobre la función de los poliedros regulares en la constitución del Universo, de newtoniana raigambre (Camino para invenciones), ora se extasía ante el dúo encantador de El puñao de rosas de Chapí (La gloria); aquí califica de «rey de los olores» al del ilang-ilang (Virtudes medicinales de la belleza), allí de «pesimista lacrimoso» a Joaquín Costa (La cobardía moral ambiente), acullá establece y desentraña la diferencia entre instrucción y educación (La instrucción y la educación), y así sucesivamente, en una sinfonía de asuntos y materias que nos da una levísima idea de la enorme riqueza que se encierra en los tomos de las diferentes publicaciones fundadas por Arturo Soria o en las que éste colaboró.
En sucesivas entregas, nos proponemos volver sobre éstos y otros temas tratados en la presente antología de artículos del creador de la Ciudad Lineal.
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Noviembre 8, 2007
La Editorial Sintra, radicada en Barcelona, acaba de publicar una nueva edición de una obra del que es considerado el abuelo del anarquismo español: el toledano Anselmo Lorenzo Asperilla (1841-1914). Titulada El banquete de la vida, lleva como subtítulo Concordancia entre la naturaleza, el hombre y la sociedad. Publicada por vez primera en 1905, se articula en una completa serie de breves estudios (El derecho a vivir, Tierra, Agua. Aire, Hombre, Estudio, Trabajo, Producto, Necesidad, Satisfacción, Solidaridad, Vida, Amor, Balance, Arte, Ciencia, Felicidad, Humanidad futura, Agotamiento de la Humanidad, La muerte es la vida) que van desde la Naturaleza al hombre y desde éste a la sociedad.
Permítasenos entresacar de entre ellos algunos pensamientos muy ilustrativos del ideario humanista del anarquismo de Anselmo Lorenzo y, a nuestro juicio, completamente vigentes:
Vivir es el supremo derecho y el gran deber que contraemos por el hecho de ser. Armonizar ese derecho y ese deber en nosotros mismos y en las relaciones de cada individuo con el resto de nuestra especie. Ése es el objeto de la sociedad humana (cap. I).
Es, pues, la solidaridad, el concurso de todos a la insuficiencia de cada uno, refluyendo asombrosamente beneficiada y abundante sobre individuos y colectividad (cap. XI).
Mientras la lucha por la existencia dirige indiferentemente al progreso o al retroceso de la evolución, según sean las circunstancias y el impulso recibido, la práctica de la ayuda mutua es el gran agente que dirige siempre hacia el desenvolvimiento progresivo. Es el factor del progreso de la evolución (cap. XVI).
La Tierra, este mundo que habitamos, libre de las fantasías del Génesis y del Apocalipsis bíblico, y nuestro propio ser humano, que, en su delirio de grandeza antropomórfica, se adoró en el tipo divino forjado en su fantasía, sometido como cosa secundaria a las vicisitudes del medio de subsistencia, queda reducido al rango que le corresponde en la escala zoológica, no siendo [...] sino una forma de evolución pasajera de la substancia y de la energía infinitas y eternas (cap. XX).
El pequeño volumen, al que con gran acierto acompañan las hermosas cabeceras y cubierta de la edición original, obra de F. Sacristá, se enriquece con un Prólogo Introducción y un Esbozo biográfico de Anselmo Lorenzo debidos a la competente pluma de Manel Aísa. Eventuales pedidos de ejemplares (al precio unitario de 8 € + gastos de envío) pueden cursarse a la siguiente dirección de correo electrónico: editor@editorialsintra.com
Algún día habrá que recordar las figuras y divulgar nuevamente las obras de los muchos benefactores de la Humanidad que, más por su desgracia que por su fortuna, nacieron y vivieron en un suelo como el español, mucho más apto a engendrar caciques y espadones que espíritus ilustrados y benéficos como un Jovellanos, un Giner de los Ríos, un Arturo Soria…. o un Anselmo Lorenzo.
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