La música vuelve a su palacio

Mayo 23, 2008

Palacio de la Música

Por una vez, y sin que sirva de precedente, nos llega una buena noticia relacionada con el patrimonio artístico y cultural de este sufrido Madrid. Conjurando temores harto justificados de una venta de la actual sala cinematográfica a unos grandes almacenes, temores de los que nos hicimos eco en su día en estas mismas páginas, la Fundación Cajamadrid ha comprado, según noticia de estos días, el hermoso edificio de Zuazo para que vuelva a cumplir su misión original de sala de conciertos.

Ahora hará falta una gestión inteligente, junto con una programación atractiva, para que los madrileños volvamos a acudir a la Gran Vía a escuchar buena música, servida por los mejores directores y solistas, como fue habitual hasta bien entrados los años cincuenta. La Fundación compradora, cuya labor cultural la hace benemérita, posee en principio todos los recursos económicos y humanos necesarios para que se haga realidad esta vuelta del emblemático edificio situado en el ecuador de la Gran Vía a su función original.

El primer paso ya está dado. Y los gatos enamorados de la buena música y de la buena arquitectura estamos de enhorabuena. ¡Ahí es nada, volver a escuchar a Brahms, a Falla o a Chaikovsky en plena Gran Vía, cuando ya pensábamos que la única música que podríamos escuchar en la antaño prestigiosa arteria, hoy reducida en gran parte de su recorrido a hábitat de pícaros y hampones, era la enlatada de ñoños musicales de tres al cuarto!


Así no es Madrid… en el cine

Marzo 23, 2008

As� es Madrid… en el cineComo se suele decir, el Ayuntamiento de esta desventurada ciudad se ha lucido con su recién clausurada exposición pomposamente titulada Así es Madrid… en el cine. O por lo menos con el catálogo de la misma, que persona muy querida ha puesto en nuestras manos, sabedora del interés que la temática despierta en nosotros y de nuestra proverbial pereza a visitar físicamente cualquier exposición por digna de aprecio que nos parezca.

A parte de las demasiado frecuentes erratas en los textos (¡el firmado por Concha Velasco habla de la escobera principal de los Jerónimos!), que acusan una revisión deficiente o más bien nula, hay unas cuantas localizaciones de escenas que constituyen errores garrafales, imperdonables en una exposición oficial que pretende levantar acta de la fructífera relación existente entre la más moderna de las artes y la Villa y Corte.

Pasaremos por alto las denominaciones vagas, del tipo «alrededores del Rastro», que denuncian el escaso o nulo esfuerzo hecho por los comisarios de la exposición (Antonio García-Rayo, Javier Domingo, Eduardo Alaminos) con vistas a situar muchas de las tomas expuestas. En la página 34, Rafael Rivelles en Murió hace quince años (1954) está en la calle Felipe V (al fondo se ve claramente el monumento a Felipe IV de la Plaza de Oriente), más que en unos difusos «alrededores del Palacio Real». En la página 66, correspondiente a El regalo de Reyes, de 1918, la escena superior (localizada por los curadores, en lo que constituye todo un alarde de precisión, «en el viejo Madrid») está rodada en la calle de Don Pedro, cuyo palacio del Infantado se distingue en primer término izquierda; vía pública que, por cierto, serviría de marco, más de cuarenta años después, para la sublime Mi calle de Edgar Neville.

Las páginas 126-127 nos traen una doble sorpresa. En la primera, la escena de La Revoltosa (1963), localizada según el catálogo en «calles junto a la iglesia de San Andrés», lo está precisamente en la de los Mancebos: no hay más que ver la cúpula de la capilla de San Isidro de la mencionada iglesia para saberlo. Otro tanto dígase de la foto correspondiente a Se necesita chico, del mismo año y en la siguiente página: el auto deportivo en el que viajan Lina Canalejas y Javier Cebrián, lejos de transitar por una imprecisa y nebulosa «periferia madrileña» (¡sólo faltaba que fuera valenciana o berlinesa!), lo hace por la calle Ramón y Cajal, a la altura de la colonia de hotelitos de Primo de Rivera; para más vergüenza de los habilísimos localizadores, destaca a la derecha el campanario de la espantosa parroquia edificada después de la Guerra en esa zona en el consabido y patriótico estilo seudoescurialense.

Centrémonos, en cambio, en tres disparates solemnes. En la página 156, la escena de La estanquera de Vallecas de Eloy de la Iglesia (1987) con la policía acorralando a los manifestantes ante el estanco de la protagonista, se dice localizada, perogrullescamente, en Vallecas, cuando nosotros mismos, con estos ojos que se tragará la tierra, la vimos rodar en la plaza de San Ildefonso, entre la calle Fuencarral y la Corredera Alta de San Pablo.

El segundo despropósito mayúsculo lo cometen los inefables autores del catálogo al localizar la escena de la almodovariana Laberinto de pasiones (1982), que reproducimos, en una supuesta «zona de Serrano». No hay tal, señores: es la calle San Millán, con el quiosco de prensa que hace esquina con la plaza de Cascorro, frente al actual banco de Santander, antiguo café cantante, por cierto. No por nada hemos comprado allí el diario a diario durante los años en que vivimos en la cercana calle de Rodas. Seguro que más de una marquesa se ha santiguado al ver de pronto encumbrados los barrios bajos al aristocrático nivel del barrio de Salamanca.

Laberinto de pasiones

Pero los perpetradores de este cúmulo de errores e imprecisiones hecho catálogo no se detienen aquí, y en la página 144 cometen el mayor desliz que cabía esperar: en Cambio de sexo (1977) de Vicente Aranda, la jovencísima Victoria Abril estaría, según nuestros expertos en cine madrileño, sentada en la casticísima «zona de Las Vistillas». Pero, ¡ay de nosotros!, al contemplar la foto se nos cayeron los palos del sombrajo, que dijo el clásico: ¿no es acaso, la que en el fondo se divisa, una de las escalinatas de Montjuich, con la entrada a uno uno de los pabellones de la magna exposición barcelonesa de 1929?

Cambio de sexo

Temblamos sólo al pensar qué sería de los autores de un catálogo titulado Así es Barcelona… en el cine si hubieran localizado una escena rodada en las Vistillas como filmada en el parque Güell o en la Font del Gat: ¿público ludibrio en las páginas de Avui? ¿proscripción de por vida de toda colaboración con la Generalitat? ¿destierro a los Monegros? Aquí no, nada de eso. Aquí, los supuestos expertos, a vivir del cuento y a cobrar del bote; las autoridades, a sacar catálogo y hacerse la foto en plan cultureta, que diría nuestro buen amigo Inthesity; los administrados, a maravillarse ante el empaque cultural de sus munícipes, y aquí paz, y después gloria. Y es que Así es Madrid, en efecto… Para que luego digan.


Efervescencia social

Enero 3, 2008

Nos llega noticia de una interesante exposición sobre la efervescencia social de los años 20 en la ciudad de Barcelona, organizada por el Ateneu Enciclopèdic Popular y el Centro Cívico El Sortidor del barrio del Poble Sec. Acompañan a la exposición, que estará abierta desde 7 hasta el 19 de enero en la sede del citado centro cívico, una conferencia debate a cargo de Manel Aisa, la presentación de un libro de José Luis Oyón sobre el anarquismo en la Barcelona de entreguerras y la proyección de la película La verdad sobre el caso Savolta, de Antonio Drover.

El programa completo puede descargarse aquí.

Informáticos del siglo XV

Octubre 29, 2007

No nos resistimos a señalar a la atención de nuestros lectores un hilarante sketch que nos ha remitido nuestro buen amigo Pedro González Juarranz. Lo pueden descargar en el BoxNet situado en la columna derecha de nuestra bitácora (es el titulado Monje ayuda de escritorio).


Letrinas filosóficas

Septiembre 22, 2007

Hace unas horas, y antes de asistir, en la Filmoteca madrileña, a la proyección de la interesante película estadounidense En cada puerto un amor, protagonizada por la recientemente desaparecida Conchita Montenegro y José Crespo (y en la que, dicho sea de paso, más de un diálogo y más de un gag revelan la inconfundible mano del gran Edgar Neville), hubimos de bajar a cierto lugar reservado para hacer, como solía decir con gracejo nuestro abuelo el escritor, lo que nadie puede encargar a otro. Ya en nuestro cubículo, pudimos ver, trazada en la puerta, en vez de las consabidas obscenidades, la siguiente, lacónica sentencia: «Todo es relativo». Y otra mano, igual de filosófica y con no poca donosura, había añadido a renglón seguido, a modo de contestación y multiplicando la paradoja: «Puede que sí, puede que no».


Hombres

Abril 22, 2007

El viernes, pasando por la Gran Vía madrileña, no pudimos evitar la atractiva tentación de curiosear entre algunos puestos callejeros instalados para celebrar el Día del Libro.

En uno de ellos cayó entre nuestras manos la obra cuya portada reproducimos, y que desconocíamos totalmente. Siempre hemos sido grandes admiradores de esa polifacética y hermosa mujer que respondió al nombre artístico de Ana Mariscal (1923-1995), eminente actriz teatral y cinematográfica y gran directora de cine. No la conocíamos, en cambio, en su faceta de escritora, por lo que la posibilidad de leer por vez primera una obra suya nos llenó de ilusión.

La novela (pues de novela se trata) tiene, además, su curiosa historia, narrada por la propia autora en su extensa presentación autobiográfica. Escrita por singular petición de una editorial madrileña por una jovencísima actriz que jamás había pensado en escribir, su tirada fue íntegramente retirada por el régimen franquista por haberse anunciado en los periódicos su publicación antes de someterla a la preceptiva censura. Se trata, pues, de una obra que, si bien editada en 1943, no sería publicada hasta casi medio siglo después, en 1992, por la editorial El Avapiés, sólo tres años antes del fallecimiento de su autora.

Recomendamos la lectura de esta novela moderna para su época, innovadora, en la que una mujer va pasando en reseña la historia de sus diferentes amores. Sólo ya este planteamiento habría «merecido» la censura gazmoña y cerril de la posguerra. La propia autora así la describe: «A pesar de su título, la novela es la historia de la mente de una mujer, una mente cerrada para todos los hombres con quienes se relacionó, no porque ella se aferrara a su hermetismo simo porque su mente es sucesivamente ignorada por cada uno de los hombres que la amaron y con ella se ayuntaron. Entre ella y los hombres que conoció existe una trabazón amorosa pero nunca un conocimiento mental, ni el más leve intento» (pág. 44). Escrita tres años antes de la celebrada Nada de Carmen Laforet, encontramos muchas afinidades entre las dos obras, aunque la novela de Ana Mariscal, avalorada por su profundo estudio psicológico de personajes y situaciones, se nos antoja más vanguardista y rompedora.

Seguidamente, consignamos algunos pensamientos de Hombres que nos han llamado la atención en una primera lectura:

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Nos salen al encuentro

Enero 21, 2007

Alguno de nuestros sufridos lectores no dejará de pensar que, habida cuenta del gran volumen de hojarasca acumulado en este jardín (entendiendo por tal la denuncia de errores y dislates advertidos que traemos a éste), sus jardineros no tienen cosa mejor que hacer que pasarse el día mirando con lupa periódicos, carteles y publicaciones varias para coleccionar semejantes objetos, regodeándose casi (o sin casi) a cada nuevo hallazgo.

Nada más lejos de la realidad: los dislates, muy a nuestro pesar, nos salen al encuentro. Ayer, sin ir más lejos, mientras cruzábamos el paseo del Prado, en un cartel que anunciaba la Filomena Marturano que Concha Velasco protagoniza en La Latina —cartel que luego hemos visto repartido por toda la ciudad—, nos asaltó el apellido del autor: «EDUARDO DE FILIPO»: así, en letras de molde, cojo de la segunda p que le corresponde. Curioso error en un país en el que, con los nombres y apellidos italianos, suele suceder exactamente lo contrario: cartelistas y periodistas les añaden, generosamente, consonantes dobles inexistentes, hasta el punto de que nuestra idolatrada Giulietta Masina casi siempre aparecía (y sigue apareciendo cuando aún se la recuerda, ¡nunca lo suficiente!) como Massina, con una s de propina que suponemos les suena más italiana. Idéntica suerte suele correr Ornella Muti, que aquí será siempre, per saecula saeculorum, Mutti. ¡Marchando una de consonantes dobles, ragazzo!

Habíamos cruzado el paseo para asistir, en el Cine Bellas Artes, a la proyección de una película francesa sobre los soldados árabes de Argelia y del protectorado francés de Marruecos que lucharon bajo la gloriosa bandera tricolor durante la Segunda Guerra Mundial. Pues tampoco en nuestra cómoda butaca la chapuza hispánica nos dio tregua. Los traductores (esta vez, para que no se diga, criticamos a nuestro gremio, que motivos los da, y cómo) cometieron auténticas tropelías en los subtítulos. Citaremos sólo dos de carácter geográfico: «Algeria» (¡!) y «Valle del Rhin». Dejando a un lado, en este último, la improcedencia de la forma francesa, errónea en español, lo más grave era que el rótulo geográfico así traducido decía en realidad en francés: «Vallée du Rhône», o sea Valle del Ródano. Pequeñeces, vamos.

 


Mi buen amigo Menander

Diciembre 12, 2006

Aficionados al cine antiguo, anoche pudimos ver en televisión una vieja película de Gregory LaCava, con Ginger Rogers y Joel McCrea como protagonistas: se trata de Primrose Path, titulada en español Una nueva primavera. Se abre la película con el texto, naturalmente en inglés, de una famosa sentencia del autor griego Menandro: «Vivimos como podemos, y no como queremos». En el doblaje —moderno y malo, con voces que no cuadran con la época, si se nos permite la expresión— una voz nos lee en español la frase, rematada por la firma: «Menander». Tras el consabido respingo, seguimos viendo la película y, al poco, uno de los personajes, el padre de la protagonista, escritor fracasado enamorado de los clásicos griegos, habla de «mi buen amigo Menander». Nuevo respingo. Estamos seguros de que si la cita hubiera sido, es un suponer, de Platón, nuestro brillante colega habría mantenido, sin titubear, «mi buen amigo Plato». Siglos de tradición de aclimatación española de nombres de personajes clásicos, tirados por la borda. ¿O sencillamente ignorancia supina de dichos personajes? Nos quedamos con la duda, mientras esperamos futuros cargamentos de cíceros, plautus, neros y… platos, por supuesto.

Apostilla ortotipográfica: Verá el atento lector que por vez primera en esta bitácora hemos podido emplear comillas angulares, latinas o españolas «» en vez de las inglesas ” y rayas — en vez de guiones. Se trataba de una vieja aspiración que aparentemente el editor de WordPress no nos permitía cumplir. El otro día, por un error al teclear una combinación de teclas (Alt+v), vimos con gran sorpresa que, en vez de lo que deseábamos, se añadía una línea al menú visual del editor en la que, amén de otras funciones, figura la posibilidad de justificar el texto (hasta ahora siempre lo hacíamos en html), copiar desde Word, subrayar caracteres, aplicar estilos y colores e incluso —cosa utilísima— desfacer entuertos. Tal vez éramos los únicos que lo ignorábamos. Pero, por si así no fuera, aquí lo dejamos consignado para común provecho.


Muerte de un ciclista

Noviembre 18, 2006

La otra noche tuvimos ocasión de admirar esta espléndida y famosa película de 1955 del director español Juan Antonio Bardem, en la que la italiana Lucía Bosé, el argentino Alberto Closas y el uruguayo Carlos Casaravilla (espléndido “malo” de tantas y tantas inolvidables películas) están en su plenitud, al servicio de un guión modélico, espléndidamente filmado y justamente premiado por la crítica en Cannes. Y esta mañana hemos leído un interesante artículo de un cinéfilo estadounidense que acaba de descubrirla. Ello nos ha impulsado a recomendar vivamente su visión a quienes aún no la conocieran. Estamos seguros de que les gustará.


Rápteme usted

Octubre 27, 2006

Se trata de una prueba del funcionamiento de YouTube que acometemos “temblando” debido a nuestro escasísimo dominio de estas tecnologías. Puestos a hacerlo, lo haremos, fieles en ello al espíritu de nuestra bitácora, con una rareza del año de la polca: Celia Gámez cantando y bailando el número Rápteme usted que da título a la homónima película musical del año 1940, dirigida por Julio de Fleischner. Pues eso, “rápteme usted”.