Los machitos
Febrero 29, 2008En España están en todas partes, como una plaga. De toda extracción social, profesión y procedencia. Desde el gañán manchego reconvertido en «paleta» hasta el ejecutivo de Chamartín con título del ICADE. Solos no valen nada; sólo viven en manada, y hasta para copular han de ir en tropel al pretencioso meublé o al esperpéntico burdel de carretera.
Los reconoceréis por sus vozarrones, por sus tacos e interjecciones, por sus tripas cerveceras. Por sus motos arrolladoras, sus todoterrenos invasores, sus casas de mal gusto, sus negocios sucios y sus desventuradas mujeres, objetos todos (y estas últimas más objeto aún que los anteriores) que el machito exhíbe como ideal prolongación de su miembro, siempre desmesurado en sus también ideales ponderaciones. Sólo saben hablar, o mejor dicho berrear, de hazañas de fútbol, de cilindradas de motores y de atributos de mujeres (que para ellos vienen a ser como la cilindrada de éstas).
Vomitan insultos contra los inmigrantes, los mismos que tienen que aguantar sus impertinencias detrás de las barras de los bares, cuando no reírles las gracias. Pero, llegado el caso (¡el de machito es un cargo que entraña no pocas obligaciones!), no le hacen ascos a la rumana del puticlub o a la negrita de la calle de la Ballesta.
Sólo se alimentan de carne: la metafórica del honor de los que no forman parte de su tribu (divididos, según sexo, en putas y maricones) y la literal del chuletón de buey. Diríase que la sangre tiene para ellos un atractivo especial. Ni podría hacérseles mejor regalo que una de esas denigrantes matanzas, ampliamente publicitadas, donde el rito ancestral del sacrificio de un cerdo se transforma en motivo de espectáculo y jolgorio para machitos urbanos en busca de emociones nuevas. Doquiera que en España se maltrate y torture a un pobre animal, allí veréis una nube de machitos. Abandonando perros, alanceando toros, decapitando gallos, ahorcando galgos y haciendo cacerías de inofensivos gatos son auténticos maestros. Y luego nos sorprende que de semejantes semilleros salgan los especímenes que matan a su pareja.
Otra característica tiene el machito de estas tierras: bajo su elegante traje de Armani o su vaquero y camiseta de Alcampo, a poco que rebusquéis, siempre sacará el machito, como el pavo real su cola, un admíniculo racial: la pulserita con los colores patrios, el llavero con el busto de su Caudillo o el celular con el insufrible soniquete de la Marcha Real.
Por eso, entre otras cosas, a muchos nos da vergüenza este país y pertenecer a él.
Publicado por eldoctorhache












