Esta mano da la herida

Enero 21, 2008

Viene hoy a nuestras páginas un curioso cuadro de la última subasta de la casa madrileña Fernando Durán, de escuela española del siglo XVI, y que representa el Juicio Final. La escena está distribuida en tres planos horizontales, y destaca por su belleza la figura del arcángel Miguel que ocupa el centro de la composición, cuyo tratamiento nos recuerda modelos de Miguel Ángel.

El Juicio Final

A poco que se fije el curioso observador, notará unos versos escritos a lo largo del marco. Se trata de una redondilla alusiva que reza así:

Esta mano da la herida

con que del malo convierte

la vida en eterna muerte

y al bueno la muerte en vida.


Eran vírgenes

Enero 13, 2008

No es la primera vez que señalamos en estas páginas algún dislate en la asignación de asunto o título a una obra de arte de las que saca a subasta la renombrada casa madrileña Fernando Durán. Si en el primer caso los peritos de la misma acogieron positivamente nuestras aclaraciones en torno a un impreciso santo franciscano (véase El misterio del santo franciscano 1 y 2: tranquilícese el lector, que no se tratan de películas generadas por el fenómeno Da Vinci), al comunicarles nuestra respetuosísima opinión sobre la Amaltea por ellos titulada Maternidad con cabra (¡!) no se dignaron de contestarnos… Pero como no hay dos sin tres, en el reciente catálogo de la Gran Subasta de Navidad cometen otra pifia.

Se trata del cuadro catalogado con el lote 427, de escuela francesa del siglo XVII, y pomposamente titulado por el experto de turno con el rimbombante título de Alegoría de las Artes y de las Ciencias al servicio de la Religión, así, todo mayúsculo y sonoro. He aquí la por otra parte muy interesante pintura:

Alegor�a de las Artes y de las Ciencias al servicio de la Religión

A poco que el atento lector examine el cuadro, verá que algo no cuadra (con perdón por el involuntario retruécano a lo Muñoz Seca) en el apócrifo título. Las Artes que ocupan la mitad derecha de la composición no parecen estar precisamente pensando en servir a la Religión, supuestamente representada por la figura de Cristo que perfora las nubes.

Detalle de la parte derecha de la composición

Más bien parecen estar —si se nos permite la expresión harto coloquial— corriéndose una juerga macanuda, de resultas de la cual la señorita de la izquierda ya está massielizada, valga el participio, y la de la derecha, que parece (pese a ser de mano francesa) querer empezar a arrancarse por sevillanas con una copa en la mano (luego veremos de lo que se trata en realidad), comienza también a enseñar, con expresión tomada de La corte de Faraón, «muchas cosas / de cintura para arriba».

Si por un momento apartamos nuestra casta mirada de tan licencioso grupito y la ponemos con continente alivio en el virtuoso conjunto de la izquierda, notaremos que las cinco señoritas que lo componen, con inclusión de las dos que estaban abstraídas con el libro y el compás y de la otra que leía por su cuenta, llevan todas ellas en la mano derecha una lámpara encendida, con su correspondiente llamita.

V�rgenes prudentes

En cambio, de las juerguistas de la derecha, sólo dos elevan empuñan lámparas, por lo demás apagadas; tres de ellas ni siquiera las tienen (la que toca el laúd está justificada, pues no debe ser fácil tarea; la borracha, ídem del frasco; la que sostiene el librito de cantos supuestamente licenciosos no necesita desde luego las dos manos para sostenerlo, pero precisamente a sus pies vemos, caída, su correspondiente lámpara).

En fin, y para abreviar: se trata, como nuestros lectores ya habrán colegido, de una curiosa representación de la parábola de las diez vírgenes o de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias, narrada por Jesús en el Evangelio de Mateo (25, 1-13). Curiosa representación, eso sí, pues retrata a las vírgenes prudentes empleando provechosamente en el estudio el tiempo que dura la espera del esposo y las necias, por el contrario, perdiéndolo lastimosamente en francachelas. Pero nada de Ciencias (¡y menos aún de Artes, que salen bastante malparadas!) prestando servicio a la Religión.

Queda abierta la colecta para el envío a los expertos de tan famosa casa de una selección de libros del tipo Cómo mirar un cuadro y afines. Nosotros ponemos gustosos un euro. ¿Quién da más?


De la belleza hecha azulejo

Diciembre 28, 2007

Nuestro buen amigo Tono Giménez Ayora, gran conocedor y divulgador de las bellezas de Valencia y excelente fotógrafo de todo lo curioso y destacable que dicha ciudad encierra, ha logrado acceder a un espacio privado en el que se oculta un conjunto artístico e iconográfico de primera magnitud, que a nuestro humilde juicio bastaría por sí solo, de ser público, para justificar más de una visita a la Capital del Turia.

Se trata de un antiguo hospital para sacerdotes pobres, actual residencia sacerdotal, que se remonta al siglo XVII y que conserva la celda donde, según tradición, murió el dominico San Luis Beltrán, santo —dicho sea de paso— que nos resulta particularmente simpático no desde luego por las espeluznantes penitencias, terribles asperezas y peregrinos milagros que nos narran sus biografías, sino por llevar su nombre nuestro abuelo materno, el escritor y traductor Luis Hernández Alfonso (1901-1979), nacido en Buñol, localidad valenciana de la que el santo misionero es precisamente patrono.

El edificio encierra en sus diferentes ambientes un conjunto de azulejería —muy bien conservado, por cierto— de enorme importancia tanto desde el punto de vista ornamental como bajo el perfil histórico e iconográfico. Si bien parcialmente estudiado por algunos tratadistas del barroco valenciano, el carácter privado del edificio que lo alberga ha mantenido hasta ahora semejante patrimonio artístico al margen de la atención del grueso de los estudiosos y de la contemplación del buen aficionado a las bellas artes.

Invitamos, pues, a nuestros lectores a conocer algunas de sus bellezas gracias a las espléndidas fotos de Tono Giménez Ayora (que pueden ampliarse, gracias a los recursos de Flickr, hasta límites insospechados prácticamente sin merma de la calidad de la imagen). Por nuestra parte, y gracias a la amabilidad del autor, hemos consignado algún que otro comentario explicativo a determinadas imágenes, en un work in progress colaborativo que esperamos coseche el agrado de cuantos nos honran con su lectura. Para acceder al conjunto fotográfico, pueden seguir el hipervínculo: Residencia San Luis Beltrán.

No creemos exagerar (y el lector, en su caso, nos lo confirmará) al afirmar que nos hallamos ante uno de los más completos y mejor conservados conjuntos de azulejería subsistentes en España.


Maternidad con cabra

Mayo 19, 2007

No es la primera vez que traemos a colación en nuestra bitácora los espléndidos catálogos de la madrileña casa de subastas Fernando Durán. Si los ricos pueden ojear sus páginas pensando seriamente en pujar por un cuadro del siglo XVIII, un aparador alfonsino o un mantón de Manila de finales del XIX, los que sólo atesoramos el amor a la belleza de lo antiguo encontramos en ellas gran motivo para pasar una agradable velada asistiendo a semejante heterogéneo desfile de objetos con historia.

Pero en este valle de lágrimas toda alegría ha de tener su cruz: y lo ha sido para nosotros el encontrar presentada y descrita la primorosa escultura de mármol que hermosea esta tarde nuestro austero jardín de la siguiente guisa:

Maternidad con cabra. Escultura de mármol tallada en la que se representa a una mujer semidesnuda con un niño en brazos y dando de comer a una cabra.

La descripción es, como demuestra la imagen, correcta. Lo que da pena es que el experto encargado de la ficha en cuestión en casa de tanta solera como la de Durán no haya reparado en que su peculiar Maternidad con cabra (que más bien se nos antoja pintoresco título de cuadro abstracto sesentero) representa, sin lugar alguno a dudas, a Zeus (el niño), en brazos de la ninfa (Amaltea según algunos autores) que lo acogió para proteger al infante de la furia alimentaria de su padre Cronos, con la cabra (a la que otros asignan el nombre de la ninfa) que lo amamantó y, según observamos a los pies de la ninfa, el cuerno de la abundancia, que Zeus ofreció a las ninfas del monte Ida en señal de agradecimiento. Por lo tanto, sugerimos que el grupo podría presentarse más propiamente como Zeus y Amaltea.

Cómo fácilmente comprenderá el amigo lector, lo que verdaderamente motiva nuestro pesar no es esta omisión concreta, por muy soprendente que resulte en el contexto, sino lo que la misma significa en términos de preparación cultural del personal experto en temas artísticos en España. Se cosecha ahora el fruto de decenios de abandono de la enseñanza de las Humanidades. Y aunque luego, en la Universidad, se supone que el futuro experto adquirirá todo un bagaje de saberes técnicos sobre su materia, lo cierto es que saldrá por regla general de las aulas con tan graves carencias de orden cultural que le imposibilitarán algo tan primario y esencial como identificar correctamente el asunto de una obra sometida a su estudio, cuidado o atención profesionales.

Es lo mismo que ya sucede con otra mitología: la judeocristiana, de la que rebosan nuestras iglesias y catedrales y que si ayer hablaba en sus figuras y atributos, como diría San Juan de la Cruz, «con sola su figura» al más analfabeto de los rústicos, hoy, en esta era de aparente democratización de la cultura y globalización de la información, va volviéndose cada vez más muda para el teóricamente más preparado de sus admiradores.

Si esta tendencia continúa, siguiendo el surco trazado por el experto de la Maternidad con cabra, pronto nos veremos invadidos por descripciones del tipo: Figuras masculina y femenina con niño, buey y asno, Señora rolliza abrazada a un cisne, Escena de soldados descuartizando niños o Interior con paloma revoloteando sobre figuras con pequeñas llamas en sus cabezas. Y si no, al tiempo.


14 de abril de 1931 - 14 de abril de 2007

Abril 13, 2007

(Escudo y bandera de la II República Española según diseño

del heraldista Jacques Schnieper Campos)


Regalo de Reyes

Enero 5, 2007

Los Reyes Magos rezando

Un regalo de Reyes en los dos sentidos de la expresión: es el que pretendemos hacer a todos nuestros amigos lectores dándoles la siguiente dirección, correspondiente a la página oficial de acceso a tres importantes bases documentales e iconográficas que recopilan las maravillas de los manuscritos miniados conservados en las bibliotecas de Francia: Manuscrits enluminés des bibliotèques de France. ¡Feliz visión y lectura!

 


El misterio del santo franciscano (y 2)

Diciembre 5, 2006

En relación con el anterior artículo de este título, y particularmente con la sugerencia que nuestro amigo Alejandro Álvarez nos hacía de poner en conocimiento de la casa de subastas el fruto de nuestra pequeña investigación iconográfica, hemos de decir que hace unos días recibimos una llamada telefónica de la experta en Pintura Antigua de la casa Fernando Durán, la cual testimonió muy amablemente su aprecio y gratitud por nuestra aportación a la identificación del santo titular de tan magnífica tabla. También nos expresó su hipótesis de que el texto en letras góticas de las filacterias se repintara en época bastante más tardía, incluso en el XIX, hipótesis que no nos atrevemos del todo a corroborar, ya que no explicaría satisfactoriamente las dificultades de lectura de determinadas partes del texto. En cuanto a la procedencia geográfica del cuadro, nos inclinaríamos, inducidos a ello por la presencia de textos castellanos en todas las filacterias, más bien por la actual región aragonesa que por las comarcas del Principado de Cataluña que estaban sujetas a la Corona de Aragón, y en las que las inscripciones, de no ir en latín, suelen emplear la lengua autóctona. Con todo, los textos aún pendientes de descifrar siguen planteándonos un reto apasionante.

Vaya desde aquí nuestro aprecio a la eficiente y culta responsable de Pintura Antigua (cuyo nombre sentimos no haber retenido) de tan prestigiosa casa.


El misterio del santo franciscano (1)

Noviembre 2, 2006

En el mismo catálogo de Fernando Durán del que tomábamos la bonita acuarela titulada Mujer frente a ventana, figura una hermosa tabla de grandes dimensiones (198 x 138), adscrita por los técnicos a la escuela catalano-aragonesa del siglo XIV y por ellos titulada Santo franciscano con Santa Catalina de Alejandría y San Andrés.

Santo franciscano

Efectivamente, en primer término vemos a un santo vestido con el hábito franciscano, titular principal del cuadro por su posición central y su dimensión superior a la de los otros dos santos que lo flanquean, Santa Catalina de Alejandría, reconocible por los atributos de su martirio (la rueda dentada en la mano derecha y en la izquierda la espada, cuya punta hiere el ojo izquierdo del rey pagano cuya coronada testa sobresale a los pies de la santa), y San Andrés, con su característica cruz de aspa en la diestra y en la otra mano el libro de los Evangelios. Entre este santo y el titular principal se encuentra el comitente de la obra, un terciario franciscano, representado en tamaño respetuosamente más pequeño y en actitud de oración ante el santo hermano de hábito. En la franja superior figuran tres escenas, respectivamente, de izquierda a derecha: un episodio de la vida del santo titular, Jesús crucificado entre la Virgen María y San Juan Evangelista y la Piedad sobre el fondo del sepulcro y de la cruz con los instrumentos de la Pasión.

Ahora bien, ver el cuadro y preguntarnos qué santo es el titular principal de la tabla, genéricamente despachado por los técnicos como “santo franciscano”, fue instantáneo. Para ello se nos abrían tres vías complementarias. La primera consistía en analizar los atributos que luce la figura:

Atributos del Santo

Evidentemente, nos hallamos ante un fraile (tonsura) franciscano (hábito) canonizado (aureola) que sostiene un libro en la mano izquierda, lo cual indica su carácter de teólogo o, por lo menos, de escritor sacro. En la curiosa mándorla o almendra de la izquierda un Niño Jesús desnudo y en actitud benedicente parece indicar una particular devoción o vivencia del Santo referente a la infancia de Cristo.

Pero el cuadro en cuestión nos ofrece también un segundo elemento que no siempre se da en este tipo de pintura: nos referimos a las cuatro filacterias o cintas con inscripciones que contiene, dos de ellas situadas a ambos lados del santo titular y las otras dos en el episodio de la parte superior izquierda. Examinemos en primer lugar la que sostiene el Santo en la mano derecha:

Llamé y vino a m�

Luego de prolongado examen, encontramos que el texto español en letras góticas de la filacteria reza: “Llamé e vino a mí el spíri=tu de la sabiduría”. Nos bastó consultar nuestro viejo Thesaurus Biblicus de Felipe Pablo Merz (en su edición veneciana de 1790, venerable reliquia que merecerá seguramente un día de estos un artículo entero) bajo las voces “Spiritus” y “Sapientia” para identificar el pasaje bíblico en cuestión. Está tomado del Libro de la Sabiduría (7, 7). Su texto latino en la traducción de la Vulgata es el siguiente: “Invocavi, et veni in me spiritus sapientiae”. Se trata manifiestamente de un texto que viene a abonar y reforzar lo que ya nos decía el libro sostenido en la otra mano: el Santo en cuestión se dedicó al estudio de la teología como ciencia que constituye, según el ideario cristiano clásico, el más elevado de los saberes. Una breve investigación nos confirmó que este mismo versículo, generalmente en la versión latina que queda apuntada, acompaña, en inscripciones y filacterias análogas a la que nos ocupa, a santos teólogos o doctores de la Iglesia, como el dominico Santo Tomás de Aquino en los frescos del convento florentino de Santa Maria Novella (descritos por el genial Ruskin en la quinta de sus Mornings in Florence). Ello nos llevó a pensar en un principio en el gran teólogo del primer franciscanismo, San Buenaventura de Bagnoregio, en una de cuyas Collationes de septem donis Spiritus Sancti se cita precisamente dicho versículo bíblico a propósito del don de la sabiduría.

Recurrimos a la segunda filacteria de la figura principal, la que sube desde el rostro del comitente-orante hasta la mano izquierda del Santo:

Aquél que por amor

Aquí hemos de confesar nuestra incapacidad de descifrar por entero lo que podría ser (lo aventuramos con todas las reservas del caso) un pareado expresado por el orante en honor del Santo. Distinguimos sólo lo siguiente: “Aquel q[ue] por amor… te ruega / por mi … intercession…”. Mucho agradeceremos que algún lector más avisado y avezado a la letra gótica complete y en su caso corrija nuestra lectura.

Decíamos que contábamos con una tercera vía de penetración en el significado del cuadro, en nuestro caso en la identificación del titular. Como enseñó el recientemente desaparecido maestro Julián Gállego en su imprescindible obra El cuadro dentro del cuadro, en este tipo de pintura una o varias escenas en segundo plano (auténticos cuadros dentro del cuadro principal) contienen a menudo la clave que permite descifrar el sujeto principal. En la pintura que nos ocupa, se trata claramente de un episodio de la vida del mismo santo representado en el centro de la tabla:

Milagro de la mula

Vemos a éste en un púlpito, sosteniendo la forma eucarística con la mano izquierda al tiempo que con la derecha exhíbe una filacteria, al extremo opuesto de la cual figura una bestia de carga arrodillada ante un pesebre de piedra finamente labrado. Rodea a ambos una apretada y abigarrada muchedumbre en actitud orante (mujeres a la derecha, hombres a la izquierda). Desde el cielo, el santo fundador Francisco de Asís, reconocible por sus estigmas, se dirige al Santo con palabras contenidas en su correspondiente filacteria:

La bendición del Señor

Con bastante facilidad se lee en ella: “La bendición d[e]l Señor sob=re la cabeça d[e]l justo”. Se trata de otra cita de un libro sapiencial del Antiguo Testamento, concretamente del de los Proverbios, que en el latín de la Vulgata reza: “Benedictio Domini super caput justi” (10, 6). Veamos ahora el contenido de la última filacteria, la que se supone contiene palabras del Santo dirigidas al humilde animal postrado a sus pies:

Pues que adoraste

Interpretamos este texto de la siguiente manera: “Pues q[ue] adoraste tu tamb=ie[n], recibe tu refecion”. La escena se va aclarando con este último dato: el animal está adorando, al igual que los asistentes, la Eucaristía. Ahora sólo nos queda buscar, en la vida de un santo franciscano de la primera época de dicha orden un milagro eucarístico que responda a estas características.

Y lo hallamos en la vida de San Antonio de Padua, o más bien en una tradición recogida por una fuente según la cual, en una ciudad en la que moraba gran número de herejes que no creían en la presencia de Cristo en la Hostia consagrada -parece ser que, de tener base histórica el relato, pudo tratarse de Rímini, pese a que tradicionalmente se sitúa el milagro en Toulouse-, el jefe de filas de los herejes desafió al Santo retándole a hacer que su acémila, tras un ayuno de tres días, acudiera a adorar al Señor de todo lo creado en vez de precipitarse a comer el forraje. Y cuenta la leyenda que el animal, en efecto, se inclinó reverente ante la Eucaristía que el Santo le mostraba, en vez de alimentarse. Curiosamente, la versión española que de este milagro hemos consultado en fuente tan documentada como es la página de la propia basílica de San Antonio en Padua, trae sólo la exhortación del fraile al animal, y no su posterior invitación a alimentarse tras adorar a su Señor. Se trata de un rasgo humano muy simpático y que sitúa a su protagonista en la tradición de amor a los animales de su propio fundador, San Francisco de Asís.

Con ello podemos concluir que la tabla subastada en fechas recientes en Madrid representa en realidad a San Antonio de Padua con Santa Catalina de Alejandría y San Andrés. Lo confirma, además de la escena recién descrita, ante todo el atributo del libro (que además de la Sagrada Escritura es símbolo del magisterio ejercido por el “Doctor evangélico” con su predicación, principalmente a través de sus Sermones), reforzado por el don de la sabiduría atestiguado por la primera filacteria. Curiosamente, en las más antiguas representaciones del Santo, éste suele aparecer casi siempre acompañado de dicho libro:

Según el estudioso capuchino Lázaro Iriarte, en su interesante estudio El otro San Antonio de Padua, sólo a partir del siglo XV, en época por lo tanto posterior a la tabla que examinamos, predominará en su iconografía el lirio de la virginidad y, desde el Renacimiento, el Niño Jesús encima del libro o en brazos del Santo que ha determinado su iconografía más célebre y extensa, como en la siguiente escultura de Manuel Pereira, llena de gracia y elegancia, que corona la fachada del madrileño templo de San Antonio de los Portugueses (más tarde de los Alemanes):

Tal vez precisamente la falta del lirio y la poco común alusión figurativa al Niño Jesús hayan inducido a los técnicos de la afamada casa de subastas a asignar a un anónimo santo franciscano lo que constituye a todas luces un interesante testimonio español de la primitiva iconografía de uno de los personajes más venerados y reproducidos (¿qué vendrá antes?) que pueblan el santoral católico.


Alegoría de la pobreza

Septiembre 6, 2006

(Giotto, Las bodas de San Francisco con la Pobreza, Basílica de Asís, Iglesia inferior, detalle)

Representa el pintor a la Pobreza “que va con los pies descalzos pisando espinas, con un perro que le ladra y rodeada por un niño que le tira piedras y otro que con un palo le va acercando algunas espinas a las piernas” (Giorgio Vasari, Vita di Giotto, cit. por Giosue Carducci, Cino da Pistoia ed altri rimatori del secolo XIV, en Opere di Giosue Carducci. Cavalleria e Umanesimo, Nicola Zanichelli, Bolonia 1909, pág. 190).