Octubre de 2008

Octubre 1, 2008

Tras el Eresma en calendarios anteriores, nuestra buena amiga Blanca Gallego nos regala ahora con esta preciosa vista de otro famoso río castellano: el Adaja, en cuyas riberas ya lucen algunos árboles sus galas otoñales. ¡Feliz mes de octubre!


Antes y Después - Heterodoxos e iconoclastas

Septiembre 16, 2008

Artículo del profesor Dario Seglie, oficial de enlace del IFRAO-UNESCO, director del Centro de Estudios y Museo de Arte Prehistórico de Pinerolo (Italia) y catedrático de Museografía en la Universidad Politécnica de Turín (traducción nuestra del original italiano).

Norte / Sur – Este / Oeste; <i>The New Melting Pot</i>, el nuevo Crisol.

«ANTES» Y «DESPUÉS»: Norte / Sur – Este / Oeste; «The New Melting Pot», el nuevo Crisol.

Antes y Después

El presente no existe; lo que siempre existe es un pasado que se hace cada vez más profundo y un futuro que avanza inexorable. De ahí que el paradigma de Marx «conocer el pasado para interpretar el presente y para proyectar el futuro» no sea válido, o que, por lo menos, sólo lo sea parcialmente, en unos dos tercios como máximo. Pasado y futuro se tocan, son contiguos y están en proceso de continua transformación. «Panta rei» (del griego παντα ρει, «todo fluye, todo cambia)»: ya lo había teorizado Heráclito hace dos mil quinientos años. Dicha expresión se encuentra en un fragmento de su tratado Sobre la Naturaleza: «No es posible nadar dos veces en el mismo río, ni puede tocarse dos veces una sustancia mortal en el mismo estado…».

En este fragmento, Heráclito subraya que el hombre no puede repetir jamás una misma experiencia dos veces, ya que toda persona está sometida a la ley inexorable del tiempo. Y de esta consideración indiscutible de inexorabilidad es preciso partir para reflexionar acerca del Antes y del Después.

La cultura forma parte del Antes; mejor dicho, es la sustancia única, la herencia suprabiológica que nos distingue de los demás reinos linneanos de la Naturaleza: con toda seguridad del mineral, casi ciertamente del vegetal y, tal vez —digámoslo con epistemológica cautela— del animal.

Sin cultura no se habría formado nuestra sociedad, con sus agregados humanos desde la familia mononuclear hasta las asambleas parlamentarias. Lógicamente, desde la remotísima Prehistoria hasta hoy, muchos han sido los modelos que se han sucedido, en el tiempo y en el espacio, desde Pinerolo (Italia) a Salta (Argentina), desde los Alpes europeos hasta los neozelandeses, desde el pueblecito italiano de Macello hasta la localidad de Mapora en Tanzania. ¿En qué medida difieren y en cuál se asemejan todos sus rasgos culturales, su estructura, su vitalidad y capacidad de supervivencia, de cambio?

Las culturas cambian, poseen la capacidad intrínseca de reelaborar rasgos tomados de otras culturas, de mestizarse, de producir un fenómeno que tiene ya alcance mundial.

El Después, es decir nuestro futuro planetario, global y mundializado, se va tejiendo con una nueva tela formada por el cruce —como trama y urdimbre del telar de la nueva historia— de lenguas, culturas, pueblos e individuos; incluso con la creación del más novedoso de sus rasgos: la imprevisibilidad de lo que puede crearse de resultas de los encuentros entre diversidades.

Existen en el mundo ejemplos antiguos de esa creatividad: el gran crisol latinoamericano, la antiquísima —y tal vez modernísima— estructura de castas en la India; pero no, desde luego, los melting pot fracasados del colonialismo y del neocolonialismo, particularmente los de corte anglosajón.

La historia de nuestra especie, el Homo Sapiens Sapiens («Hombre Sapientísimo», como con imprudente bondad quiso clasificarnos el gran Linneo), se halla ante una coyuntura crucial sin precedentes en los millones de años del Antes: procuremos con todas nuestras pobres fuerzas intelectuales ser tan sabios como para proyectar un Después para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos, una vez comprobado ya que el Presente no existe.

Dario Seglie
Septiembre de 2008


La boina bajo la peluca

Septiembre 12, 2008

¡Ver correr las fuentes de La Granja! Era uno de nuestros más vivos deseos desde cuando éramos pequeños. Sí; habíamos paseado en varias ocasiones —no tantas como hubiéramos querido— por las frondosas avenidas y los deliciosos parterres y glorietas del Real Sitio, admirando a cada paso las creaciones de unos artistas que, regiamente impulsados, supieron hacer de tan hermoso lugar el Versalles español, superior en más de un concepto y traza al original. Pero las fuentes permanecían secas, limitadas a ofrecernos, junto con el encanto de sus formas caprichosas y bizarras, un mudo tratado de mitología.

¡Ver correr las fuentes! Viejas guías y narraciones decimonónicas nos sugerían un espectáculo selecto y refinado, en consonancia con la doble majestad del pintoresco lugar y de sus fundadores. Una experiencia concebida para espíritus ilustrados, como ilustrados fueron quienes concibieron, trazaron y materializaron, en tan silvestre y pronunciado declive, esa fabulosa red de fuentes, calles arboladas, plazoletas, estatuas, glorietas y perspectivas que deleita a la mirada y admira al entendimiento.

Por fin este año logramos, el día 25 de agosto, fiesta de San Luis Rey de Francia, cumplir el anhelo tan largamente abrigado. Pero ya entrando por la mañana a la población por su hermosa puerta neoclasicista de arco de medio punto, se nos cayó, como suele decirse con felicísima expresión, el alma a los pies: la población crecida alrededor del Real Sitio y al servicio de éste celebra sus fiestas precisamente ese día. Y uno pensaría —a fuer de soñador impenitente— que sólo con iniciativas de carácter auténticamente cívico e ilustrado podía una localidad tan hermanada con la más gentil y aristocrática de las bellezas celebrar a su santo patrono: fiestas del árbol, concursos de coros y orfeones, juegos florales, certámenes de decoración de balcones, et cœtera

¡Cuán equivocados estábamos! Los restos de unas talanqueras ya desmontadas a los lados de la calle y una multitud de gañanes beodos y semidesnudos, tirados por las aceras unos, en precario equilibrio otros, revelaba bien a las claras que horas antes allí se habían corrido toros, vaquillas o cualquier otro pobre espécimen de bóvido con cuyo sufrimiento sigue este desdichadísimo país celebrando en casi todas sus latitudes sus detestables fiestas locales. Cierto espíritu burlón que siempre nos acompaña nos dijo al oído algo así: «¡Buena es ésta! ¿Acaso te creías que por ser este lugar lo que antaño fue ibas a ver por sus calles en fiestas marquesas con tontillo y abates de níveas pelucas? ¡Esto es Segovia, es decir Castilla, es decir España! ¿Fiestas del árbol? Desde que murió el benéfico e incomprendido Arturo Soria, ¿quién las celebra ya? ¿Orfeones y juegos florales? ¡Bah! Quizá todavía se celebren en algún pueblo de la mucho más civilizada Cataluña… Deséngañate: aquí, con poquísimas y muy loables excepciones, no sabemos celebrar a los ídolos de la tribu sin su anual sacrificio de sangre. La necedad de los españoles transforma, según los casos y es de suponer que malgré soi, una dulcísima Inmaculada en una cruel Kali, y de un seráfico San Francisco hace un Moloc sanguinario». «Sangre y alcohol, con su cortejo de vómitos y excrementos —concluyó lapidariamente nuestro geniecillo—, constituyen el mágico cóctel con el que casi todos los pueblos de España celebran sus fiestas».

Llegada la tarde, y con ella la hora de asistir al deseado espectáculo de ver correr las fuentes, no pudimos dejar de dar razón a nuestro certero apuntador. A punto de hacer correr la fuente de Neptuno, y bajo la atónita mirada del Dios de los Mares (¡que ojalá hubiera podido utilizar su tridente!), hordas de mozos y mozas, dormida ya la anterior resaca y trasegando ya materia prima para la próxima, semivestidos con indescriptibles atuendos, vociferantes y soeces, se empujaban unos a otros y caían al estanque de la fuente entre el general jolgorio y la nula intervención de guardas y vigilantes del Patrimonio Nacional, que se habían limitado a colgar unos inútiles carteles advirtiendo del peligro que entraña arrojarse a las fuentes. ¡Hasta algunos grupos de divertidos espectadores locales —y no desde luego jóvenes— invitaban a semejante peña a tirar al agua a los propios guardas! Todo ello nos pareció un auténtico dislate y una profanación. ¿Cómo puede un organismo como el Patrimonio Nacional permitir semejante vandalismo? ¿Acaso piensa el Ayuntamiento de la localidad que el Real Sitio es patrimonio suyo y que puede arrasarlo impunemente para celebrar sus fiestas, cuando precisamente fue aquélla la que nació al amparo y al servicio de éste? ¡Si Felipe V e Isabel de Farnesio volvieran a levantar sus coronadas testas!

Huelga decir que, al señalarse que se correría la próxima fuente, toda la horda se dirigió allí para repetir en ella —suponemos— tan penoso espectáculo. Y decimos «suponemos» porque, defraudados y desasosegados, desechamos para siempre jamás nuestro deseo de ver correr las demás fuentes y abandonamos rápidamente los jardines, que a saber en qué estado quedarían tras semejante invasión festiva.

Y mientras bajábamos hacia el coche que nos llevaría a nuestro recoleto refugio estival en la sierra madrileña no dejábamos de pensar en que España no tiene remedio, y que ni siquiera en uno de sus lugares más hermoseados por la Naturaleza y por el hombre a porfía, en uno de sus rincones en que más brilla un espíritu ilustrado y cívico, deja de aflorar —¡y de qué manera!— la boina atávica, racial y consustancial. Incluso bajo la empolvada peluca de un Real Sitio de ensueño.


Septiembre de 2008

Septiembre 1, 2008

La ermita de Sacedón de la localidad vallisoletana de Pedrajas de San Esteban parece ya presagiar, bajo ese cielo amenazador, los últimos coletazos del verano y los primeros fríos otoñales.

Gracias una vez más a Blanca Gallego por esta nueva imagen y por su continua amabilidad.


Agosto de 2008

Agosto 2, 2008

Una imagen más del río Eresma, con un pequeño y hermoso edificio de carácter industrial a su orilla, de cuando aún no estaban reñidas utilidad y estética. Foto y calendario que, como siempre, debemos a la amabilidad de su autora, Blanca Gallego.


Julio de 2008

Julio 1, 2008

El r�o Eresma

El río Eresma, a su paso por tierras pinariegas. Foto y calendario cortesía, como ya es tradición aquí, de Blanca Gallego. ¡Gracias!


La Biblioteca Digital del Botánico de Madrid

Junio 9, 2008

Quercus morisii

La traducción de un texto de botánica que nos ha sido recientemente encomendada ha vuelto a despertar nuestro interés por tan apasionante disciplina científica, vivo desde que hace unos veinte años desempeñamos funciones de coordinación y administración en una asociación profesional vinculada a la horticultura ornamental.

Y he aquí que al buscar información sobre algunos términos recurrentes en la descripción de especies y variedades nos hemos topado con una maravilla en la Red: la Biblioteca Digital del Real Jardín Botánico de Madrid, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la que es posible acceder sin restricción alguna a casi un millón de páginas de unas mil quinientas publicaciones de interés botánico antiguas o de difícil localización y consulta. Se trata de una biblioteca que incorpora continuamente nuevos contenidos, a los que se puede acceder por autores o títulos, y que incluye también 164 publicaciones periódicas entre las más buscadas y prestigiosas en campo botánico.


Mayo de 2008

Mayo 24, 2008

Mayo de 2008

Nuestros lectores, y entre ellos, ante todo, Blanca Gallego, a cuyo talento fotográfico y a cuya amabilidad debemos este regalo mensual, nos perdonarán si este mes, por razones graves que los más allegados conocen, nos hemos retrasado involuntariamente en nuestra entrega, cuando ya el mes de mayo, por lo menos en estas latitudes del centro de la Península, aún no ha llegado climáticamente hablando, aun cuando cronológicamente ya haya entrado en su fase final.

Colores se subtitula, acertadamente, la foto escogida por Blanca para ilustrar este mes, en justa continuidad de díptico con la que encabezó el pasado mes de abril. ¡Gracias una vez más, amiga!


Abril

Abril 3, 2008

Colores (Abril 2008)

Titulada Colores, la foto con la que nuestra amiga Blanca Gallego ha querido distinguir este esplendoroso mes de abril, republicano y primaveral por estas latitudes, nos ha traído a la memoria, por una asociación sonoro-visual, la antigua canción de excursión: «De colores, de colores se visten los campos en la primavera…».

¡Gracias también por este recuerdo, Blanca!


La perfección de las cosas

Febrero 27, 2008

Ya hemos tenido ocasión de citar en esta bitácora la prestigiosa revista valenciana «Estudios», de inspiración anarquista y naturista, a propósito de los tres artículos que en ella publicara en 1936 nuestro abuelo materno, el periodista, escritor y traductor Luis Hernández Alfonso.

La editorial Faximil ha tenido la espléndida iniciativa de poner al alcance de todos, en soporte digital, la colección completa de tan benemérita publicación entre los años 1928 y 1937, que puede adquirirse en la Librería de El Sueño Igualitario. Espléndidamente decorada por Renau (artista actualmente objeto, por cierto, de una completa exposición en el madrileño Cuartel del Conde-Duque) y Monleón, en sus páginas colaboró lo más granado y moderno del pensamiento higienista y humanista de la época alrededor de figuras como Abad de Santillán, Roberto Remartínez, Félix Martí o el médico rural Isaac Puente, inteligente e incansable divulgador de los preceptos sanitarios más avanzados, fusilado por los sublevados a poco de iniciarse la Guerra.

Excusado decir el interés con que estamos ojeando sus páginas y encontrando en cada número varios motivos de interés. En una de sus amenas Gacetillas, que llevan la firma de «Julio Barco» (el granadino Antonio García Birlán), correspondiente al número 67 (marzo de 1929), hemos encontrado, por ejemplo, una cita de Fray Luis de León que no conocíamos y que nos ha sorprendido gratamente:

Consiste la perfección de las cosas en que cada uno de nosotros sea un mundo perfecto, para que por esta manera, estando todos en mí y yo en todos los otros, y teniendo yo su ser de todos ellos y todos y cada uno de ellos el ser mío, se abrace y eslabone toda aquesta máquina del universo y se reduzca a unidad la muchedumbre de sus diferencias, y quedando no mezcladas se mezclen, y permaneciendo muchas no lo sean; y para que extendiéndose y como desplegándose delante los ojos la variedad y diversidad, venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo.

Habrá que pensar que, incluso fuera de la mística contemporánea propiamente dicha, unitiva por definición y necesidad, había en aquella Castilla, en el corazón y en la mente de maestros preclaros como Fray Luis, un barrunto siquiera de la realidad que doctrinas orientales como el budismo y el taoísmo ponen en el centro de su sistema de creencias.